Judas Macabeo o el Martillo de Dios


La imagen es un detalle de una batalla de Judas Macabeo, un altorrelieve en un escudo. Cuando uno lee las batallas del rey David, se corre el riesgo de no percibir el riesgo de esos combates, se corre el riesgo de pensar que los filisteos eran unos pobres hombres como los figurantes de las batallas medievales en una película de los años 60, que movían las espadas de un modo coreográfico hasta, como era lógico, caer llevándose la mano al pecho o al costado.
Lo mismo sucede con un nuevo rey David que hubo en el siglo XX, con un nuevo Judas Macabeo, que se levantó para defender del exterminio al Pueblo de Dios. Hombre cuyo nombre será mejor no pronunciar. Pero es que al Pueblo de Dios hay que alimentarlo con la Palabra, y, a veces, hay que defenderlo con la espada. Sea dicho de paso, escribo este post porque acabo de ver otro documental sobre este asunto durante el almuerzo.
Pues bien, podemos pensar que ese nuevo David mataba filisteos como quien siega el campo, porque sus adversarios se quedaban quietos como espigas de trigo hasta que les llegaba el turno. El documental de hoy me ha abierto los ojos acerca de un factor que no había yo tenido en cuenta: los números, números de armas y combatientes.
La cuestión de este Judas Macabeo es que o empataba y se detenía, o ganaba. Pero es que ganaba o empataba incluso cuando sus enemigos reunían muchos más hombres y armas.
En el documental políticamente correcto, a la voz en off siempre le queda el recurso de que los buenos adoradores de Molok “es que estaban muy desorganizados y no tenían experiencia”. ¡Caramba! ¿Es que seguían desorganizados dos años después? ¿Es que ni con dos años de guerra ganaban experiencia? ¿Es que al otro, al Macabeo, no se le morían los hombres con experiencia?
Lo interesante es que incluso después de perder cierta ciudad amurallada de norte, incluso dos años después del inicio, los seguidores de Balaam tenían capacidad para ganar la guerra. Incluso entonces, por capital humano, reservas monetarias e industria. Los enemigos de Dios podrían haber vencido o mantenerse incluso conservando solo la zona oriental de ese territorio de cuyo nombre no puedo acordarme.
Frente a la visión materialista, yo tengo la misma visión de ese David: Fue Dios. Él estaba convencido de que era así. Y siempre lo dijo bien claro a quien quiso escucharlo.
Milagros hay en las páginas del Antiguo Testamento. ¿Pero es que no hemos visto la Mano de Dios también en la época inmediatamente anterior a la nuestra? Cuando Dios quiere, no importa que te ataquen con fuerzas muy superiores una y otra vez. Y eso, exactamente eso, es lo que sucedió. Lo repito, incluso dos años después de la contienda, los seleucidas podrían haberse hecho fuertes en la zona oriental sin que nada ni nadie les hubiera sacado de allí. ¿Creéis que los idólatras no intentaron pasar a la ofensiva incontables veces? Pues claro.
Ah, por supuesto que eran idólatras. Idolatraron una idea impía a la que sacrificaron vidas. Por ese falso ídolo torturaron y quemaron. No idolatraron una imagen de plata u oro, sino una idea perversa. Por ella mataron y murieron.
Pero, al final, la Mano de Dios colocó a su elegido en un trono estable que se prolongó durante parte de tres generaciones. No fue ungido con un óleo material, como David. Pero fue elegido. Y, al final, lo que importa es la Voluntad de Dios, con unción material o sin ella.
Post Data: La situación actual, DE NINGÚN MODO, se podría solucionar como la de entonces. Ahora todos son filisteos, adoradores de Molok y servidores de Balaam. Tampoco el problema es de un país o unos pocos países, sino mundial. En casos como este, hay que mirar a otros pasajes de la Biblia. Dios actuará, no lo dudemos. Mientras tanto, esperemos; pero, a sabiendas, de que las páginas de la Biblia siguen siendo tan verdaderas como en todos los tiempos.
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