Educando a la bestia consumista: la pulsera de Pavlov

 Fabián Acosta Rico

Muchos encuentran terapéutico perderse en un centro comercial, extasiarse en los aparadores ante la gama de novedosas mercancías, entrar y salir de las tiendas convertido en un perchero de bolsas, comprar sin mesura y sin más restricción que el límite crediticio de nuestras tarjetas. Este desahogo consumista puede derivar en un mal hábito lastimoso para nuestra economía; ejercitar el compro luego existo puede convertirse en un vicio etiquetado por la psicología como adicción a las compras. Como toda adicción es difícil de tratar y de corregir. En muchas ocasiones no basta la sola fuerza de voluntad. Para los adictos a las compras existe hoy en día una pulsera llamada Pavlov que como su nombre lo dice, aplica los principios de la psicología conductista en el tratamiento del mal hábito de excedernos en el uso de la tarjeta de crédito.

El conductismo explica que podemos asociar un estímulo neutro como el toque de una campana con otro incondicionado como la comida; al repetirse esta asociación, como lo demostró Iván Pavlov en su célebre experimento con perros, lograremos que un animal salive con solo escuchar el sonido de la campana. Bajo esta lógica, tan mecanicista de emparejamiento de estímulos, opera la pulsera anti-compras; cada vez que su portador caiga en la tentación de gastar  con desmesura utilizando su plástico crediticio, el dispositivo emitirá una descarga eléctrica, obvio, nada placentera.

 La intención es reeducar a nivel neuronal a la persona; que aprenda su cerebro que, al comprar desmedidamente,  está incurriendo en una conducta incorrecta por la cual recibirá un estímulo desagradable; así disciplinaban y le templaban el carácter a los niños las mamas de antes: aplicando la eficaz terapia del premio (la paleta) y el castigo (el fajazo o la nalgada). La pulsera reeducaría al comprador compulsivo al estilo Naranja Mecánica.

La pulsera sirve para corregir otras malos hábitos o costumbre; manualmente la puede activar el usuario para que le dé su toque eléctrico cuando prenda un cigarrillo o muerda sus uñas; para otras correcciones como el excederse en el uso de la tarjeta de crédito, el aparato debe ser programado empleando una aplicación para celular.

Una vez sincronizados la pulsera y el smartphone; esta te mandará mensajes alertándote  cuando estés rebasando el  tope crediticio que tú te hayas fijado; si continúas sobregirando las tarjetas obtendrás tu descarga eléctrica como castigo. Dicha descarga es incoa, es decir, no compromete la salud y menos la vida del usuario; puede variar de 50 a 450 voltios. Sociedades donde sus habitantes están afligidos por una vacío existencial producido por no encontrarle sentido ni significado a la vida (el vivir por vivir) alientan la proliferación de conductas y hábitos patológicos como el consumismo.

Ante la falta de disciplina y de carácter del habitante de la aldea global, se hace necesario el empleo de pulseras inteligentes que le ayuden a corregir sus malos hábitos bajo un esquema básico de castigos programados.        

Publicar un comentario

[blogger][facebook]

Agencia Catolica

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets