2019
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Adriana Masotti - Ciudad del Vaticano

El lugar de celebración del Seminario de esta tarde, el atrio de la Sala Pablo VI del Vaticano. La iniciativa se organiza junto con la Secretaría del Sínodo, pero también en colaboración con el Observador de la Santa Sede ante los organismos internacionales presentes en Roma (FAO, FIDA, PMA), con el Instituto "Razón abierta" de Madrid, y con el apoyo de la Fundación Templeton, en el marco de un proyecto de formación para el "Liderazgo Ético". Como dice el título, frente a los desafíos de la región amazónica, se pretende subrayar la necesidad de un trabajo conjunto entre las organizaciones internacionales y la Iglesia Católica, destacando el acuerdo entre el "sí alabado" del Papa Francisco y la Agenda 2030 de la ONU.

Los ponentes

Después del saludo del Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, que da la bienvenida, abren el Seminario las palabras introductorias del Cardenal Pedro Ricardo Barreto Jimeno, presidente delegado del Sínodo y vicario presidente de la Red Eclesial Panamazzónica (Repam). Aunque los problemas de la humanidad son muchos, el cardenal señala que "siempre podemos reorientar nuestro camino para tratar de resolverlos" y que "las preocupaciones por nuestro planeta no oscurecen nuestra alegría y nuestra esperanza" que vienen de Cristo. A continuación, René Castro-Salazar, asistente del Director General de la FAO para el Clima, la Biodiversidad, la Tierra y el Agua; Mattia Prayer Galletti, especialista técnico principal del FIDA; y Francisco Torralba, catedrático de Sociología de la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Las conclusiones de la reunión, moderada por el Padre Federico Lombardi, Presidente de la Fundación Vaticana José Ratzinger-Benedicto XVI, son presentadas por Monseñor Fernando Chica Arellano, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA. El concierto final será ofrecido por el grupo Coros y Orquestra Palmarito & Urubichà de Bolivia, específicamente para el Sínodo, que interpretará canciones y música características.

¿Por qué promover este Seminario?

En su papel de moderador, el Padre Federico Lombardi explica por qué la Fundación ha promovido este encuentro. Su tarea, explicó, es seguir desarrollando los grandes temas del pontificado de Benedicto XVI mostrando una total continuidad con el Papa Francisco, cuyo pontificado profundiza en muchos temas ya tocados por su predecesor. Recuerda que Benedicto XVI fue llamado en cierto momento "el Papa verde" por sus numerosos discursos sobre el cuidado de la creación, una cuestión que Francisco ha desarrollado tanto.

Posibilidades técnicas y voluntad política para salvar el planeta

René Castro-Salazar, de la FAO, toma la palabra. En su discurso subrayó que todos, individuos, pueblos y Estados deben sentirse implicados en un cambio para salvar la Tierra. Dijo que existe la posibilidad de éxito, citando, por ejemplo, las buenas prácticas ambientales implementadas por Chile y Costa Rica. Las posibilidades técnicas para invertir la tendencia y abordar el cambio climático existen, repite, lo que se necesita es la voluntad política para hacerlo. Por eso necesitamos la cooperación de todos los Estados de los diferentes continentes, y necesitamos que la persona humana vuelva a estar en el centro de todos los procesos.

Los pueblos indígenas desafían a nuestro mundo

Mattia Prayer Galletti del FIDA describe el compromiso con los pueblos indígenas y dice inmediatamente que la organización "tiene como misión la lucha contra la pobreza rural", ya que el 75% de los pobres del mundo viven en estas zonas. Un compromiso que comenzó hace 30 años y que hoy en día hace que el Ifad financie 63 proyectos en 32 países de todas las regiones del mundo, llegando a 6 millones de personas y a unos 150 pueblos indígenas diferentes.

Afirmó, que se utilizan dos instrumentos para lograr los objetivos: el instrumento financiero para dar contenido a pequeños proyectos en contacto directo con la población local, y el instrumento político a través del Foro de Pueblos Indígenas que permite un diálogo continuo entre los pueblos indígenas, las organizaciones internacionales y los gobiernos. A continuación, enumera los desafíos que implica trabajar con los pueblos indígenas: el desafío económico, con el abandono del modelo económico actual "donde pocos toman y muchos toman demasiado poco".

Los pueblos indígenas son vistos a menudo como un obstáculo para el modelo económico depredador de hoy, pero no sólo porque viven en territorios de los que se pueden extraer enormes recursos, sino también porque "los principios en los que basan sus modelos de vida, los de compartir, dar, propiedad colectiva, rechazo de los residuos y responsabilidad común están en abierto conflicto con el modelo dominante". ¿Estamos seguros de que no tenemos nada que aprender?

Responsabilidad colectiva por los bienes comunes

El segundo desafío es el medio ambiente y "¿quién mejor que los pueblos indígenas puede ser considerado hoy como el mejor guardián de la creación? Aquellos que "han mantenido una estrecha relación con el entorno en el que viven de forma simbiótica, entorno con el que están interconectados". Además, dice, "en su cosmogonía la naturaleza tiene un elemento muy fuerte de espiritualidad", y el tercero es un desafío cultural. "Las culturas de los pueblos indígenas son fundamentales para la gestión de los recursos del planeta. Nuestra tarea es relacionarlos con el pensamiento científico en un diálogo constructivo.

Finalmente, el cuarto reto es el político: "Hasta que no entendamos la importancia de proteger los derechos de la naturaleza, así como los de los más débiles y los de las generaciones futuras, la mera conciencia de los problemas no será suficiente para encontrar una solución eficaz y duradera, dice. Una cuestión clave es el reconocimiento de la responsabilidad colectiva por los bienes comunes. Y la región amazónica es un bien común.

Pero hay un punto desde el cual no podemos ignorar: "Pero cómo lo hacemos -dice Galletti- reconociendo los bienes comunes, tratando con "nuestro" hogar común reconociéndonos en una sola humanidad, en una fraternidad compartida, con un sentido común del destino, donde todo lo que sucede en el planeta, sea cual sea la guerra, el desastre natural nos toca de cerca y nos empuja a reaccionar. Concluyendo su discurso, Galletti dice de nuevo: "La comunidad mundial necesita a los pueblos indígenas. Tenemos mucho que aprender de las culturas que valoran las relaciones comunitarias, el compartir, el profundo respeto por la naturaleza, interconectados con todos los elementos de la vida.

Trabajar para la formación de líderes éticos

El sociólogo Francisco Torralba habla de la importancia de la formación de líderes éticos para romper con la visión miope del mundo actual, para pasar del micro al macroespacio, es decir, universal, y describe cuáles deben ser las características y virtudes del nuevo líder: una persona que no sea arrogante sino generosa y capaz de trabajar junto a los demás. La función fundamental de un líder, dice, es la capacidad de entregarse a sí mismo, a sus talentos y habilidades, para que los demás puedan crecer sin confundir su persona con el servicio al que está llamado y, por lo tanto, ser capaz de transmitir el testimonio para seguir adelante. Y citando al Papa Francisco que afirma: "Vivimos un cambio de época y no sólo un cambio de época", concluye observando que se requiere un cambio de paradigma de liderazgo político para poder afrontar los retos de hoy y de mañana.

