Celibato ensancha el corazón y permite darse a los demás, afirma sacerdote

REDACCIÓN CENTRAL, 20 Jul. 19 (ACI Prensa).- Un sacerdote de la Arquidiócesis de Washington (Estados Unidos) explicó la importancia del celibato y respondió a los cuestionamientos más comunes de quienes buscan su abolición alegando que de ese modo se podría resolver el problema de los abusos sexuales.

El P. Carter Griffin., autor del libro “¿Por qué el celibato? Reclamando la paternidad del sacerdote”, dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– que el celibato viene desde los tiempos de Jesucristo, que también fue célibe.

“El celibato permite una cierta apertura del corazón, permite ensanchar el corazón y así facilita la capacidad de un hombre de vivir su sacerdocio y darse a sí mismo a los demás”, resaltó el sacerdote.

Por su parte, Peter Daly escribió en un artículo el 15 de julio en el National Catholic Reporter, en el que señaló que “no podemos hablar de una reforma real del sacerdocio católico si no hacemos a un lado al celibato obligatorio para los sacerdotes diocesanos en el rito latino”.

Siguiendo su explicación sobre el celibato, el P. Griffin resaltó que Cristo “realmente tuvo que hacerse disponible para todos. Si su corazón hubiese tenido alguna predilección por una esposa o unos hijos, simplemente no habría podido hacer lo que buscaba hacer”.

“Creo que ordenado para amar como sacerdote, con amor sacerdotal y con una paternidad espiritual, es una de las principales razones, sino la principal, para el celibato”.

El celibato, refirió, remite a la existencia de Dios y a otras realidades sobrenaturales, ya que recuerda a los demás que “nuestros bienes más preciados no son los placeres terrenos sino aquellos más grandes y elevados”.

Para Daly sería mejor tener sacerdotes casados y con hijos para que así puedan ser “más conscientes de la vulnerabilidad de los niños y así reaccionen con más indignación ante el abuso”.

Al respecto el P. Griffin admitió que puede haber algo de verdad en esa afirmación, pero subrayó que “hay muchas cosas que he aprendido como padre espiritual que son muy útiles para los padres naturales o biológicos que están cerca de mí”.

A los cuestionamientos que alegan que permitir sacerdotes casados incrementaría su cantidad, el P. Griffin dijo que eso no es cierto y que la crisis de vocaciones no se resolverá bajando la valla en los requisitos para el sacerdocio.

“Si lo correcto son los sacerdotes célibes, entonces busquemos la forma de construir la cultura católica como hemos hecho cada vez que este asunto ha aparecido con fuerza a lo largo de los siglos. Lo que tenemos que cambiar es lo que origina la escasez de vocaciones y no los estándares para el ingreso a los seminarios”.

Al alegato que considera que el celibato genera “represión sexual” en los sacerdotes, algo que puede terminar en abusos, el P. Griffin subrayó que “una objeción como esa solo puede surgir de una cultura que sufre ante la reiteración de la ‘revolución sexual’ que busca convencernos de que no podemos controlarnos sexualmente y que cualquier restricción es necesariamente no saludable”.

“Todos conocemos personas que no están casadas y que están muy bien balanceadas y son buenas personas. Además, la gran mayoría de sacerdotes son felices en su vocación y hacen un trabajo bueno y fiel. Así que tomar algunos ejemplos de los titulares y convertirlos en conclusiones universales no me parece correcto”, explicó el sacerdote.

El problema, precisó, no está en el celibato sino en la infidelidad al mismo o en el adulterio cuando la persona es casada.

El P. Griffin explicó luego la importancia de promover la castidad en “una cultura hipersexualizada” y que los padres “se tomen en serio la formación integral y saludable de sus hijos para que crezcan y se conviertan en hombres y mujeres santos, auténticamente cristianos que vivan castos y puros”.

“Si eso es así, si es que redoblamos nuestros esfuerzos como familias católicas, entonces la crisis de vocaciones desaparecería,”, destacó.

El P Griffin también compartió su propia experiencia como sacerdote.

“Yo planeaba casarme. Me habría encantado casarme y tener una familia, pero el Señor usó ese deseo y lo transformó. Ahora soy el hombre más feliz”, dijo.

“Creo que muchos sacerdotes pueden decir lo mismo y espero que la gente pueda –pese a todas las cosas que ahora tienen que afrontar– ver eso: que muchos sacerdote viven su vocación alegre y hermosamente”, concluyó.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA 

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