Discurso de agradecimiento de los nuevos sacerdotes de la Arquidiócesis

Dice el prefacio de Pentecostés: “El Espíritu que congregó en una misma fe a los que el pecado había dividido en diversas lenguas, es el mismo Espíritu que sigue vivificando a la Iglesia”. Hoy una ves mas hemos sido testigos de cómo el Espíritu de Dios sigue dando vida a su Iglesia y cómo el Señor sigue dotando de ministros que le ayuden a santificar a su pueblo.

Hoy no solo es la alegría de nosotros siete neopresbíteros, sino que es la alegría de toda la Iglesia que descubre el actuar del Espíritu de Dios.

Por eso, movidos por esta grande experiencia de ser Iglesia, a nombre de mis hermanos de la generación san Pío de Pietrelcina, queremos hacer nuestras tres palabras que un santo muy contemporáneo decía constantemente al ir al sagrario: “Gracias, perdón, pero ayúdame más”.

Primera palabra: Gracias

Gracias Eminentísimo Señor Cardenal, por su paternal cuidado, interés y sobre todo gracias por el don del sacerdocio, que por la imposición de sus manos hemos recibido esta tarde. Ahora que por el sacramento se nos ha constituido sus colaboradores, reafirmamos nuestra obediencia y fiel disposición a los proyectos de esta Iglesia particular de la cual Usted es nuestro Pastor, al mismo tiempo sienta nuestra oración constante por usted.

Extendemos estos sentimientos también a su consejo de gobierno, a Sus Excelencias los Obispos Auxiliares y a los señores Vicarios Episcopales, Gracias y nuestra oración expresada desde ahora con una fiel disposición.

Gracias al presbiterio, ahora nuestros hermanos en el ministerio sacerdotal, gracias por sus consejos, compañía y por su fraternal bienvenida al colegio de los presbíteros.

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Gracias a nuestro querido Seminario Conciliar de México, por todo lo que nos enseñaste, siempre serás nuestra alma mater. A nuestros hermanos seminaristas, ¡ánimo! Sigan adelante, recuerden siempre, “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”.

Gracias a ustedes artífices fundamentales de este gran don. Gracias pueblo santo de Dios, porque su gran fe y su constante oración por las vocaciones sacerdotales han logrado este momento.

Gracias a nuestros padres, hermanos, amigos, seres queridos, gracias por sus enseñanzas, sus consejos, apoyo y sobre todo por su gran amor, el cual ahora nos ha facultado para saber amar a la Iglesia.

Segunda palabra: perdón

Perdón a todos por nuestras faltas de testimonio, por nuestras diversas fragilidades, nos comprometemos a ser mejores y para lograrlo les pedimos siempre su oración.

Tercera palabra: Ayúdame más

A quien podemos pedirle ayuda sino es a ti Señor Nuestro. Gracias Señor por tantos dones, gracias por colocar tu mirada de amor en nosotros, Señor no dejes de ayudarnos cada día más, para constituirnos como santos sacerdotes por la Intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

Dios les bendiga a todos.

Gracias.

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