Fuente de milagro y amor

“La mujer, con su sola presencia ha hecho posible que nos sintamos parte de una realidad única de amor, fraternidad y crecimiento, que es la familia…”,Mons. José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina

Fernando Díaz de Sandi Mora

Sí ya de por sí vivir es un reto, una gran odisea que supone del uso de todos los recursos que el Creador ha tenido a bien colocar al interior de cada persona, cuánto más complejo e increíble será el milagro de dar vida a otro ser humano, y no solo traer al mundo a una persona, sino asumir la responsabilidad de desarrollar integralmente a un nuevo habitante de este bendito mundo.

Cada vez encontramos menos puntos de acuerdo o situaciones comunes y afines a todo el género humano, sin embargo, si una cosa nos hace coincidir y que sin duda todos sin excepción tenemos es el haber llegado a esta vida a través de la hermosa puerta de entrada que son las madres.

Parece ridículo y todas luces insuficiente, que debamos sujetarlos a una fecha del calendario para tomar consciencia plena del increíble e invaluable don de contar con una madre. En medio del frenesí de cada día, las exigencias propias de nuestro tiempo, aunados a un materialismo enfermizo, es desafortunadamente muy común que muchos hijos se olviden de sus padres; y no solo lo digo en el orden de lo material, sino en los valores, principios y el tesoro espiritual y humano que prácticamente todas las mamás intentan inocular en las mentes y el corazón de sus hijos.

Las madres de este siglo no solo enfrentan el terrible riesgo de perder incluso la vida por engendrar a sus hijos; hoy en día, el verdadero reto de las mujeres que traen hijos a este mundo es el de mantenerse firmes al compromiso adquirido, a la responsabilidad de asumir con valentía y voluntad las consecuencias de la decisión de ser madres de una manera totalmente consciente y sabedora de todo lo que exige e implica convertirse en madre.

La maternidad es una empresa netamente altruista, se trata de entrega pura, permanente, constante e ilimitada; definitivamente no es apta para mujeres que operan bajo las premisas de este siglo en donde el mínimo esfuerzo, la necesidad de respuestas inmediatas y la indisposición ante el sacrificio, merman el sentido de compromiso y responsabilidad, indefectibles requisitos para dar a luz y seguir iluminando las vidas de aquellos aspirantes a la vida y al encuentro del primer amor y primer contacto con otro ser humano.

Vaya pues un reconocimiento en varias líneas a las madres que ejercen con dignidad y valor el privilegio único de dar vida. Un exhorto a aquellas que dudan en asumir con amor y con valor el embarazo anunciado, consecuencia lógica de las relaciones supuestamente basadas en amor y con la persona indicada.

Nada tan parecido a Dios como el amor de una madre… ¡Feliz vida!

Publicar un comentario

[blogger][facebook]

Agencia Catolica

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets