La fe sostiene a esposa y madre migrantes ahogados al cruzar a Estados Unidos

CIUDAD DE MÉXICO, 27 Jun. 19 (ACI Prensa).- En medio del dolor por la muerte de su esposo Óscar y de su pequeña Valeria de casi dos años, Tania ha encontrado fuerza en la fe y en la oración. Así lo indicó a ACI Prensa el Obispo de Matamoros (México), Mons. Eugenio Lira.

Óscar y Valeria murieron este 23 de junio cuando intentaban cruzar el Río Bravo a la altura de las ciudades de Matamoros (México), y Brownsville (Estados Unidos).

Sus cuerpos fueron encontrados a dos kilómetros de distancia y las imágenes de ambos, casi abrazados a orillas del Río Bravo, han conmovido a miles, entre ellos al Papa Francisco.

Tania presenció todo y fue ella quien avisó por teléfono a la madre de Óscar de la tragedia, entre lágrimas, esa misma tarde.

Actualmente, la mujer de 21 años se encuentra en una de las dos casas de migrantes que tiene la Diócesis de Matamoros.

En diálogo con ACI Prensa, Mons. Eugenio Lira señaló que “he tenido la oportunidad de platicar personalmente con ella y puedo decir que he quedado edificado por su testimonio”.

“Es una mujer de fe y que precisamente da testimonio de que esa fe le está permitiendo enfrentar esto con esperanza cristiana”, dijo.

“Ella me comenta los momentos difíciles que ha vivido, de muchísimo dolor. Pero cómo, gracias a Dios, ella ha buscado en la oración el consuelo, la luz, la fuerza y le digo que para mí platicar con ella ha sido un gran testimonio, un testimonio de fe”, añadió.

Matamoros, en el estado mexicano de Tamaulipas, es una de las zonas habituales de paso para los migrantes que buscan ingresar a Estados Unidos.

Tamaulipas es también uno de los estados más violentos de México. En el listado de las 50 ciudades más violentas del mundo en 2018, realizado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal A.C., su capital, Ciudad Victoria, ocupó el cuarto lugar.

Reynosa, uno de los municipios que forma parte de la Diócesis de Matamoros, se encuentra en el puesto 42.

Mons. Lira destacó que, a pesar de la violencia, los fieles de la diócesis, laicos y sacerdotes, no han dejado de manifestar su solidaridad con los migrantes.

El Prelado agradeció el “buen ejemplo y testimonio de gente buena, que incluso en los momentos más difíciles de violencia en esta zona arriesgó su vida, tendió la mano a los migrantes y lo sigue haciendo. Gracias a Dios ha disminuido la violencia, no tanto en Reynosa, pero sí en los otros ocho municipios que conforman la diócesis de Matamoros”.

El Obispo de Matamoros dijo que la muerte de Óscar y su pequeña hija, así como de tantos otros migrantes fallecidos, “tiene que llevarnos a todos a reflexionar: estamos hablando de vidas humanas, de personas, no de números. De gente con su historia, con sus sueños, sus ilusiones”.

“Esto nos muestra el rostro humano del migrante”, precisó.

“Algo bien importante es descubrir en el fenómeno de la migración rostros y nombres, como nos ha invitado a hacer el Papa Francisco, porque si no, a veces podemos caer en quedarnos solamente en estadísticas, en números fríos. Y en realidad se trata de personas, cada una con su propia identidad, sus necesidades”, señaló.

Los migrantes, explicó, son personas que tratan “de buscar algo mejor para sí mismas o para su familia. Y que son capaces de dejar su tierra, su casa, y lanzarse a una aventura bastante peligrosa”.

Como un mensaje a los migrantes, Mons. Lira les alentó a descubrir “que en el trayecto que han seguido desde que han salido de sus hogares hasta el presente, al igual que el resto de su vida, Dios siempre ha caminado con ellos. Él siempre camina con nosotros, no nos deja solos. Y en los momentos más difíciles nos tiende una mano, incluso a través de las personas que nos rodean”.

“Yo les invitaría a tener siempre esa mirada de fe, la esperanza que no defrauda, sobre todo la gran esperanza de la eternidad que nos aguarda”, dijo.

Al resto de la sociedad, los invitó a “tomar conciencia de qué mundo estamos construyendo, y a tratar de que cada uno pongamos nuestro granito de arena para edificar una cultura y una sociedad que sea capaz de reconocer, respetar, promover y defender la vida, la dignidad y los derechos y también los deberes de todas las personas, sin excluir a nadie”.

“Necesitamos eso para que nadie se vea obligado a dejar su tierra por necesidades económicas o por la violencia o por daños ecológicos, y que pueda encontrar en su lugar lo necesario para desarrollarse. Y en el caso que tome la decisión de migrar, pueda hacerlo con todas las condiciones que su dignidad humana y sus derechos merecen”, indicó.

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