Difundir "una cultura de las virtudes" en el mundo

En el discurso final de Monseñor Fernando Chica Arellano, la pregunta fundamental: ¿qué hacer frente a la crisis social y ambiental que vive la Amazonía y que produce efectos a nivel universal? "Es necesario -responde- promover acciones sincrónicas y coordinadas a nivel internacional", porque "en un mundo interconectado y globalizado, sólo la cooperación puede producir resultados significativos y afectar concretamente a la realidad".

Muchas acciones ya están siendo promovidas por diversos actores para la protección de la región. Entre ellas, observa Monseñor Arellano, está la Iglesia Católica, pero para que todo este compromiso sea efectivo, destaca, es fundamental la actividad de empoderamiento y formación de las personas. "Este es el propósito del liderazgo ético que busca guiar el comportamiento humano en nombre de la honestidad, la confiabilidad, la transparencia y el cuidado de la casa común, en un intento de formar a los líderes políticos del mañana en nombre de los valores".

También es necesario difundir "una cultura de las virtudes" por todo el mundo. En este sentido, señala que "tenemos mucho que aprender de los pueblos indígenas", empezando por la generosidad en la vida para su propio pueblo, por el apego a la familia y el respeto a los ancianos, por la mejora de la vida y la espiritualidad, por el valor que se da al tiempo y a la sabiduría ligada a los ritmos y procesos de la naturaleza. Monseñor Arellano concluye con un deseo: "Todos podemos ser educados por esta forma de vida de los pueblos indígenas, que más que nadie ha preservado esta humanidad y el vínculo esencial con la Creación, ahora olvidados por el mundo occidental".

Es uno de los dos libros del Papa Francisco que serán publicados este jueves 24 de octubre. Se trata de "La Oración. El aliento de la vida nueva", un volumen que contiene discursos del Santo Padre acerca de este rasgo esencial de la vida cristiana, en particular sobre la plegaria del "Padre Nuestro". Pero el texto, además, incluye novedades, ya que posee material inédito escrito por el Pontífice especialmente para esta edición.

Esta obra - presentada en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort- se difundirá a partir de este jueves en Italia y Francia con un prefacio del Patriarca de Moscú, Kirill. Ese mismo día también saldrá a circulación “Nuestra Madre Tierra”, otro volumen con reflexiones de Francisco acerca de la defensa del medioambiente y la promoción de una vida digna para cada ser humano.

Ofrecemos a continuación un extracto del texto inédito del libro del Papa Francisco, "La Oración. El aliento de la vida nueva".

El aliento de la vida nueva*

*Texto inédito del Papa Francisco

El bautismo es el comienzo de la vida nueva. Pero, ¿qué significa vida nueva?

La vida nueva del bautismo no es nueva como cuando cambiamos de trabajo o nos mudamos a otra ciudad y decimos: Comencé una vida nueva. En estos casos, por supuesto, la vida cambia, tal vez mucho, es diferente de la anterior: mejor o peor, más interesante o agotadora, según el caso. Las condiciones, el contexto, los compañeros de trabajo, los conocidos, tal vez incluso las amistades, la casa, el salario, son diferentes. Pero no es una vida nueva, es la misma vida que continúa.

La vida nueva del bautismo también es diferente del vivir un cambio radical de nuestros sentimientos por un enamoramiento o una desilusión, una enfermedad, un imprevisto importante.

Cosas como estas pueden ocurrirnos como un terremoto, tanto interior como exteriormente: pueden cambiar los valores, las opciones de fondo: afectos, trabajo, salud, servicio a los demás... Tal vez, primero se pensaba en una carrera, pero luego se empieza a hacer un trabajo voluntario, ¡incluso a hacer de la propia vida un don para los demás! Primero no se pensaba en construir una familia, y luego se experimenta la belleza del amor conyugal y familiar.

También estos cambios, que son grandes y extraordinarios, todavía son “solo” transformaciones. Son modificaciones que nos llevan a una vida más bella y dinámica, o más difícil y agotadora. No es casualidad que cuando los relatamos siempre usamos el más y el menos. Decimos que han hecho nuestra existencia más bella, más alegre, apasionante. Es porque todavía estamos haciendo comparaciones entre cosas más o menos similares. Es como si estuviéramos midiendo las cosas en una escala de valores. La vida antes era alegría 5, ahora es alegría 7; la salud antes era 9, ahora es 4. ¡Los números cambian, pero no la sustancia de la vida!

Pero la vida nueva del bautismo no es nueva solo en comparación con el pasado, con la vida precedente, con la vida de antes. Nueva no significa reciente, no significa que haya habido una modificación, un cambio.

La vida de Dios es comunión y se nos da como amistad

La vida nueva de la que habla san Pablo en sus cartas nos recuerda el mandamiento nuevo de Jesús (cf. Jn 13,34); nos recuerda el vino nuevo del Reino (cf. Mc 14, 29), el cántico nuevo que los salvados cantan ante el trono de Dios (cf. Ap 5,9): realidades definitivas, diríamos, con una palabra teológica, escatológica.

Así, entendemos que para la vida nueva no es posible hacer comparaciones. ¿Se puede comparar la vida y la muerte, o la vida antes y después del nacimiento? Cristo no se hizo uno de nosotros, no vivió su Pascua de pasión, muerte y resurrección para “mejorar” nuestra vida, para hacerla más bella, más sabrosa, más larga, más intensa, fácil o feliz. Él vino -como nos dijo- para que tengamos vida en abundancia (cf. Jn 10,10).

Esta es la vida nueva, la vida que Dios Padre nos da en el bautismo. Es nueva porque es otra vida comparada con la nuestra, porque es precisamente Suya, es la vida misma de Dios. ¡Este es el gran regalo que Jesús nos ha dado y que nos da! Participar del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Participar del amor que Ellos tienen por todos los hombres y por toda la creación. ¡La vida nueva es la vida de Dios que nos ha sido dada!

Los cristianos siempre hemos buscado imágenes y símbolos para expresar este don inmenso. Somos muchos, diferentes y, sin embargo, somos uno, somos la Iglesia. Y esta unidad es aquella del amor, que no obliga, no humilla, no nos limita, sino que nos fortalece, nos edifica a todos juntos y nos hace amigos.

Jesús tiene una bella expresión en el Evangelio: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado” (Jn 17,3). Él mismo nos dice que la vida verdadera es el encuentro con Dios; y que el encuentro con Dios es el conocimiento de Dios.

Sabemos, pues, por la Biblia que no se conoce a una persona solo con la cabeza, porque conocer significa amar. Y esta es la vida de Dios que se nos da: el amor que se hace nuestro, y que poco a poco nos hace crecer, gracias al Espíritu Santo (Rm 5,5), e ilumina incluso nuestros pequeñas “gracias, ¿puedo?, perdón” de cada día.

Aunque las palabras son inadecuadas, se puede decir que la vida nueva es darse cuenta de la pertenencia a Alguien, de pertenecer a Alguien y, en Él, de pertenecer a todos. Pertenecer significa que cada uno es para el otro.

