El problema, el que ha sido el gran problema de la Iglesia, de los últimos decenios


La foto es de los miembros del Tribunal Penal Internacional. Hoy ha salido el último documento de Roma con más normas para regir el tema de los abusos sexuales en la Iglesia. El documento me ha parecido bien, correcto. Aunque sea fruto de una presión por hacer algo después de la última cumbre contra la pedofilia en el Vaticano, lo cierto es que rellena algunas lagunas. O, más que rellenar lagunas, cierra algunas puertas por las que, hipotéticamente, podía escaparse la investigación de algunos casos. En ese sentido, me parece bien.
No me entusiasma, porque creo que a nadie le entusiasma, ni a sus redactores. Y porque ellos mismos, que son monseñores realistas, se dan cuenta de que lo importante es la voluntad justa. En este documento han hecho lo que han podido, porque ya quedaba poco espacio por legislar.
Pero ellos mismos se dan cuenta de que la legislación nunca puede sustituir a la voluntad de hacer lo que se debe hacer. Además, aquí Roma se da cuenta de que el error se puede dar por defecto o por exceso. Y eso es muy complicado de arreglar con normas.
¿Cómo se puede, de antemano, prever si existirá, en el investigador diocesano, la voluntad férrea de defender al clérigo amigo? Cualquier investigación, si se da esa circunstancia, partirá de una situación no neutral. ¿Cómo se puede legislar el remedio a la voluntad del investigador diocesano de no crearse problemas y de no concluir en ningún dictamen que cause después a críticas, y críticas que conlleven consecuencias?
El documento promulgado hoy me parece bien. Pero, al final, si las cosas se ponen muy feas a nivel de persecución social, va a ser necesario que la Iglesia renuncie a toda investigación interna y se limite a aceptar lo que se dictamine en el foro judicial penal. Esa inhibición implicaría (para no incurrir en más responsabilidades civiles) a actuar con el acusado como si fuera culpable.
Los informes e investigaciones internas de la Iglesia se han convertido ya, en algunos lugares, en el paraíso de los abogados de la acusación. La petición de responsabilidades a las autoridades vaticanas receptoras de esa información va a ser el siguiente campo de lucha de los abogados. Hasta ahora esos intentos se han parado porque no han sido secundados por las autoridades civiles de los países. Pero el día en que la autoridad civil decida ir contra el Vaticano alegando complicidad por omisión, vamos a tener un problema muy serio. Y esto es una bomba que va a explotar mediáticamente antes o después. Así que estamos listos.
El tema del doble proceso, el canónico y el civil, se va a convertir en una maraña judicial. Si el proceso canónico sentencia que es culpable, después de una sentencia de absolución civil, los abogados pueden luchar para reabrir el caso a nivel civil basándose en eso: ¡ya ha ocurrido!
Y si ocurre al revés, condena civil y absolución canónica, la acusación de complicidad es contra el Vaticano.
Como se ve, esto se está convirtiendo no en un problema de la Iglesia, sino en uno de los más grandes problemas, en un remolino que no deja de crecer y engullirlo todo a nivel mediático. Y lo mediático, cada vez más, está presionando e influyendo sobre lo judicial, véase en el caso del fiscal general de Pensilvania y otros, no es el único.

La cuestión no es ya cómo acabar con la pedofilia, en Estados Unidos y Europa eso ya es asunto del pasado, ¡gracias a Dios!, sino cómo acabar con un remolino judicial y mediático al que no se le ve ningún fin.
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