Angelus Dominical: celebrar la Santa Misa con alegría

RECIBÍ CON GUSTO –pues me la enviaba un egregio teólogo- la precisión puntual de que la Misa no es una “fiesta” y mucho menos una “fiesta con Jesús”, tal como escribí hace quince días; lo que no me quedó claro fue si mi estimado lector-teólogo también habrá notado que antes definí la fiesta como un “encuentro agradecido”, como “regocijo compartido”, como “re-creación disfrutable”, como “comunión con la trascendencia”, como “abstracción de lo efímero”, como “superación de lo caduco”, o también como “un adelanto de la eternidad”, o “un anticipo del Reino de Dios”…

NO REPETIRÉ OTROS argumentos que ahí ya están dichos, pero aclaro ¡y muy claro! que la fiesta que pretendo hacer no es con serpentinas ni espantasuegras (¡que ni me gustan y no son esencia de fiesta alguna!), tampoco será con gorritos o antifaces (si alguien se pone gorros será porque le hace falta algo en la cabeza y si usa antifaz ha de ser porque no quiere dar la cara), ni la tal fiesta requerirá de invitaciones con ocho meses de anticipación para el control de no-sé-qué, ni tendrás que apuntarte a la mesa de regalos, ni otra convencionalidad parecida…

EN LA IGLESIA CATÓLICA celebramos la Eucaristía y el hecho de ser “celebración” pues le da un tono festivo (¿o no?); en la Misa decimos a Jesús: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!”, y el tal anuncio no es esquela ni parte de un obituario, pues la entrega generosa de Jesús –hasta el extremo- fue para salvarnos, y eso nos llena de alegría y gratitud provocando fiesta en los salvados, (¿o no?)…

PARA CELEBRAR LA MISA utilizamos flores, incienso, cantos, ornamentos, decoración bella, luces, y me parece que todo eso indica una bonita fiesta (¿o no?); además hay celebraciones que tienen la categoría litúrgica de “fiesta” (el Bautismo del Señor, la Sagrada Familia, etc.), otras de solemnidad (como la Navidad o la Inmaculada Concepción) y yo gozo al vivirlas en tono festivo (¿tú no?)…

LA SANTA MISA es el sacrificio de Jesús en la cruz, pero no para dejarlo crucificado, pues entonces deberíamos poner cara de discípulos de Emaús en la bajada (tristes, afligidos, sin motivo de alegría, sin sentido de lo que hacemos) y ni pensar en alcanzar cara de discípulos de Emaús en la subida: “¡Con razón nuestro corazón ardía mientras nos explicaba las Escrituras!” (Lc 24, 32)…

ES MUY CIERTO que en el altar se ofrece Cristo en sacrificio (es decir ¡en acontecimiento sagrado!) para salvación del mundo, pero lo hace de modo “incruento”, o sea, sin dolor ni sufrimiento, y para darle al Padre Omnipotente “en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”; y que no sobre decir que el “Amén” conclusivo de dicha plegaria es el más grande, el más bello, el más solemne de toda la Misa (¿o no?), y eso tiene color de fiesta…

MIRA MUY BIEN que en el prefacio (es la plegaria previa a la consagración) el sacerdote repite un saludo litúrgico: “El Señor esté con ustedes” que recuerda la alegría de Cristo Resucitado; luego hace solemne exhortación: “Demos gracias al Señor, nuestro Dios”, y la gratitud es elemento de alegría que se llega a sazonar hasta con lágrimas de gozo; y luego exclama con emoción: “Levantemos el corazón” y al responder la asamblea queda lista para lo que viene, para unirse al sacerdote en oración y alabanza, en manifestación de la salvación de Dios operada en Jesús, ¡aaahhh!, eso es fiesta (¿o no?)…

QUE ME PERDONE quien me tenga que perdonar, pero nunca jamás de los jamases aceptaré que los fieles digan con tristeza o sin emoción: “¡Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor!”; y si tal respuesta no se dice en actitud de Si-Sostenido-Mayor (aunque en música ese tono no exista), entonces lo dicho tal vez sea sólo de dientes para afuera, y reitero que la fiesta auténtica es la que se hace de dientes para adentro (¿o no?)…

LA PACHANGA Y JOLGORIO son otra cosa (y también me gustan de cada en cuando) pero rápido se acaban y algo valioso dejan en el corazón, pero lo que queda fuera casi siempre es pura basura y desgaste, sólo celofán y empaque, pero del jolgorio no abundo más…

SI VOY A UN VELORIO doy un saludo de pésame para compartir el duelo y asociarme a los deudos; pero en la Santa Misa doy el saludo de paz y debe estar colmado de alegría (¿o no?), tal saludo me tiene que ayudar a comprometerme con el hermano, porque si se queda en mera cortesía o teatralidad eso ya no es festivo (¿o sí?)…

PUES LAS GANAS de fiesta no me han pasado, más bien como que aumentan conforme pasa la Cuaresma, y veo que si así de emocionante está lo previo, ¿cómo resultará el culmen?; si así de bonito está lo que aún vemos entre sombras, ¿cómo resultará todo a plena luz?; si apenas estamos en preparativos: ¡¿te imaginas cómo será cuando lleguemos a la plenitud?!…


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