De ceremonias y cardenales


Si hay algo que me asombra de las ceremonias vaticanas es la sencillez de la ceremonia de la entrega de la birreta cardenalicia. Más austeridad resulta imposible. Hasta la bendición de una abadesa del Amazonas tiene más pompa que ese ritual.
Pobres cardenales, si descendieran un paso más abajo en el camino de la austeridad, la birreta se entregaría por paquetería, acompañado por uno de esos horribles papeles coloridos con una bendición apostólica con la cúpula de san Pedro a colorines en la parte superior.
Con el gusto estragado de algunos, tal vez hasta pensarían que sería un signo de inculturación que Amazon la entregara con un dron: Excelencia, disculpe, la birreta está ya en el jardín.
Sea dicho de paso, si en la Iglesia existieran los gulags, el diseñador de las bendiciones apostólicas debería ser enviado a uno de ellos, a picar piedras con una maza en una cantera y aplicándole torturas de forma regular.
Ayer me di cuenta de que, entre todas mis fantasías litúrgicas, había dejado desprovistos a los pobres cardenales de una ceremonia comme il faut. Cierto que en Torres Góticas describía una ceremonia de este tipo. Ese ritual fue el primero que se me ocurrió en este género forteniano de ciencia-ficción catalogado como “sugerencias de cambios litúrgicos”. Qué lejos estaba yo de pensar, hace diez años, que ese género se convertiría en un vicio.
Cuando un clérigo es muy creativo litúrgicamente, siempre se corre el riesgo de que se ponga a inventar cosas en la misa. Pero, en mi caso, no hay peligro. La misa la celebro según las rúbricas. Mas para mis fantasías rituales necesito el Vaticano y a los cardenales, elementos de los que no dispongo. Así que no hay peligro, me faltan materiales. Salvo que el Palmar de Troya me contrate, estamos a salvo.
Así que mañana os describiré cómo pienso que sería una bonita y “modesta” ceremonia de entrega de las birretas cardenalicias. Claro que reconozco que lo primero que hay que hacer es cambiar la “Misa de inicio de pontificado” por una coronación en toda regla. No tendría sentido hacer un gran ritual para los cardenales y que la ceremonia para un nuevo papa consistiera en la entrega del palio y del anillo.
Sea dicho de paso, un palio horrible el nuevo que fue inventado hace pocos años por el papa Benedicto. Lo considero el mayor error de su pontificado. Y no soy el único que lo piensa, porque, si miráis las fotos, veréis que el papa Francisco lo ha guardado en el baúl de los recuerdos.
De hecho, ese palio nuevo no era la primera opción querida por el papa Benedicto. La historia de cómo se llegó a ese palio a sus hombros papales tiene varios capítulos, en cierto modo, se parece a ese post mío titulado “Historia de mis sotanas”. Pero no seré yo aquí el que lo cuente.

Como bien sabéis mis sugerencias litúrgicas se parecen a la escena de los Hermanos Marx en la locomotora, cuando Groucho grita: ¡Más madera!
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