Angelus dominical: Lo valioso de tener una misión

AMANECE EN LA CIUDAD y se dibuja el horizonte montañoso del Valle de México: los tonos rojizos y dorados, azules y amarillos, blancos y grises, se combinan con el paisaje urbano de edificios, antenas, aviones, fábricas, casas y todo tipo de construcción; pero hay un amanecer más importante y decisivo en el corazón de cada habitante de una de las megápolis más grandes del orbe (¿megápolis o megalópolis?, no te preocupes, las dos son correctas)…

TAL VEZ NO CAEMOS en la cuenta tan fácilmente –me refiero a quienes nos come la rutina o nos devoran las preocupaciones- de lo valioso y decisivo que es tener una tarea o misión, una mística o un ideal; y aunque en ocasiones se nos olvida el motivo fundamental de nuestra acción, seguimos alentados por una inercia inconsciente pero valiosa, imperceptible pero importante, de ahí que no solo trabajamos por unos dineros ni atendemos el hogar únicamente para sobrevivir…

LA PARÁBOLA DE LA SEMILLA que crece por sí sola, sin que el sembrador se dé cuenta de cómo se va desarrollando en lo oscuro de la tierra (Mc 4, 26) me da pauta para consolidar mi esperanza: tantos hombres y mujeres, tantos niños y ancianos, tantos obreros y empresarios retoman con el amanecer su labor y responsabilidad, y sin duda la buena intención les motiva y les impulsa…

ES FEO, PERO MUY FEO que nos dejemos atrapar por el pesimismo juzgando que el vecino es un latoso (aunque lo sea, sí, pero es tu vecino), o que el clima va a estar de-la-patada (con sol o con lluvia de todos modos no estamos a gusto), o que los políticos y las marchas, o que la contaminación o el posible temblor (¡újale!, ¿sentiste el último de hace unos días?)…

QUE NADIE PIENSE que quiero ser optimista a más no poder -¡no!-, más bien quiero posicionarme siempre con mis dos pies en la tierra pero con los ojos hacia el horizonte (geográfico o humano), quiero estar muy firme en la realidad y llenar el corazón y la mente de ideales, de proyectos realizables, de planes valiosos aunque sean pequeños…

AYER MISMO COMPRÉ un trebejo novedoso con la finalidad de facilitar el trabajo cotidiano a una personita que aprecio y que me gustaría que se cansara menos en su faena doméstica, pero apenas llegue con el chunche aún empacado, empezaron las palabras de duda y descalificación: que eso ni sirve, que de dónde lo saqué, que cuánto me habrá costado, que lo que ya tiene es suficiente, que de aquí a que aprende cómo utilizarlo, ¡epa!, todo un catálogo de reproches que casi rayan en improperios…

EN CUANTO EXPLIQUÉ su funcionamiento y constató su utilidad hasta los ojos se le hicieron de plato y la boquita como dona de chocolate (las de chochos me chocan), y comenzó a deshacerse en halagos y felicitaciones; pero la anécdota no queda en que al final todo sale bien, sino que desde el principio deberíamos acostumbrarnos a esperar el bien, a construir el bien, a alentar el bien…

MUY CLARO TENGO que en el entorno jamás faltan los rufianes y lacras que se esmeran en fastidiar al prójimo, y más claro tengo –aunque cuesta muuucho trabajo- que es con el testimonio y la entrega auténtica como lograremos mejorarnos unos a otros; de ahí que será más valioso un saludo que la indiferencia, una sonrisa que la desconfianza, un buen gesto de convivencia que una mínima señal de agresividad…

ESTACIONÉ MI AUTO y bajé dispuesto a una sencilla diligencia, pero el franelero no tardó en abordarme y –cortésmente- me dijo: “Lo molesto, jefecito, con cuarenta pesitos”; yo tuve que contenerme y le pregunté serio y con firmeza, tendiéndole la mano para saludarlo y buscando sus ojos: “Oye, ¿a ti te gusta que te molesten?”, y la respuesta obviamente fue: “No”; me adelanté a toda intención y le afirmé: “Pues entonces tampoco me molestes”; por supuesto que no esperaba mi reacción, y terminó disculpándose como dándose cuenta que en realidad no quería “molestar”…

EN EL HORIZONTE humano hay un sol en cada corazón y nadie pretende quedarse en las tinieblas de la noche sin más, no; con el franelero terminé por ampliar el diálogo, le pregunté su nombre y le dije el mío, hablamos del respeto y del trabajo, de su familia y su necesidad, de lo que es mi vida y lo que pretendo, de que tengo 31 años de cura y que soy feliz; me sorprendí que de él mismo nació que se acercaría próximamente a la parroquia de su colonia y no puedo asegurar que lo haya hecho, pero imagino que sí, pues todos necesitamos de la luz del Sol, pues no estamos hechos para las tinieblas…

¡AH! Y DEJA QUE te informe que la siguiente “Noche Santa” la tendremos el viernes 23 de agosto, de 19 a 23:00 hrs., en la Parroquia de Regina Coeli, Calle Bolívar, esq. Regina. Más información: 5702-2402.

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