Llamas y profanación en Francia

 Fabián Acosta Rico

Centurias de años en llamas; la historia convertida en cenizas por un aparente descuido; el resplandor calcinante ilumina la Parisina ciudad. Notre Dame arde; ni las seráficas lágrimas de un divino cielo detienen la catástrofe que enlutan una nación donde crece el descreimiento.

Sería demasiado especular, dado los peritajes de las autoridades, que el incendio en Notre Dame fue provocado. Llamas más mortíferas recorrerían las calles de la Ciudad Luz; las del odio, la venganza, la xenofobia… si algo así fuera afirmado.

Lo que ocurrió en Notre Dame, pareciera el corolario de una serie de atentados que se han venido realizando anónimamente sobre las iglesias de Francia. En Holanda los templos, ya sea católico o protestante,  terminan convertidos en bibliotecas o incluso en bares, por la falta de fieles.

En el país de Napoleón, los templos están siendo profanados por movimientos anticlericales que de momento no han dado la cara. Los sacrílegos actos denotan un odio sin contención por lo sagrado y en particular por la fe católica.

Una cruz de excrementos humanos fue dibujada en Nimes, cerca de la frontera con España, en la iglesia de Notre Dame des Enfants (Nuestra señora de los niños), el altar mayor fue atacado  y saquearon las hostias del sagrario las cuales fueron encontradas más tarde entre la basura.

En Notre Dame en Dijou, al este del país, también el altar mayor fue profanado. Del tabernáculo sacaron las hostias, las esparcieron por el suelo y luego las pisotearon.

Muchos de estos atentados parecen no ser del todo premeditados, si no de un espontaneidad que denota el ateísmo rampante de un sector de la sociedad francesa; tomemos como ejemplo lo ocurrido en Lavaur, en el departamento meridional del Tarn, donde unos jóvenes en estado de embriaguez, no tuvieron una mejor ocurrencia que irrumpir en la iglesia del pueblo, y tomaron un Cristo crucificado, le torcieron le brazo para que simulara realizar un gesto obsceno.

Otros reportes informan que en la periferia de París, en el departamento de Ivelines, un número significativo de iglesias han sufrido distinto tipos de profanaciones tanto en Maisons-Laffitte, como en Houilles. 

El odio interreligioso crece en una sociedad cada vez más plural y divida: grupos ultranacionalistas manifiestan su repudio la Islam, la fe de los migrantes, por considerarla contraria, o incluso antagónica, a la civilización occidental. En ese mismo tenor, grupos antisemitas, en los últimos meses han pintado cruces gamadas en las tumbas de cementerios judíos.

De momento, la Conferencia de Episcopado Francés no ha emitido una declaración; ha guardado un prudente silencio, y solamente ha dado cuenta de los atentados poniendo sus esperanzas en que la policía actúe garantizando la seguridad de los sagrados lugares.

Antes que Notre Dame, otra iglesia, pero ésta si deliberadamente ardió, la de Saint-Sulpice, no lejos de la de Saint Germain-des-Prés, de emblemáticos monumentos nacionales. Un domingo, después de misa de doce, ya vacío templo, éste ardió en llamas. Un sacerdote de la parroquia, días atrás, vio a un individuo que prendía fuego a maderas en las inmediaciones; mas no le dio importancia al hecho. La policía aún no ha capturado al supuesto sospechoso.

Muchos mártires de los primeros años del Cristianismo murieron  en las hogueras por no abjurar de su fe; ahora parece que las Iglesias son víctimas de estas llamas del martirio; en una Europa descontenta con su condición de cuna de la Civilización  Cristiana.    

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