Mons. Moronta habla del drama de las fronteras en Venezuela: violencia y trata

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“Cuando uno habla de los milagros, muchas veces uno piensa que son milagros que transforman la salud de alguna persona, y cuando uno ve el trabajo que está realizando el obispo de Cúcuta, los sacerdotes del lado colombiano y del lado venezolano, el esfuerzo de los laicos, uno dice que verdaderamente existe el milagro, el milagro de la presencia de un Dios que salva”.

El Obispo Moronta, que encuentra con frecuencia el Obispo de Cúcuta, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, y que asiduamente visita las casas de paso y las parroquias de las fronteras, afirma en entrevista con Vatican News que, de hecho, “están sobrepasados”, pero que si en algún sitio “se está dando, poniendo en práctica o realizando hoy el milagro de la multiplicación de los panes” es precisamente “en la frontera”, porque “no son sólo los panes de la comida”, sino “son los panes de la asistencia, los panes de la defensa de los derechos de quienes pasan allí, la atención y la acogida”.

Gran fe y entrega total

 “Ciertamente estamos sobrepasados, porque cada día hay más migrantes, y cada día los migrantes van trayendo dificultades propias de la situación que se ha creado”. “Aun cuando estamos  sobrepasados contamos con la ayuda de Dios y la ayuda de Dios se manifiesta de distintas maneras: en el entusiasmo de muchos voluntarios, de muchos laicos. En la dedicación de nuestros sacerdotes tanto del lado colombiano como del lado venezolano, y la fraternidad que pienso que ha ido creciendo entre la diócesis de Cúcuta y San Cristóbal y otras diócesis también hermanas de Colombia y de Venezuela”.

“No tenemos miedo, - asegura el Obispo – no tenemos temores de ser sobrepasados, porque estamos actuando en nombre de Dios”; “a la hora de la verdad, Él es el que está realizando la obra”.

Dificultades a causa de endurecimiento políticas migratorias

La gran fe en el amparo de Dios y la entrega total, es una característica distintiva de los obispos de las diócesis fronterizas, que trabajan unidos entre sí y junto con laicos y sacerdotes para ayudar a todos los hermanos necesitados de Venezuela. Sin embargo, cabe señalar las dificultades que el volumen de gente necesitada genera:

“Tenemos muchas dificultades porque están pasando muchas más personas que en meses anteriores. Ahora Perú, Ecuador y el mismo Chile están pidiendo documentos y visas, y eso genera muchas dificultades, porque hay mucha gente que luego tiene que quedarse en Cúcuta y en otras ciudades causando también incomodidad a la ciudadanía – en el buen sentido de la palabra – porque tienen que dormir en las calles o porque no consiguen ni buses ni aviones para llegar a su destino”.

Una situación que puede agravar la convivencia social

“Hay un promedio – continúa diciendo el también primer vicepresidente de la CEV – de unas dos mil, tres mil personas que diariamente pasan a quedarse o a continuar. Muchos de ellos van caminando, y es impresionante ver caminar a grupos de muchachos, familias, hombres, mujeres de todas las edades por las carreteras subiendo la montaña, los páramos para ver si llegan a Bogotá y luego a Quito, y luego a Lima y luego a Santiago de Chile”.

“La situación se acrecienta - lamenta el prelado - ; veo y hemos podido comprobar que algunas instancias internacionales están presentes como midiendo el flujo de personas, pero necesitamos verdaderamente que el mundo entienda que no es un episodio coyuntural, sino una situación que puede agravar la convivencia social y que nosotros tratamos que sean todas esas personas atendidas con la dignidad de hijos de Dios”.

Colectivos, grupos irregulares, paramilitares y mafia

Dos mil doscientos diecinueve kilómetros abarca la frontera entre Colombia y Venezuela. Una tierra de nadie, en cierto sentido, en donde han echado raíces a lo largo de los años grupos irregulares de la guerrilla, paramilitares y ahora también colectivos. Estos últimos, actúan no sólo en la frontera sino en toda Venezuela, “amparados y defendidos por entes gubernamentales”, tal como nos lo explica el Obispo de San Cristóbal. Su opción, de hecho, es de violencia, “para atemorizar a la gente”.  Y en los duros enfrentamientos entre estos grupos "para controlar el territorio, generan zozobra y temor en la población": es “una situación dramática, trágica e incluso hasta macabra” dice Monseñor Moronta. Macabra porque en esa “guerra entre los grupos irregulares” “muchas personas son asesinadas”, y el modo es “que los degüellan, les cortan las cabezas y luego los exponen en sitios públicos para amedrentar a las personas”.

Además, indica el Obispo, "de pronto en algunas zonas grupos irregulares imponen una especie de toques de queda, lo cual afecta la vida de todos. Ellos pretenden mandar sobre la población. Nuestras parroquias no escapan a ello, ya que deben o cambiar o suprimir celebraciones eucarísticas, encuentros de las comunidades eclesiales, o reuniones de formación”.

“Ante esta situación uno siente la indefensión, porque la Fuerza Armada Nacional, que debería estar al servicio del pueblo, está solamente al servicio de una parcialidad política y pareciera que tienen hasta miedo de enfrentar estos grupos irregulares”.

En el informe del ACNUDH faltó mucho por decir

“Nos sentimos indefensos ante el mundo. Es verdad que vino la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos y vio parte, yo diría que ni siquiera llegó al diez por ciento de lo que debía haber visto, y elaboró un informe que disgustó mucho a los entes gubernamentales, pero que podemos decir que, aunque se dijo aquí la verdad, faltó mucho por decir, y mucho por comprobar”.

El drama de la trata de personas

El obispo de San Cristóbal denuncia también la presencia de los grupos mafiosos, “que están traficando con personas”. Grupos que “tienen mucha vinculación con el narcotráfico” y que trafican “no solamente en la frontera con Venezuela y Colombia o Venezuela y Brasil”: "muchas mujeres y niñas están siendo llevadas a las islas de El Caribe”. “Engañadas” bajo promesas de un futuro mejor, son llevadas “a lo que ellos llaman paraísos turísticos sexuales”. Una situación de la que no están exentos los hombres a quienes luego “les quitan el pasaporte y los esclavizan para que trabajen en determinadas cosas”.

“La situación sigue creciendo porque estos grupos mafiosos, que tienen mucha vinculación con el narcotráfico, son producto de un endurecimiento de la cerviz de quienes en vez de pensar en el bien de la gente, piensan en su propio beneficio y desprecian la dignidad de la persona humana, y el Estado no hace nada contra ello”.

Un atisbo de esperanza

El Obispo de San Cristóbal no deja de destacar la esperanza que se abre paso gracias al trabajo de la Iglesia que “con las Cáritas parroquiales, con la pastoral social con las comunidades eclesiales de base, con su presencia sobre todo en las zonas más vulnerables” hace que la gente se sienta “no solamente acompañada sino también decidida a poner fin a todo tipo de violencia”.

“Estamos viviendo un momento duro, pero dicho en términos de la Iglesia, son momentos en que así como abunda el pecado, sobreabunda la gracia; y en estos momentos de dificultad, de problemas, sobreabunda junto con la gracia de Dios y la fuerza del Espíritu Santo que nos acompaña, la decisión de hombres y mujeres, laicos, sacerdotes que están trabajando en beneficio de los que más sufren”.

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