Esta foto la titulo “Obispos a mis espaldas”

Qué he hecho en la mañana
Hoy no os voy a castigar con otro post episcopal. Si os portáis mal, no lo descarto. Este domingo os quería compartir algunos datos interesantes (de esos que son difíciles de obtener) acerca de la demografía. Es que esta mañana he leído el artículo de César Carreras Monfort titulado Una nueva perspectiva para el estudio demográfico de la Hispania Romana. Desde que me metí en profundidad manos a la obra en mi libro sobre san Pablo, descubrí lo preciosos que son los datos concretos de población. Os comparto los siguientes datos sacados de ese artículo.
Alejandría, en época romana, contaba con 300.000 ciudadanos libres. Interesante dato para el sermón que di hace poco sobre san Cirilo de Alejandría. Este número ayuda a poner dimensiones concretas al poder de ese patriarca, ayuda a imaginar cómo podían ser sus celebraciones litúrgicas o su curia.
En Hispania había 14 ciudades principales que sumaban unas 200.000 personas. Había unas cien ciudades en total. Los estudios que hace ese autor son muy pormenorizados.
La población urbana en la etapa de mayor esplendor del imperio llegó a ser de un millón de habitantes. La población urbana de Egipto, entonces, era algo inferior a dos millones. La población urbana es más fácil de conocer que la rural, tanto arqueológicamente como por los textos, por ejemplo, de Plinio.
Hispania estaba habitada por algo más de cuatro millones de habitantes. Era similar a la población total de Egipto. Sea dicho de paso, en Britania había 62 ciudades.
Es interesante que en España, en 1820, solo el 4% de la población habitaba en ciudades; en 1920, era ya el 32%.
En el mundo romano, una gran parte de la población urbana seguía dedicándose a actividades agrícolas, como recuerda el profesor Carreras.
Otra cosa que he hecho
He leído el De profundis de Oscar Wilde. Interesante, pero un relato aburrido. También he leído a un premio Planeta, un rato. No diré su nombre, porque Madrid tiene solo cuatro millones de habitantes y no es imposible que nos encontremos. Ese galardonado es la prueba de que si los premios los otorgara a dedo la masonería a sus amigos, probablemente, el resultado sería preferible.
La misa de ayer
Vino el vicario de religiosas. Predicó sobre el martirio de las concepcionistas franciscanas en 1936. Cuando con su vozarrón y su aspecto imponente gritó en el sermón cómo el grupo de rojos clamaba: ¡Matad a las monjas! ¡Matad a las monjas!  Era tan convincente su voz que me tuve que agarrar a mi asiento atemorizado: Ya sentía cómo me introducían en una pira ardiente en mitad de la plaza. Murieron a causa de las balas.
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