Pastoral Voluntarista

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La planeación técnica y sistemática en la Iglesia no tiene mucho tiempo, apenas unos 60 años, gracias a la influencia de las ciencias administrativas. Pero se ha de reconocer que la misma vivencia del tiempo humano, como proyección al futuro, ha exigido que todas las acciones del ser humano tengan un plan implícito, de modo que la acción pastoral, encomendada a seres humanos, siempre ha estado presente en la vida de la Iglesia como proyecto. La Iglesia nunca ha actuado sin planes, pues planear es prever, pensar la acción, proyectar el futuro. El plan es el registro de las acciones encaminadas a conseguir un fin con mayor eficacia y aprovechando al máximo los recursos humanos y materiales.

Pablo y los demás apóstoles tenía su modelo y su plan de evangelización, aunque no tuvieran las técnicas metodológicas que nos ofrece hoy la ciencia organizacional. Por tanto, conforme la cultura piensa la “acción”, la Iglesia realiza su acción pastoral, encarnándose en la historia concreta y apoyándose de los recursos que le ofrece el tiempo y el lugar en el que realiza la obra de la evangelización. Podemos pensar en cuatro modelos de acción pastoral: voluntarista, colectiva o de asociaciones, orgánica y de conjunto, y la pastoral participativa.

El modelo de pastoral voluntarista corresponde a una sociedad monocultural, de régimen de cristiandad, es decir, donde la gran mayoría de la población es católica y donde la voz de los pastores ocupa un lugar preponderante en la sociedad. En este modelo predomina el eclesiocentrismo, por el que se pretende visibilizar el poder de la Iglesia como única mediación de salvación. En su fundamentación eclesiología se utiliza, de forma única, la imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, porque si Cristo es la Cabeza de su Cuerpo que es la Iglesia y ambos forman el Cristo Total, entonces el modo que se aplica este principio a la Iglesia institucional en la práctica pastoral es: el clero es la cabeza y los laicos son el cuerpo, los ejecutores de sus decisiones, como el cuerpo ejecuta lo que dictamina la cabeza. De ahí que toda acción depende de la cabeza,  es decir, de la voluntad del clero.

Por otra parte, el clero no actúa en comunión entre sí, pues se considera que cada párroco o cada obispo es totalmente independiente de los demás. Cada párroco es el obispo en su comunidad por lo que todas las acciones se rigen a la voluntad y creatividad de él, por eso en este modelo se justifican expresiones como: “Aquí yo soy el párroco y se hace lo que yo diga”. En general, la acción pastoral gira en torno a los sacramentos y en el mero asistencialismo a los pobres. Se trata de acciones atomizadas, se pueden hacer muchos planes para muchas acciones, pero no llevan a un objetivo común. Predomina lo administrativo, la participación se realiza en los espacios que permite el sacerdote y no se genera una auténtica vida comunitaria ni se generan procesos.

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