Pactos entre nuestros representantes


En España, los infelices que vean las noticias en la televisión llevan semanas con el tema de los pactos entre partidos para constituir elegir al presidente de la nación. Llevan perdiendo unos diez minutos al día en ese asunto de los pactos: declaraciones por aquí, declaraciones por allá.
Menos mal que yo empleo ese tiempo en ver documentales acerca de la apasionante vida de las morsas o la tranquila existencia de las medusas, excesivamente tranquila.
¿Y si no se ponen de acuerdo? Pues en España como en otros países se amenaza con ir a unas nuevas elecciones. Amenaza que, de tanto en tanto, se cumple.
¿Y qué pasa si en las segundas elecciones vuelve a salir un reparto de escaños parecido? Este desafortunado incidente también ocurre de vez en cuando. Normalmente, por vergüenza, los políticos hacen un pacto; pero no suele durar más allá de un año o dos. Hay países que tienen elecciones con una frecuencia preocupante.
Estos problemas ya los resolví yo en mi La decadencia de las columnas jónicas. Y me atrevería a decir que los resolví con eficacia y gallardía; por lo menos, sobre el papel. Es bonito resolver las cosas sobre el papel.
¿Y qué digo yo en ese ese ameno ensayito? (Increíblemente, lo publicó en papel Sekotia.) Pues digo que el Pueblo ya ha escogido a sus representantes: ellos les representan y ellos tienen que escoger al presidente más adecuado. El papel del Pueblo ya ha acabado. No se trata de repetir elecciones hasta que salga algo potable.
¿Es que los representantes no pueden ponerse de acuerdo en un gobernante adecuado: un hombre justo, inteligente, honrado, que mire por el bien común…? Pues eso es señal de que los representantes no son los adecuados. Eso es señal de que buscan sus propios intereses, no los de la nación.
En mi ensayo, propongo dos medidas que me parecen sensatas: Primero, que las votaciones para elegir al presidente del Gobierno se hacen por voto secreto. Segundo, que el presidente sigue en el pleno ejercicio de su cargo hasta que el Congreso escoja a otro presidente.

De manera que los congresistas pueden discutir y discutir el tema el tiempo que deseen. Pueden no ponerse de acuerdo durante medio año o un año o lo que haga falta. Porque el presidente sigue gobernando la nación hasta que la mitad más uno de los congresistas se pongan de acuerdo en otro nombre.

En el sistema que propongo en mi ensayo, siempre hay un nutrido grupo de congresistas independientes. Así que un gobernante, si lo hace bien, puede seguir en el cargo durante varias legislaturas.

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