Esto me recuerda lo que dice la esposa del Cantar de los Cantares: “Mi amado es para mí y yo soy para mi amado” (Ct 2,16). Es así como el Espíritu Santo día tras día lleva a cumplimiento la oración de Jesús al Padre: “No ruego solo por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí: Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Jn 17,20-21).

Una de las imágenes más antiguas -ya utilizada por san Pablo- para expresar esta pertenencia, esta con-vida, es la del cuerpo, cuya Cabeza es Cristo y cuyos miembros somos nosotros “Ahora vosotros sois el cuerpo de Cristo y, cada uno según su parte, sus miembros”, 1Co 12, 27).

El símbolo del cuerpo

En el cuerpo humano hay algunas funciones esenciales, como los latidos del corazón y la respiración.

Me gusta imaginar que la oración personal y comunitaria de nosotros cristianos es el aliento, el latido del corazón de la Iglesia, que infunde su fuerza al servicio de quien trabaja, estudia, enseña; que hace fecundo el conocimiento de las personas instruidas y la humildad de los sencillos; que da esperanza a la tenacidad de quien lucha contra la injusticia.

La oración es nuestro sí al Señor, a su amor que nos alcanza; es acoger al Espíritu Santo que, sin jamás cansarse, derrama amor y vida sobre todos.

San Serafín de Sarov, gran maestro espiritual de la Iglesia rusa, decía: “Adquirir el Espíritu de Dios es, pues, el verdadero fin de nuestra vida cristiana, hasta el punto de que la oración, las vigilias, el ayuno, la limosna y otras acciones virtuosas hechas en nombre de Cristo no son sino medios para este fin”(1) . Uno no siempre es consciente de la respiración, pero no se puede dejar de respirar.

(1) San Serafín de Sarov, Conversación con Motovilov

VATICANO, 20 Oct. 19 (ACI Prensa).- El Papa Francisco destacó que la condición indispensable para vivir plenamente la misión es la oración por lo que animó a rezar por los misioneros.

Así lo indicó el Santo Padre en el rezo del Ángelus de este domingo 20 de octubre, día en que la Iglesia Universal celebra la Jornada Misionera Mundial.

“Para vivir plenamente la misión hay una condición indispensable: la oración, una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que Él cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, y sin cansarse nunca. Nunca”, explicó el Papa.

Reflexionando en el pasaje bíblico del Evangelio de San Lucas, el Pontífice destacó que “la oración es el primer apoyo del pueblo de Dios para los misioneros, rica de afecto y de gratitud por su difícil tarea de anunciar y donar la luz y la gracia del Evangelio a quienes aún no la han recibido”.

“Hoy es una bella ocasión para preguntarnos: ¿rezo por los misioneros? ¿Rezo por aquellos que van lejos a llevar la Palabra de Dios con el testimonio? Pensemos”, dijo el Papa.

Además, el Santo Padre recordó que la Jornada Misionera Mundial es “una ocasión favorable para que cada persona bautizada sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación de la Palabra, anunciando el Reino de Dios a través de un compromiso renovado”.

En esta línea, recordó la Carta Apostólica “Maximum illud” del Papa Benedicto XV escrita en 1919 con el objetivo de dar “un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia”.

Según explicó el Papa Francisco, tal documento advierte “la necesidad de mejorar evangélicamente la misión en el mundo, para que pudiera ser purificada de cualquier incrustación colonial y fuera libre de los condicionamientos de las políticas expansionistas de las naciones europeas”.

Al respecto, Francisco señaló que el mensaje de Benedicto XV “es todavía actual y estimula a superar la tentación de toda cerrazón autorreferencial y de toda forma de pesimismo pastoral, para abrirnos a la novedad alegre del Evangelio”.

“En este tiempo, marcado por una globalización que debería de ser solidaria y respetuosa de la particularidad de los pueblos, y en cambio sufre todavía la homologación y los viejos conflictos de poder que alimentan guerras y arruinan el planeta, los creyentes estamos llamados a llevar a todas partes, con nuevo entusiasmo, la buena noticia de que en Jesús la misericordia vence al pecado, la esperanza vence al miedo, la fraternidad vence a la hostilidad. Cristo es nuestra paz y en Él se supera toda división, solo en Él está la salvación de cada hombre y de cada pueblo”, expresó el Papa.

Por ello, el Pontífice confió a la Virgen María “Madre de todas las personas, que acompañe y proteja cada día a los misioneros del Evangelio”.

VATICANO, 20 Oct. 19 (ACI Prensa).- El Papa Francisco saludó y bendijo a la procesión del Señor de los Milagros en Roma que se realizó este domingo 20 de octubre.

“En particular saludo y bendigo con afecto a la comunidad peruana de Roma, aquí reunida con la venerada imagen del Señor de los Milagros”, dijo el Papa en italiano al concluir el rezo del Ángelus y añadió en español: “¡Conserven siempre la fe y las tradiciones de su pueblo!”.

El #SeñordelosMilagros este domingo en Roma #Octubre #MesMorado @HSMNazarenas pic.twitter.com/fETLRKqR3w

— Walter Sánchez Silva (@WSanchezSilva) 20 de octubre de 2019

El Señor de los Milagros, también llamado Cristo de Pachacamilla, Cristo Morado o Cristo Moreno es una imagen de Jesús pintada en una pared de adobe que se conserva en el Altar Mayor del Santuario de Las Nazarenas de Lima (Perú).

A mediados del siglo XVII los negros de Ángola formaron la cofradía de Pachacamilla y levantaron una edificación en donde uno de ellos pintó en la pared la imagen de Cristo.

El 13 de noviembre de 1655 un fuerte terremoto sacudió a Lima y Callao destruyendo buena parte de la ciudad y dejando varios miles de muertos. Todas las paredes de la Cofradía de los angoleños se cayeron, pero el muro de adobe con la imagen del Cristo permaneció en pie perfectamente, lo que fue considerado un milagro.

Cada año aumenta la fe al que llamaron Señor de los Milagros y hoy en día su procesión por las calles de lima en el mes de octubre congrega a millones de personas de diferentes partes del mundo.

También en Roma se vive esta devoción, la Hermandad del Señor de los Milagros tiene en la capital italiana alrededor de 200 miembros divididos en cuatro cuadrillas.

La procesión del #SeñordelosMilagros este domingo 20 de #Octubre en Roma #MesMorado @HSMNazarenas pic.twitter.com/RzaM44Ob42

— Walter Sánchez Silva (@WSanchezSilva) 20 de octubre de 2019

Desde hace más de una década se realiza una vez al año en el mes de octubre la procesión del Señor de los Milagros hasta la Plaza de San Pedro para compartir su devoción con los miles de peregrinos que asisten al Ángelus.

REDACCIÓN CENTRAL, 20 Oct. 19 (ACI Prensa).- El 20 de octubre la Iglesia celebra a San Pedro de Alcántara, protector de los celadores y guardias nocturnos, porque pasaba noches enteras rezando, meditando y sin dormir.

Nació en Alcántara en 1499. Estudió en la Universidad de Salamanca e ingresó a la orden Franciscana, donde fue ordenado sacerdote.

