Si todo fuera tan simple: las sugerencias del obispo auxiliar Schneider

Creo que la propaganda que se le ha dado al escrito del obispo Atanasius Schneider merece un segundo post. Podría analizar su escrito (que es una propuesta) parte a parte, pero sirva como botón de muestra lo siguiente que escribe: El último caso de un Papa herético o semi-herético fue el caso del Papa Juan XXII.
Pues bien, monseñor, nunca nadie, jamás, consideró a Juan XXII un papa herético ni semiherético. Cierto que ese papa expresó su acuerdo con una tesis sobre escatología debatida en ese momento. Pero después dejó bien claro que se trataba de una opinión teológica, en ningún caso de una enseñanza magisterial.
Así que ese caso que usted, monseñor, cita como ejemplo, no sirve para probar que ha habido papas herejes. Ni siquiera ese caso, que es el más reciente y que mejor conocemos documentalmente, para lo que usted trata de probar.
Por otra parte, eso de que alguien sea “semiherético” resulta asombroso y, de verdad, que me gustaría conocer a alguien aquejado con ese problema: porque, como bien saben los canonistas, o se es hereje o no se es hereje.
Las cosas o se adecuan al Depositum Fidei o no se adecuan. Cada sermón, cada escrito sobre teología, es como una pieza de un inmenso y precioso puzzle que se va ampliando generación tras generación. Una pieza de un puzzle o encaja o no encaja, no hay semiencajes. Del mismo modo que tampoco hay “semimetástasis”.
Como solo la autoridad inferior puede advertir autoritativamente que algo es una herejía, nadie puede advertírselo al sumo pontífice. Y, en esto, no debemos ver una cuestión legalista, sino el orden divino. Usted quiere sustituir el actual sistema bimilenario por un consulado integrado por el decano del colegio cardenalicio y el “sucesor de Pedro y vicario de Cristo.
Usted dirá que no es un consulado, sino una posibilidad de excepción. Pero como dijo un celebre jurista, creo que era Schmitt, el que tiene el poder en casos de excepción tiene el poder en última instancia. La frase no es literal.
Por otra parte, monseñor, como no está muy seguro de que el decano (sea quien sea) cumpla con esa función que usted le adjudica en su escrito, otorga esa posibilidad a cualquier cardenal o a cualquier obispo. Esa es una receta para el desastre. Si, en vez de la Iglesia, estuviéramos hablando de cualquier otra sociedad humana, aseguraría que, a nivel jurídico, una propuesta de ese tenor solo puede tener malas y graves consecuencias.
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