Consistorio: ser creíble, no neutral y llevar la alegría del anuncio

Emanuela Campanile - Ciudad del Vaticano

Ser testimonio creíble, incluso hasta el martirio para preservar la fe, es el testimonio de Sigitas Tamkevičius, arzobispo emérito de Kaunas, Lituania. Tiene ochenta años, con ojos claros, vitales y muy dulces que no corresponden a la mirada fija y sin rostro de las cámaras.

Consistorio: las voces, la emoción, el compromiso de los cardenales designados

Responde con calma a los periodistas que lo asedian y le hacen preguntas. El 5 de octubre, junto con otros 12 obispos, será creado cardenal por el Papa Francisco. Monseñor Tamkevičius es uno de esos sacerdotes que, durante los 50 años del régimen soviético, pasó 10 años en Siberia, en trabajos forzados: "En estos 50 años hemos recorrido el Vía Crucis, muchos lituanos han ido a la cárcel. Lo dice con un tono tranquilo, sin odio, dándole tiempo al traductor para hacer su trabajo. La voz del futuro purpurado no asusta, sino que anima: "Estoy de acuerdo con el Papa Francisco -dice-, hoy la dimensión del martirio es muy importante. Si un creyente no está dispuesto a sufrir por su propia fe, entonces es un creyente muy débil".

También se habla de política, de retos y de roles actuales como el de Europa que, según el arzobispo de Luxemburgo, Jean-Claude Höllerich, "por muy lejos que esté de ser perfecta", si no hubiera "paz en el mundo, estaría más amenazada". El jesuita, desde 2018 presidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece), reflexiona sobre la democracia mientras los micrófonos de los periódicos internacionales que llegan hasta el Japón, y las luces de las cámaras lo asedian y casi lo ciegan: "Debemos salvaguardar la democracia. Los hombres y mujeres de la política están verdaderamente al servicio del pueblo, y que la gente lo siente, de lo contrario el populismo volverá. También debemos hacer el bien para salvaguardar la democracia y la libertad".

Responde al cuestionamiento sobre el problema de los católicos en la política y el hecho de que no se sientan representados: "Europa, a veces, es tan neutral con respecto a la religión, que esta mentalidad se convierte en sí misma en una ideología contra la religión".

Al otro lado de la Oficina de Prensa se encuentra el portugués José Tolentino Calaça de Mendonça, archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana durante poco más de un año. No se cansa de decirlo y lo repite en español, portugués, inglés e italiano: su forma de ser es "aprender con los demás, juntos". Para él, teólogo y poeta, "lo más importante que hace el Papa Francisco es dar testimonio de la alegría de creer, de ser cristiano, de la alegría del Evangelio, de la santidad en un camino junto a la humanidad", sobre todo junto a aquel "sin voz".

El testimonio de África viene con Fridolin Ambongo Besungu, Capuchino, Arzobispo de Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. Vivió su nombramiento como cardenal "como un reconocimiento" y una invitación a "seguir dando esperanza" y dignidad al pueblo africano. Cuenta su sorpresa y su alegría por la púrpura que le confió el Papa Francisco. Gran euforia entre los fieles que esperaban noticias para la sede de Kinshasa, que estaba vacante de cardenal porque el anterior, el cardenal Laurent Monsengwo, había puesto el puesto el encargo en manos del Papa, pues había alcanzado el límite de edad.

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