Llegó a ser superior de varios conventos, siendo modelo en el exacto cumplimiento de los reglamentos de la comunidad. Sus predicaciones llevaron a la conversión de muchos. Prefería lo auditorios de gente pobre porque consideraba que eran los que tenían más voluntad de convertirse.

En búsqueda de que los religiosos vivieran más la mortificación, la oración y la meditación, San Pedro de Alcántara fundó la rama franciscana de “estricta observancia” o “Alcantarinos”.

Murió de rodillas y diciendo las palabras del Salmo 121: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!".

Entre sus amigos se encontraba San Francisco de Borja y Santa Teresa de Ávila, a quien animaba en las persecuciones e incomprensiones que recibía.

Santa Teresa contó que San Pedro de Alcántara se le apareció después de muerto y le dijo: "Felices sufrimientos y penitencias en la tierra, que me consiguieron tan grandes premios en el cielo".

Más información del santo en el siguiente enlace:

Biografía

En su magistral Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco alude directamente a la problemática de la Cuenca Amazónica, resaltando la importancia que ésta tiene para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad.

Además de su importancia global en términos de producción de oxígeno (que constituye el tema central que manejan los medios de comunicación) el Papa pone de relieve, asimismo, que estos ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad tan compleja que es “casi imposible” de reconocer integralmente, pero cuando estas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, o se convierten en desiertos.

Aquí, precisamente, viene a colación una declaración categórica del propio Papa Francisco en lo tocante al tema de la pérdida de biodiversidad:

“No basta con pensar en las distintas especies sólo como eventuales ‘recursos explotables’, olvidando que tienen un valor en sí mismas: cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver”.

La inmensa mayoría se extingue por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios, con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.

Con relación a esta afirmación del Papa Francisco, en el sentido de que no tenemos derecho a extinguir la vida silvestre (con la que debemos compartir con equidad el planeta), es pertinente mencionar una coincidencia sorprendente que existe en la legislación de la materia en nuestro país.

Puedes leer: El compromiso profético de la Iglesia: Hacia una ecología integral

En efecto, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, desde su publicación en el año de 1988, señala indubitablemente que las especies de animales y vegetales silvestres, en general, tienen pleno derecho a existir (¡ahora y siempre!) y que nosotros, en consecuencia, tenemos la obligación, humanamente también establecida, de respetar sus derechos de origen y de orden claramente natural.

Veamos lo que textualmente dispone el citado artículo 83 de la Ley en referencia:

“El aprovechamiento de los recursos naturales, en áreas que sean el hábitat de especies de flora o fauna silvestres, especialmente de las endémicas, amenazadas o en peligro de extinción, deberá hacerse de manera que no se alteren las condiciones necesarias para (garantizar) la subsistencia, el desarrollo y la evolución de dichas especies” y, por ende, nosotros no tenemos (de acuerdo a nuestra propia normatividad en la materia)  el derecho a extinguirlas y ni siquiera el derecho a alterar sus condiciones básicas de existencia.

Una advertencia contundente

Si bien la Amazonia requiere de un cuidado especial, dada su enorme importancia para el equilibrio ecológico del planeta, cabe tener muy presentes las advertencias que al respecto nos hace el Papa Francisco, que lo reafirman como el Pontífice más sensible a los problemas ecológico/ambientales del planeta; los que tan admirablemente se compendian  en su multicitada encíclica Laudato si’:

“Un delicado equilibrio se impone a la hora de de hablar sobre estos lugares, porque tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales (implicadas). De hecho, existen propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales”.

Por ello, concluye el Papa Francisco, “es loable la tarea de organizaciones internacionales y de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan, críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio deber de preservar el ambiente y los recursos naturales en su país, sin venderse a intereses internacionales”.

Por todo lo anterior, inspirado en las acciones y reflexiones del Papa, auguramos gran éxito conceptual para el Sínodo sobre la Amazonia, que se está llevando a cabo precisamente en estas fechas en la propia Ciudad del Vaticano, con el lema Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral y una definición que lo dice todo: Ecología integral: el clamor de la tierra y de los pobres.

El autor es socio fundador de Bioconservación A.C., y su órgano de difusión la revista Supervivencia, coautor de anteproyectos de ley y titular de la Medalla Monterrey al Mérito Ecológico 2002. 


El juez inicuo y la viuda importuna (Lc 18, 1-8)

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres; sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’.

 “Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a él día y noche, y que los hará esperar?

Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?”

Cultura Bíblica 

El estilo de pensamiento judío, desarrollado a lo largo del Antiguo Testamento nos refleja un modo de pensar muy ligado a lo concreto.

En efecto, no hay en la literatura judía más antigua tratados sobre algún tema sino más bien, dichos o proverbios, himnos y enseñanzas parabólicas que por medio de relatos desarrollan lo que los judíos pensaban sobre distintos temas.

Jesús, en este sentido fue todo un maestro judío pues ocupó muchas parábolas para desarrollar su doctrina. Este domingo podemos ver una enseñanza bastante compleja donde se entrelazan tres temas importantes: el tema de la relación entre Dios y el hombre por medio de la oración. El segundo tema es el de la actitud amorosa permanente de Dios hacia la humanidad y el tercer tema es el de la necesidad de la fe para que opere todo esto.

Iniciamos por el tema de la fe. Este tema ha sido ya abordado por el Señor en textos anteriores al que leemos hoy y, en resumen, Jesús propone que la fe es una virtud que se hace concreta en acontecimientos, el ejemplo es “dirían a este árbol arráncate de aquí y plántate en el mar y éste les obedecería” (Lc 17,6), de acuerdo con esta afirmación la fe es el motor del señorío del hombre sobre las creaturas.

Puedes leer: 3 pasos para ser un buen misionero

Y el día de hoy resulta que la fe es el elemento esencial que lleva al hombre a invocar a Dios y mantener con Él una relación constante y profunda. ¿Qué creemos de Dios? o ¿en qué sentido le creemos a Dios? En esta misma enseñanza el Señor Jesús nos da la clave: el contenido más importante de la fe en Dios radica en creer en la relación que Él quiere establecer con nosotros, esta relación es de amor.

Dios nos ama como un Padre, para el Señor esta realidad fue tan clara que la oración que enseñó a los discípulos es el “Padre Nuestro”.

Aquí entra a colación el tercer tema que es: “Jesús les propuso esta parábola para inculcarles que es preciso orar siempre y sin desfallecer”. Jesús demuestra a sus discípulos que una razón para invocar a Dios de forma reiterada es la gran necesidad de justicia. Pero las motivaciones más profundas no radican en la necesidad sino en la fe y en el amor.

Nos acercamos a Dios, no únicamente a pedir, no únicamente porque tengamos grandes aflicciones, nos acercamos a Dios porque creemos en Él, nos ama y nosotros correspondemos a su amor. Sin embargo, Nuestro Señor acaba su discurso haciendo una pregunta que desconcierta: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en este mundo?”.

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El juez inicuo y la viuda importuna (Lc 18, 1-8)

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres; sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’.

 “Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a él día y noche, y que los hará esperar?

Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?”

Comentario

En varias ocasiones, los diversos evangelistas nos narran que Jesús enseñaba a sus discípulos a orar. Por  la tradición de Mateo (6,5 ss.) sabemos que antes de legarles la oración por excelencia –el Padre Nuestro- Jesús les indica que no sean como los hipócritas que gustan de orar en las esquinas para que la gente los vea, sino que busquen lo secreto para hablar con el Padre, quien les escuchará.

Por otro lado, en la tradición de san Marcos, casi al final del Evangelio, exactamente antes del relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, la última indicación que da a sus discípulos, antes del Misterio Pascual, es: “Velen y oren, para no caer en tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”; es por eso que los anima en la perseverancia de la oración (Mc. 14,38). En la tradición de san Lucas, en el evangelio que hemos escuchado este domingo, la invitación es a orar siempre y sin desfallecer (Lc. 18,1), pero esto no parece ser una oración virtuosa, sino más bien es una oración en defensa personal; me explico:

Después del seminario, donde rezábamos diariamente la Liturgia de las horas, el Rosario y meditábamos al menos media hora todos los días; como sacerdotes recién ordenados tuvimos que enfrentar el trauma de los eternos compromisos, de la avalancha de reuniones que tuvimos que llevar adelante y demandas que las personas hacían de nuestro tiempo y de nuestra persona.

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De manera que la oración fue lo que descuidé en mis primeros días como sacerdote, aquella que hacía siempre y sin desfallecer en el seminario.

Y es que los compromisos y encomiendas que nos hacen a los recién ordenados, parecen más una prueba de resistencia que una cordial bienvenida a un ministerio. Realmente nos enfrentamos a la barbarie de compromisos por cumplir y responsabilidades por llevar a cabo. Y, ¡sí!, en consecuencia, lo primero que descuidé fue la oración cotidiana.

Ahora, al paso de los años, veo que las responsabilidades y compromisos no han disminuido, pero asumo menos, en comparación con mis primeros años de ministerio. Ahora, he tomado la decisión de no ver el celular antes de rezar los laudes, eso poco a poco me ha regresado la calma al corazón, porque ya sé que tengo que hacer mil cosas todos los días y que muchas dependen de mí; sin embargo, me digo con toda calma: para todo habrá tiempo y si no lo hay, no importa, siempre y cuando haga lo más importante.

Es así como recuperé la oración en la vida cotidiana, que es oro para mí, no porque sea muy virtuoso; es oro para mí en defensa propia: de mi castidad y del ministerio que la Iglesia me encomendó.

No encuentro mayor recomendación para este Domingo Mundial de las Misiones que orar siempre y sin desfallecer…

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DOS PREGUNTAS a título personal son las que quiero enunciar y plantearte -amable lector- que tal vez te fastidien la noche, la tarde o el día completo (según la hora en que me estés leyendo), pero bien puedes ignorarlas y rápido pasar a otro artículo de este semanario; sin embargo -y como tú comprenderás- albergo la absoluta certeza que terminarás de leer, si no ya por fidelidad a esta columna, al menos por la bendita curiosidad que a grandes ratos parece malvada…

FORMULARÉ LA PRIMERA y te ruego que no me la tomes en contra de ti ni de nadie, más bien a favor tuyo y de quien se la pueda aplicar, que a fin de cuentas esta columna no tiene finalidad lesiva ni gansteril, mucho menos pretende fastidiar a quién más allá de unos pocos instantes; y la planteo en tono hipotético y como si te tuviera frente a mí, en vivo y a todo color…

¿QUÉ TAN BIEN he de estar si cuanto hay y sucede a mi alrededor lo califico y juzgo como negativo, incompleto, desatinado, mal, poco serio, superficial, palurdo, inútil, soez y hasta digo que no sirve para nada, que cómo carambas se les pudo ocurrir, que eso contradice a la experiencia, que de ahí no se sacará ventaja, que puras fallas, que mejor ni lo menciones, que está plagado de error, herejía, grosera exageración, y que todo eso ofende hasta el buen y refinado gusto más elemental???…

POR MUCHO MENOS de lo dicho, Santiago y Juan -discípulos de Jesús- pretendieron aniquilar con “fuego del cielo” a quienes les negaron hospedaje en Samaria (Lc 9, 52-54), y la respuesta de Jesús -¡siempre rebasando la altura de las circunstancias!- fue contundente reprendiendo a sus discípulos y encaminándose a otra aldea…

LA REALIDAD Y LOS QUE en ella habitamos somos variopintos: de chile, de verde, de rojo, de mole, de frijol, de dulce y algunos hasta desabridos, de modo que si todo lo juzgo como malo, incompleto y deficiente, lo más probable es que necesite un psicoterapeuta o un psiquiatra: el que está mal -sencillamente- soy yo…

Y AHÍ ANDAN -a sus anchas y quitados de la pena- quienes opinan y juzgan que ya nos llevó el tren, que nos cargó el payaso, que solo se nos va la vida en meter la pata (¡más que fastidiar luego causan más lástima de lo que lastiman!); no, por ahora ya nos les hago eco…

LA SEGUNDA PREGUNTA la formularé como en efecto espejo, equidistante pero en sentido inverso a la primera, y aquí la tienes: ¿qué tan BIEN he de estar si cuanto hay y sucede a mi alrededor lo califico y juzgo como positivo, bello, hermoso, perfecto, genial, exacto, y hasta me atrevo a darle “like”, a buscar que todo México se entere, y a proponerlo como pócima universal para remediar y poner fin a todos los achaques, y cómo no lo habían pensado antes, pero qué bueno que ya lo tenemos ahí, de modo que todo será como quinta transformación, que por fin llegó la solución a tanta deficiencia???: ¡uf!, ¡¡¡qué bien está todo y no podríamos estar mejor!!!…

TRAIGO A TU MEMORIA otro pasaje del Evangelio: la escena es en el monte Tabor y a los discípulos anteriores se les suma Pedro (Mc 9, 2-10) que luego de la transfiguración de Jesús, solo atina decir: “¡Qué bueno es quedarnos aquí: hagamos tres chozas!”; nos ayuda enormemente la claridad del evangelio que subraya diciendo: estaban espantados y no sabían lo que decían…

EN EFECTO: AHÍ ANDAN -en más vastas anchuras y con mayor ausencia de penas- quienes en tono irenista y bonachón, quienes suavizando la manteca y endulzando la melcocha todo lo juzgan en todo de rosa-talco, en aroma de ricitos de oro; peor se pone el horizonte cuando su opinión conserva el centro de su propio actuar, como si por decirlo o sugerirlo ellos mismos, ya trajera la garantía de la perfección; ¡Dios me libre siquiera de imaginar lo que cantaba el divo de Juárez: “todo lo haces muy bien tú, ser muy bueno es tu virtud!”, de plano el que estaría muy mal sería yo mismo…

