Enseñar a Vivir. Actitud de agradecimiento

 “La gratitud es la memoria del corazón”. (Lao Tse)

Dra. María Cristina Martínez Arrona*

La actitud agradecida es clave para el buen vivir, transforma las situaciones que acontecen a nuestro alrededor dándoles la positividad y el sentido que necesitan, actitud necesaria para la alegría y la esperanza, postura propia de experimentar el poder de la resurrección.

Tenemos experiencia de como una misma circunstancia las personas la pueden vivir de forma diferente según la actitud, un mismo acontecimiento una persona se siente explotada y otra agradecida. La actitud agradecida nos ayuda a descubrir en la dificultad un desafío, en la carencia donación, en el error aprendizaje, en la rutina creatividad. Es importante reconocer que las personas tenemos el poder de elegir la actitud con la que deseemos vivir.

Dice el Evangelio “lo que uno siembra es lo que cosecha” (Gal 6,7); conocer y reconocer el poder de transformación que tenemos con nuestras palabras, nuestra actitud, nuestros hábitos, nuestra forma de ser y hacer las cosas es clave para disfrutar de la vida. Newton hablando de física decía “toda acción tiene una reacción”, de ahí la importancia de alimentar la mente, las relaciones y acciones con actitudes positivas, con pensamientos que construyan y transformen nuestras pequeñas y grandes acciones como puede ser un saludo, una sonrisa o desempeñar una cátedra.

En el mes de mayo agradecemos la vocación a la maternidad (física y/o espiritual) y a la docencia, cuya característica común es la entrega generosa de forma creativa con la finalidad de amar -educar- a las personas.  Eleanor Roosevelt decía “dar amor constituye en sí dar educación” ¿acaso el amor no es la actitud esencial de una madre o un maestro que en el día a día buscan de forma creativa acompañar, educar, sacar lo mejor de las personas que se les confía?

El papa Emérito Benedicto XVI (2009) afirma que “todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica […] porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y la mente de cada ser humano” (CV, 1). La posibilidad de amar de manera auténtica nos permite vivir con sentido, en la ética de la gratuidad, bajo la lógica del don.

La esencia de la vida consiste en dar lo que uno es, compartir con los demás lo que uno tiene, los talentos y capacidades otorgadas, enriqueciendo y colmando de sentido cada día porque nos brinda la posibilidad de amar. La vocación es el espacio idóneo para entusiasmar con nuestra entrega a los que nos rodean, desempeñémosla con actitud agradecida, clave para una vida llena de plenitud y de sentido.

Agradecemos y felicitamos a las mamás, a los maestros y maestras por la vocación confiada, por educar a sus hijos y alumnos, acción sublime de amar a la sociedad.

*Jefa de Universidad a Distancia, UNIVA

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