El día que María Auxiliadora venció a Napoleón

Una de las advocaciones o nombres con el que invocamos a la Santísima Virgen María es el de Auxiliadora porque nos trae un importante “auxilio” o ayuda especial de Dios.

El primero que le dio este título fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla, en el año 345. Más adelante, en el año 532, San Sabas comenta que a una imagen en Oriente se le llamaba “Auxiliadora de los enfermos”, porque junto a ella se obraban muchas curaciones.

Posteriormente, San Juan Damasceno, en el año 749, fue el primero en propagar la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

Una victoria “milagrosa”

El famoso autor de “El Quijote de la Mancha” perdió su brazo izquierdo durante la famosa Batalla de Lepanto. En aquella lucha, los musulmanes pretendían conquistar Europa, imponer su religión y destruir todo lo cristiano.

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Así, el 7 de octubre de 1572 se enfrentaron musulmanes y católicos en el Golfo de Lepanto, Grecia. Los primeros tenían más posibilidades de ganar porque contaban con 282 barcos y 88 mil soldados. Los cristianos eran inferiores en número.

Antes de la batalla, los soldados cristianos se prepararon espiritualmente e invocaron la ayuda de la Virgen mediante el rosario. La batalla comenzó en forma desfavorable para los cristianos, porque el viento soplaba en su contra. De pronto, de forma milagrosa, el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Así, se consiguió la victoria.

El Papa Pío V ordenó que, desde entonces, el 7 de octubre de cada año, se celebraría la fiesta de la Victoria o el Santo Rosario. Además, añadió a la letanía mariana la oración: “Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros”. Así aumentó más la devoción a María Auxiliadora.

Un Papa en la cárcel de Napoleón

Otro acontecimiento que aumentó la devoción a María Auxiliadora se dio en el siglo XIX, cuando el emperador Napoleón, cegado por la ambición y el orgullo, hizo prisionero al Papa Pío VII, en Francia.

Después de varios años en prisión, el Pontífice prometió a la Virgen que si le ayudaba a regresar a Roma decretaría una fiesta en su honor. Entonces, el cielo respondió.

Napoleón, quien había dicho “las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados”, vio cómo en los helados campos de Rusia, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil caía de sus manos.

Aquel emperador volvió humillado, con pocos y maltrechos hombres. Luego, fue desterrado de su país para vivir prisionero en una isla el resto de su vida.

El 24 de mayo de 1814, el Papa regresó a Roma y cumplió su promesa decretando que, cada 24 de mayo, se celebrara la fiesta de María Auxiliadora.

Una iglesia famosa en Turín

San Juan Bosco fue gran propagador de la devoción a María Auxiliadora porque él mismo recibió siempre su ayuda. Por ello, inició en, Turín, Italia, una hermosa basílica en honor de esta advocación. El templo se consagró el 9 de junio de 1868.

La imagen de María Auxiliadora tiene túnica roja y manto azul. Sostiene con su mano izquierda al Niño Jesús. Ambos están coronados. La cabeza de María tiene un nimbo con doce estrellas. Sus pies están descalzos y su mano derecha sostiene un cetro de reina.


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