UN MUNDO DE ENSUEÑO ya no aparece ni en los cuentos de hadas y princesas con sus princesos (perdón, pero ya salen tan de merengue que ni merecen título de “príncipes”); y repito que la realidad está llena de logros y fallas, unos y otros en diverso nivel e intensidad, de ahí que nos urge un buen umbral de aceptación que no se reduzca a la tolerancia, y una capacidad crítica que no se quede en mera criticonería; parafraseando a San Pablo podríamos decir: en el barro de esta vasija que somos, hemos de disponernos a conversar tesoros invaluables…

SI LOGRÉ MI OBJETIVO de fastidiarte el resto de la jornada, ahora acepta un linimento saludable, uno que nos devuelva a la realidad de todos los días, a constatar que somos de carne y hueso, que nos devuelva la identidad de peregrinos en este mundo avanzando entre luces y sombras, más de día si es que está nublado y no llueve, y más de noche si nos acompaña la Luna y no hay riesgo de tantas fieras…

Y COMO TAREA EN CASA vuelve a revisar y valorar que tu cónyuge, que tus hijos, que tus amigos, que tus vecinos -y todos los que se cruzan en tu vida-, tendremos tantos aciertos y tantos riesgos, tantos momentos luminosos como tremendas tinieblas que han de ceder ante la más pequeña luz; ¡exacto!, se trata de encender una pequeña luz, en eso sigamos…

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En el numeral 129 del Instrumento de trabajo del Sínodo Panamazónico se plantea, como sugerencia, lo siguiente: “Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”. Éste no es un tema central del Sínodo, pero ha suscitado mucho interés y polémica.

La aceptación de hombres casados y probados (viri probati) al ministerio sacerdotal es algo testimoniado en la Tradición Apostólica. En el Nuevo Testamento, en la Primera Carta a Timoteo (3,2-4), se pide que “el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar […], que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad”. Un hombre probado, de buena fama, maduro en la fe, que ha dado muestras de calidad humana y ha sabido ser buen esposo y padre, podía ser un candidato idóneo para recibir la ordenación episcopal.

Más tarde, se instauró en la Iglesia la disciplina de que solamente hombres célibes pudieran recibir la ordenación sacerdotal. En la Iglesia Católica de tradición oriental, empero, es posible que hombres casados sean ordenados como presbíteros (c. 758 CCEO). También en la Iglesia católica occidental hay algunos casos en los que se ha admitido a hombres casados al sacerdocio ministerial. El Papa Benedicto XVI ratificó esta posibilidad, en la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, al autorizar que algunos hombres casados, provenientes de la tradición anglicana, fueran ordenados como sacerdotes católicos.

El ministerio sacerdotal tiene como finalidad servir al Pueblo de Dios mediante la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la conducción de la comunidad. Pablo VI, en su encíclica Sacerdotalis caelibatus, de 1967, decía: “Toca a la autoridad de la Iglesia determinar, según los tiempos y los lugares, cuáles deben ser en concreto los hombres y cuáles sus requisitos, para que puedan considerarse idóneos para el servicio religioso y pastoral de la Iglesia misma”.

Las normas eclesiales deben favorecer y no obstaculizar la atención espiritual y pastoral de las comunidades, especialmente de aquellas que están necesitadas de ministros ordenados que puedan predicar el Evangelio y presidir la Eucaristía. Por ello, el instrumento de trabajo del Sínodo Panamazónico propone discutir, como se ha hecho ya en otros momentos, la opción de ordenar hombres casados, bajo ciertas condiciones.

Como ha señalado monseñor Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, se trata de una propuesta que responde a la realidad de dicha región, pero, independientemente de que se apruebe, esto no significaría un cambio en la disciplina secular de la Iglesia latina de que todos los sacerdotes se deben comprometer a vivir célibes.

Oramos al Espíritu Santo para que los Padres Sinodales hagan al Santo Padre la mejor propuesta que consideren conveniente para el bien de la Iglesia de Jesucristo, en este asunto tan complejo que ha abierto puerta a especulaciones de toda índole.

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Cuando descubrimos un obispo cercano y cordial subrayamos esta característica en seguida. Sin embargo, aunque esta nota debería ser de lo más normal, en ocasiones nos cruzamos con prelados a los que la mitra sirve más para alejar que para aproximar al pueblo a ellos encomendado. En Argentina, los sacerdotes y laicos con los que he convivido en diferentes parroquias son cálidos y acogedores. Muestran una Iglesia con corazón. Y, curiosamente, me he encontrado con pastores también cercanos y acogedores, que hacen sentir al que viene de fuera como en casa. En concreto, he tenido la oportunidad de conocer a Fernando Carlos Maletti, obispo de Merlo-Moreno, y a Óscar Miñarro, su obispo auxiliar. El obispo Maletti, en su praxis habitual, tiene muy en cuenta las recomendaciones del Papa Francisco para el ministerio episcopal: “Ser padre de todos los sacerdotes, interesarse por todos y buscarlos a todos, saber encontrar siempre el tiempo para escucharlos siempre que alguno lo pida o lo necesite, hacer que cada uno se siente estimado y respaldado por su obispo”. Monseñor Maletti ronda ya los 70 años, pero desgasta sus energías con sus curas. Él mismo entra en los turnos para cuidar a un anciano sacerdote de su diócesis, que es acompañado cada noche por un compañero presbítero. Si uno de sus curas lo llama para alguna necesidad, sabe que puede contar con él en cualquier momento. El obispo no hace esperar. Y si un sacerdote requiere de su presencia, no duda en ir a visitarlo a su casa ya sea un domingo por la tarde o cuando haga falta. Esto es ser padre. 

Cuando hay alguna celebración en alguna parroquia, los primeros que se ponen a servir en el ágape posterior a la eucaristía son los obispos. Fernando Maletti gusta de ponerse hablar con los más mayores, a los que escucha con atención. También suele tomar el mate en la plaza con las personas con las que se halla. Vive de manera sencilla y familiar con monseñor Miñarro, conformando una pequeña comunidad episcopal. Entre los dos se ve que hay una corriente de buen entendimiento y aprecio mutuo. De hecho, en muchas ocasiones el titular de la Diócesis cede la presidencia a su auxiliar. Son obispos que comparten el báculo o, mejor, comparten la pasión por su pueblo y por sus curas. También por los diáconos. Pude presenciar en la parroquia de la Virgen de la Merced de Merlo la eucaristía con motivo del día del diácono en la Diócesis. Ambos obispos están presentes para agradecer la entrega de sus 40 diáconos en la Iglesia diocesana. No solamente a ellos, también a sus esposas y a su familia. Preside la celebración el obispo auxiliar, al que se le ve una gran complicidad con sacerdotes y diáconos. Se nota esa relación de confianza, porque la liturgia está envuelta en un ritmo y en un ambiente que ayuda a la oración y al espíritu de fiesta. Al final monseñor Miñarro ha pedido al pueblo que bendiga a los diáconos. En nombre de todos, una mujer ha pronunciado una improvisada y sentida oración. Recordemos cómo Francisco, recién elegido Sucesor de Pedro, al salir al balcón de la Basílica vaticana pidió al pueblo que bendijera al nuevo Obispo de Roma. Ahí pueblo y pastores se funden en la unión de oración y de corazones.

