La Virgen María y su presencia en los exorcismos 

El ritual de los exorcismos establece que a ser posible, se realice en un oratorio o en otro lugar oportuno, alejado de la multitud, donde esté presente, de manera relevante, la imagen del Crucificado y la imagen de la Virgen María. 

En un exorcismo, el diablo, molesto más de lo usual, me dijo: “¡A la que está allí (mirando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que tengo en la capilla) ya no puedo soportarla más; y también a ti, prete (expresión italiana de desprecio en lugar de sacerdote), no te aguanto más!” 

Reaccioné diciendo: “Tienes que vértelas con Él (señalando el tabernáculo); yo hago lo que Jesús me pide”. Y el demonio reaccionó diciéndome: “tú, prete, no entiendes nada; a ti no te soporto, porque tú eres la Iglesia!”.  

Siguió un lamento del diablo: “prete, tarde o temprano llega la Iglesia y yo no puedo nada contra la Iglesia”. 

En algunos casos comienzo el exorcismo leyendo las palabras que le dijo Nuestra Señora de Guadalupe a san Juan Diego: “¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aún tienes necesidad de cosa otra alguna? Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe”.  

En los dos hechos se ve la fuerte conexión de la presencia de la Virgen María con la Iglesia Católica. Los exorcistas llevamos a cabo un ministerio que involucra una fuerte conexión con la Iglesia, exorcizamos por el mandato explícito del Obispo y de ahí también la importancia de nuestra relación con nuestro Obispo. 

El autor es exorcista de la diócesis de Padua, Italia

Lee: ¿Qué necesito para poder comulgar?


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