Miércoles de mayo, primaveral y tranquilo


Iba a escribir una continuación del post de ayer. Pero me parece que os apetecerá descansar un poco de escritos densos. Así que os contaré cosas sueltas.
Interesantísima la Paradoja de Pinocho que comentó Javi:
Si Pinocho dice que su nariz crecerá, pero no lo hace, estaría mintiendo. Pero, cuando Pinocho miente, su nariz crece. Pero al crecer su nariz entonces estaría diciendo la verdad.
Estos días he estado leyendo más la novela japonesa de la que os hablé el otro día. El supermercado me compré cuatro pasteles Mildred de frutas, son un bizcocho alemán que es de los que más me gustan desde hace muchos años.
En las últimas semanas, se tradujo y publicó al rumano y al húngaro uno de mis libros.
Sigo trabajando en mi libro sobre el infierno. Hoy he pasado toda la mañana con la cuestión de si Dios podría crear todos los universos posibles. Puede parecer que tiene poca relación con el infierno, pero la tiene.
Una conversación telefónica con un filósofo, conversación de dos horas y media, fue de lo más constructiva.
Ayer me reí a gusto, como hacía tiempo que no me reía. Le pedí a un amigo que cortara de un sermón mío unos segundos que podían dar lugar a una confusión. Lo que decía no era falso, pero no me gustó la expresión que usé. (Es la primera vez que le pido algo así.) Pues, cuando vi el vídeo, me fijé en que caminaba por detrás el anciano señor que hace de acólito en la misa. Yo sigo hablando y, de pronto, tras dejar la llave del sagrario en la repisa… desaparece. Y desaparece como un fantasma, suavemente. Resulta graciosísimo.
Esto me recuerda a la escena de la película Top Secret, en que, de pronto, aparece un perro caminando hacia atrás.
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