Por Fernando Cordero Morales


«Puebla puso fundamentos muy serios para ir adelante» respecto a  la «evangelización de la cultura» y ha representado «un paso más adelante en el camino de la Iglesia latinoamericana hacia su madurez». Así recordó el Pontífice la iii Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se celebró en la ciudad mexicana en 1979. Francisco habló la mañana del jueves 3 de octubre, durante la audiencia a los participantes del congreso organizado en Roma por la Pontificia comisión para América Latina junto al Pontificio comité de ciencias históricas con ocasión del 40º aniversario del encuentro histórico.

Hermanos y hermanas, bienvenidos:

Agradezco al Reverendo Padre Bernard Ardura, Presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, sus amables palabras —y viéndolo así parece el vice-papa— me congratulo con el Comité y con la Comisión Pontificia para América Latina de haber querido conmemorar, con el Congreso que tiene lugar ahora en Roma, los 40 años de la iii Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla de los Ángeles. Me alegra poder encontrarme, aunque sea brevemente, con los relatores y organizadores de este evento. Les aseguro que me hubiera gustado tener más tiempo y compartir tantas vivencias y experiencias con ustedes. Si me permiten algún recuerdo personal, por entonces era Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina, y seguí con mucha atención e interés todo el intenso y apasionado proceso de preparación de esa tercera Conferencia. Tuve presente tres hechos sobresalientes que, sin duda, iban a encaminar el evento.  El primero de ellos fue la decisión de San Juan Pablo ii de realizar su primer viaje apostólico precisamente a México y de pronunciar el discurso inaugural de la Conferencia, que indicó con claridad los caminos para su desarrollo. Fue como la inauguración de su largo, itinerante y fecundo pontificado misionero. El segundo hecho que me pareció fundamental desde el principio de la preparación de la Conferencia fue tomar la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de San Pablo vi como telón de fondo y fuente de referencia para toda su realización. Evangelii nuntiandi es el mejor documento pastoral del post-concilio y hoy todavía tiene vigencia. Y una cosa personal: cuando me tuve que quedar en Roma, por razones ajenas a mi voluntad, pedí que me trajeran muy pocos libros, muy pocos, no más de siete, y entre ellos estaba el texto primero que yo tuve de Evangelii nuntiandi subrayado, Redemptoris Mater de san Juan Pablo ii con todos los papeles que yo había tomado para dar retiros espirituales, y el documento de Puebla totalmente evidenciado en diversos colores. Esto para decirles como seguí de cerca en aquel momento todo esto. No pocas veces he repetido que, para mí, la Evangelii nuntiandi es un documento decisivo, de gran riqueza, en el camino post-conciliar de la Iglesia. 

Más aún Evangelii gaudium es un elegante plagio de Evangelii nuntiandi y del documento de Aparecida. Saben, salto de ahí.  Siguiendo su estela y junto con el Documento de Aparecida, vino la Exhortación apostólica Evangelii gaudium. El tercer hecho importante fue tomar como punto de partida las intuiciones y opciones proféticas de la Conferencia de Medellín para, en Puebla, dar un paso más adelante en el camino de la Iglesia latinoamericana hacia su madurez.

Sé que ustedes están estudiando con proyección los contenidos de la Conferencia de Puebla. Recuerdo algunos de los más significativos: la novedad de una autoconciencia histórica de la Iglesia en América Latina; una buena eclesiología que retoma la imagen y el camino del pueblo de Dios en el Concilio Vaticano ii; una mariología bien inculturada; los capítulos más ricos y creativos sobre la evangelización de la cultura y de la piedad popular en América Latina; esto de la evangelización de las culturas, Puebla puso fundamentos muy serios para ir adelante: la crítica valiente del desconocimiento de los derechos humanos y libertades en aquellos tiempos que se vivían en la región y las opciones por los jóvenes, los pobres y los constructores de la sociedad.  Muchos de ustedes lo vivieron de cerca, y tenemos a “l’enfant terrible” de aquella época que supo profetizar y llevar adelante las cosas.

Se puede decir que Puebla sentó las bases y abrió caminos hacia Aparecida. Curioso que de Puebla se salta a Aparecida. Santo Domingo, que tiene sus méritos, pero quedó ahí. Porque Santo Domingo estuvo muy condicionada por los compromisos. Y el santo Obispo de Mariana, que fue el redactor ahí, tuvo que negociar con todos para que saliera; algo sirve, que es bueno, pero no tiene la convocatoria ni de Puebla ni de Aparecida. Bueno, son los vaivenes de la historia, sin disminuir la calidad de Santo Domingo, pero Puebla fue un pilar y salta a Aparecida.  Bastaría afirmar sólo esto para destacar la buena oportunidad de conmemorar sus 40 años, no sólo mirando hacia atrás, sino proyectándola hasta nuestros días eclesiales. 

Y sigan trabajando por favor en estas cosas, en estos documentos del episcopado latinoamericano que tienen mucho jugo, mucho meollo, mucho jugo. Y que son capaces de llevar adelante riquezas muy grandes de América latina, sobre todo su piedad popular. Algunos en Argentina preguntaban: pero ¿por qué es tan rica la piedad popular? Porque no fue clericalizada. Como a los curas no les importaba, el pueblo se organizó a su manera. Es verdad que san Pablo vi, en el número 48 de Evangelii nuntiandi, tiene que decir: “bueno, algunas cosas hay que purificar”, pero después de alabar el movimiento y de cambiar el nombre. Antes era religiosidad popular, ahora es piedad popular, él cambió el nombre, Aparecida va más allá y habla de espiritualidad popular. Gracias por todo lo que están haciendo. Juntos los invito a rezar a la Virgen de Guadalupe y pedir su bendición.


Sin dudas, uno de los mayores desafíos del siglo XXI es asegurar la suficiente energía y agua para el bienestar de la humanidad, manteniendo, al mismo tiempo, la salud ecológica, integridad y capacidad de recuperación de las cuencas hidrográficas. Moema Maria Marques de Miranda, laica franciscana, asesora de la Red Eclesial Panamazónica, repam y de “Iglesias y Minería” (Brasil) lo sabe bien. Este mes está en Roma para participar en el Sínodo como auditora y, desde la experiencia en el terreno, sostiene que: “las sequías, el aumento de la población, la sobreexplotación económica y la mala gestión de recursos han convertido la escasez de agua potable en un grave problema planetario cuyo futuro se prevé aún más funesto”. En esta entrevista con L’Osservatore Romano desgrana los puntos clave que explican el valor trascendental de este Sínodo sobre el pulmón del planeta y su repercusión a nivel global.

¿Cuál es la importancia del Sínodo para la Iglesia y la sociedad de la Panamazonia? 

Estamos viviendo un momento único en la humanidad no solamente en América latina , es un momento crucial , un momento determinado por un cruce inédito de urgencias. Y este Sínodo responde a estas urgencias. Hoy la Iglesia tiene conciencia clara de que cuidar de la casa común, forma parte de nuestra fe, es una consecuencia de nuestra fe.  Uno de los desafíos para la Iglesia es mostrar la vida de la Iglesia de la Amazonía y todo lo que de positivo se ha llevado a cabo, así como los sueños, aspiraciones, gritos, clamores y sufrimientos de sus comunidades. 

