La injusticia es siempre una amenaza para todos


Si algún juez me lee, no se imagina el respeto que tengo por su trabajo. Durante el alumerzo, he estado viendo parte del 5º episodio del documental titulado O.J. Simpson, made in America. Un documental de cinco horas de duración dedicado al juicio de este famoso deportista. Quizá los más jóvenes no sepáis nada de él, pero fue uno de los más famosos de Estados Unidos en los años 80.
¡Cinco horas de documental! para contar, esencialmente, un juicio. Pero os aseguro que, conforme avanzaban los capítulos, me metía más y más en la historia. Este, sin duda, es el documental estrella de los que he visto este año. Sencillamente, impresionante: muy profundo, totalmente neutral.
Ya sabéis la cantidad de posts que he dedicado a la Justicia. Sabéis lo que amo la capacidad que tiene una república de hombres libres para realizar esa cosa inmaterial que es la Justicia. Pues bien, el juicio de Simpson es un ejemplo perfecto para explicar lo que es la prostitución de la Justicia durante nueve largos meses de proceso. Ese juicio nos muestra cómo algo tan noble, tan grandioso, algo de lo que sentirnos orgullosos, puede ser mancillado ante los ojos de todos los ciudadanos libres.
Lo que falló, realmente, no es el juicio, sino el sistema. Los juicios con jurado, allí está el problema. Esa vieja e inútil institución del jurado es el gran obstáculo para hacer justicia.
Todos los que tenemos cierta edad nos acordamos de aquella aberración de sentencia que produjo el juicio por una paliza a Rodney King. Esa sentencia infame tuvo lugar en 1992. Me acuerdo perfectamente, yo era tan joven.
En 1995 tuvo lugar la inadmisible sentencia de inocencia de O. J. Simpson. Todo sigue igual desde entonces. Dos casos famosos. ¿Cuántos miles habrá que no salen en la televisión?
La Justicia es un asunto de todos que repercute sobre todos. Todos nos sentimos interpelados ante un culpable que es declarado inocente a pesar de todas las pruebas. Todos nos sentimos involucrados ante un inocente que es declarado culpable injustamente.
La institución del jurado es la parte aleatoria del sistema judicial. No importa cuántas sean las pruebas: al final, siempre se echan los dados a la vista de todos, en medio del tribunal. El jurado es la parte más manipulable, más injusta, de todo el sistema.
La subjetividad de un jurado no se arregla con parches de leyes o de procedimientos forenses. Es el jurado el problema.
Pero, para una sociedad enferma, el jurado es perfecto. Da la posibilidad de hacer circo. Porque los abogados y los fiscales se ven obligados a enfocar sus intervenciones de otra manera: el circo. Por eso, auguro un éxito cada vez mayor a esa institución en nuestra nación. 

Éxito solo por algún timepo, hasta que, algún día, Podemos proponga directamente los juicios populares. Reunidos en la plaza podemos acabar con las largas listas de espera en los juzgados. Los partidos de extrema izquierda siempre han sentido un gran frenesí ante la imagen de una plaza llena de gente donde el Pueblo, sano y fuerte, honesto, juzgue a los enemigos del bien común.
Si eso vuelve a suceder, exijo que haya unas cuantas mujeres tricotando y comentando la escena. Para un alma de cineasta como yo, esas mujeres son, sencillamente, imprescindibles: con su cofia blanca, con sus comentarios sarcásticos y sus medias risitas de hiena.
Pero esto ya es imposible. ¡Hasta esto es imposible! Ahora serían jóvenes tatuadas, con maquillaje siniestro, que no dejan de enviar whatsapps. Hasta en eso hemos descendido. Respecto a la futura represión, prefiero la vieja escuela.
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