La Escuela de la Vida

«No te enfoques en la herida, enfócate en la lección…»,Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

A cada paso, en cada instante, el orden natural establecido va modificando todo, cambiando todo, llevándose todo, y dejando a su paso heridas abiertas, duelo en el alma por las pérdidas y cambios de impacto en la realidad personal de cada ser humano.

Tú y yo hemos sido tocados por un irrenunciable adiós, por un rompimiento, una carencia, una pérdida. Tú y yo nos hemos sentido sacudidos por palabras y hechos que abren una herida profunda en nuestra existencia. Es cierto, la vida puede doler, respirar se complica y la vista se nubla al recibir aquella noticia, las palabras que jamás pensamos escuchar. Todo se derrumba en el interior y el alma duele. Parece que es el fin, no hay esperanza…

Pero al paso de los días la semilla de eternidad sembrada en nuestros corazones, la chispa divina que parecía extinguirse tras semejante pena y anegada de lágrimas de llanto por dentro y por fuera, arde e ilumina el camino de nuestra mente: algo hemos aprendido, algo nos quiere decir nuestro dolor, nuestra pérdida. Lo que no tenía sentido ahora parece tener un propósito, una propuesta nueva en nuestras vidas. En pocas palabras, la pérdida parece transformarse en una ganancia.

No me malentiendas: no pretendo decir que un día lo que hoy duele dejará de doler; lo que en verdad te comparto es que tu dolor, tu herida abierta trae para ti una lección, un aprendizaje que puede ser de fortaleza, de cambio, de transformación y movimiento en tu vida. No te enfoques ni centres tu vida en la herida, atiende más bien las señales; abandona de una vez por todas los “porqué” y concéntrate en los “para qué”. ¿En qué vas a convertir tu dolor? ¿Qué más vas a hacer aparte de llorar?

La fe es un libro que se abre ante la mente humana para procesar los acontecimientos que son devastadores. El filtro de las experiencias humanas radica en la capacidad de discernir los mensajes, la lección encriptada tras un fallecimiento, la pérdida de la salud, el fin de una relación, etc. Todo nos habla de nuestra vida, de los cambios que requerimos hacer para mejorarnos.

Es cierto: el dolor lacera el alma, nos incomoda e inconforma sobremanera un evento en absoluto programado o pensado, tan súbito y espontánea como doloroso. Es ahí donde la fe entre en escena, nos coloca la mano en el hombro y amorosamente nos comienza a susurrar al oído una lección personal, una mentoría exclusiva en la escuela de la vida, en donde el dolor es el mejor maestro, será por eso que es el que cobra más caro.

Sal del oscuro rincón donde ahora lames tus heridas y pregunta a tu dolor: ¿qué lección tienes para mí? ¿Qué necesito aprender?

Facebook/Fernando D´Sandi

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