Padres camilos en Haití: la pobreza es grande, pero es un pueblo de gran fe

Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano

El pueblo haitiano tiene una gran fe: una fe "pura, encarnada, existencial”. Lo asegura el padre Antonio Menegon, misionero en este país caribeño, al micrófono del colega de la redacción italiana Eugenio Serra. En la isla los padres camilos están presentes desde el año 1995 con diversos programas asistenciales. El P. Menegon señala entre ellos el centro de salud,“Foyer Saint Camille”, que incluye un dispensario de primeros auxilios, pediatría, ginecología, medicina general y de urgencias, maternidad y una farmacia; también un centro para la atención del cólera; un hospital general con 120 camas, y un centro nutricional para niños desnutridos.

"El corazón de la misión - testimonia el sacerdote - es el Foyer 'Belén', donde se acoge a 100 niños con discapacidades muy graves, a los que las familias son absolutamente incapaces de cuidar y mantener".

Atención a 360 grados

La educación también ocupa un lugar importante en el programa de los misioneros, y a ella dan seguimiento con la escuela “Saint Camille”, que proporciona educación primaria y secundaria a más de 500 niños, y con una escuela de formación profesional. "En este período, especialmente después del terremoto de 2010, y después de los diversos huracanes que han seguido, especialmente el huracán Matthew hace dos años, hemos construido seis aldeas, muchas casas para familias que lo han perdido todo. Esto es en la capital, en Puerto Príncipe. En Jérémie también construimos el pueblo 'Saint Camille' para 30 familias, otra escuela primaria para 120 niños; y ayudamos a muchas familias proporcionándoles alimentos, artículos de primera necesidad y medicinas. Esto es un poco como lo que hacemos hoy en Haití, Puerto Príncipe y Jérémie" narra el religioso.

Gran inestabilidad política en Haití

Tras el terremoto de 2010 la situación "ha cambiado para peor", testimonia el padre Menegon, debido a "una gran inestabilidad política". El prelado informa que tan sólo desde noviembre del año pasado, hasta hoy, han habido "tres o cuatro levantamientos, guerrillas populares, que quieren reemplazar al presidente electo hace dos años después de un año de diatribas". "Con esta inestabilidad política- explica - es un país verdaderamente a la deriva".

Los jóvenes no saben qué hacer con sus vidas

El sacerdote señala también el drama de los jóvenes haitanos, que constituyen prácticamente el 70 por ciento de la población: "no saben qué hacer con sus vidas, porque no tienen esperanzas, ni perspectivas, ni oportunidades de empleo". Así que "la gran aspiración de un haitiano es escapar de su país y llegar a las costas de Miami". "Este es el grave problema de estas pobres personas: literalmente sufren hambre y están siempre desesperadas. Porque no es un problema de pobreza, sino de miseria crónica: cuando están a punto de levantarse, sucede algo que los tira de nuevo al suelo, por lo que nunca logran planear nada para su vida presente, y mucho menos para su futuro".

La "gran fe", sin embargo, se abre paso en Haití: "ante la total desesperación y la total oscuridad - razona el sacerdote- a veces se llega a decir: 'Dios, ¿dónde estás? ¿Qué haces por nosotros?' En cambio, los haitianos "lo sienten cerca, lo llaman 'papá'". "Este es el testimonio más grande y hermoso - maravilloso - que este pueblo nos da a cada uno de nosotros". "Es la fe del abandono, de la oración de Carlos de Foucauld: «Padre mío, yo me abandono en ti». Se abandonan en Dios, en quien lo encuentran todo". 

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