¿Cómo discernir el camino que se debe seguir?

¡Nuestra casa está en llamas! La selva amazónica no es solamente de Brasil ni de los países por los que se extiende, desde Bolivia hasta Ecuador, de Perú a Colombia. Pertenece a la entera humanidad. Conservar la Amazona es obligación de todos. El colosal bosque tropical es una de las regiones más ricas en cuanto a diversidad y una imprescindible fuente de oxígeno. Contribuye de manera decisiva a regular el clima mundial, es un gran sumidero de dióxido de carbono e impacta en la circulación de las corrientes oceánicas. Por lo tanto la destrucción del pulmón del planeta debe ser abordada como una crisis de alcance global y con el concurso de la comunidad internacional. En los últimos 60 años la cuenca amazónica ha perdido ya un 20% de su superficie a causa de la deforestación. Este Sínodo ha sido convocado en el 2017 y esto demuestra que la Iglesia hoy y siempre camina junto a los hombres que sufren las consecuencias de este tiempo presente. La sensibilidad del Papa Francisco, además , ha entendido que las soluciones a los grandes problemas del mundo pueden llegar también desde las periferias. Son las periferias que traen al centro nuevos modelos de vida más compatibles con los problemas actuales. Actualmente la lucha por tierras y recursos representa una de las principales causas de violación de derechos humanos a nivel global. Cada semana son asesinados una media de dos indígenas por oponerse a los destructores del medio ambiente. La Iglesia martirial de América latina es fiel al Papa y a la Iglesia universal en el transitar este camino. 

¿Cuál es la principal amenaza para la Amazonia en este momento?

La deforestación, los incendios forestales y los macroproyectos autorizados por el Gobierno que abren paso a los grandes cultivos, a las explotaciones a gran escala, como las de soja, caña de azúcar o eucalipto, junto a la explotación minera. Bergoglio, desde que fue elegido Papa en 2013, ha convertido la ecología en uno de los pilares de su pontificado. En esa línea, la situación de la selva amazónica y de los pueblos indígenas que la habitan son elementos recurrentes de su magisterio. 

¿Qué es la Amazonia para los pueblos indígenas?

Es la vida. Pero en realidad  lo que sucede en nuestro continente afecta a todo el planeta. Un estornudo amazónico podría significar una gripe en Europa. Algo así como el efecto mariposa del que tanto se habla. No se pueden aislar los casos.

Por Silvina Pérez


Pastoral, cultural, social y ecológica: son las cuatro dimensiones del Sínodo para la Amazonía ilustradas por el Papa Francisco en el discurso improvisado de forma espontánea en español la mañana del lunes, 7 de octubre, en el Aula del Sínodo, con ocasión de la apertura de los trabajos.

Hermanos y hermanas, 

¡buenos días!

 Bienvenidos y gracias por vuestro trabajo preparatorio: todos han trabajado mucho, desde aquel momento en Puerto Maldonado hasta hoy. Muchas gracias. [Pronunciado en italiano]

El Sínodo… voy a hablar en castellano, mejor.

El Sínodo para la Amazonia podemos decir que tiene cuatro dimensiones: la dimensión pastoral, la dimensión cultural, la dimensión social y la dimensión ecológica. La primera, la dimensión pastoral es la esencial, la que abarca todo. Nos acercamos con corazón cristiano y vemos la realidad de la Amazonia con ojos de discípulo para comprenderla e interpretarla con ojos de discípulo, porque no existen hermenéuticas neutras, hermenéuticas asépticas, siempre están condicionadas por una opción previa, nuestra opción previa es la de discípulos. Y también con ojos de misioneros, porque el amor que el Espíritu Santo puso en nosotros nos impulsa al anuncio de Jesucristo; un anuncio —todos sabemos— que no se tiene que confundir con proselitismo, pero nos acercamos a considerar la realidad amazónica, con este corazón pastoral, con ojos de discípulos y misioneros porque nos apura el anuncio del Señor. Y también nos acercamos a los pueblos amazónicos en punta de pie, respetando su historia, sus culturas, su estilo del buen vivir, en el sentido etimológico de la palabra, no en el sentido social que tantas veces le damos, porque los pueblos poseen entidad propia, todos los pueblos, poseen una sabiduría propia, conciencia de sí, los pueblos tienen un sentir, una manera de ver la realidad, una historia, una hermenéutica y tienden a ser protagonistas de su propia historia con estas cosas, con estas cualidades. Y nos acercamos ajenos a colonizaciones ideológicas que destruyen o reducen la idiosincrasia de los pueblos. 

Hoy es tan común esto de las colonizaciones ideológicas. Y nos acercamos sin el afán empresarial de hacerles programas preconfeccionados, de “disciplinar” a los pueblos amazónicos, disciplinar su historia, su cultura; eso no, ese afán de domesticar los pueblos originarios. Cuando la Iglesia se olvidó de esto, de cómo tiene que acercarse a un pueblo, no se inculturizó; incluso llego a menospreciar a ciertos pueblos. Y cuántos fracasos de los cuales hoy nos lamentamos. Pensemos en De Nobile en India, Ricci en China y tantos otros. El centralismo “homogeneizante” y “homogeneizador” no dejó surgir la autenticidad de la cultura de los pueblos. Las ideologías son un arma peligrosa, siempre tendemos a agarrar una ideología para interpretar un pueblo. Las ideologías son reductivas, y nos llevan a la exageración en nuestra pretensión de comprender intelectualmente, pero sin aceptar, comprender sin admirar, comprender sin asumir, y entonces se recibe la realidad en categorías, las más comunes son las categorías de “ismos”. Entonces cuando tenemos que acercarnos a la realidad del algún pueblo originario hablamos de indigenismos, y cuando queremos darle alguna pista de salida a su vivir mejor, no le preguntamos, hablamos de desarrollismo. Estos “ismos” reformulan la vida desde el laboratorio ilustrado e iluminista. Son lemas que van echando raíces y programan el acercamiento a los pueblos originarios. En nuestro país, un lema: “civilización y barbarie” sirvió para dividir, para aniquilar y llegó al culmen, hacia fines de los años 80, a aniquilar la mayoría de los pueblos originarios, porque eran “barbarie” y la “civilización” venía de otro lado. Es el desprecio de los pueblos y —voy a la experiencia de mi tierra— eso, “civilización y barbarie”, que sirvió para aniquilar pueblos, todavía sigue en mi patria, con palabras ofensivas, y entonces se habla de civilización de segundo grado, los que vienen de la barbarie; y hoy son los “bolitas, los paraguayos, los paraguas, los cabecitas negras”, siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo calificándolo y poniendo distancias. Esa es la experiencia de mi país. Y después el desprecio. Ayer me dio mucha pena escuchar aquí dentro un comentario burlón sobre ese señor piadoso que llevó las ofrendas con plumas en la cabeza, decime: ¿Qué diferencia hay entre llevar plumas en la cabeza y el “tricornio” que usan algunos oficiales de nuestros dicasterios? Entonces corremos el riesgo de proponer medidas simplemente pragmáticas, cuando por el contrario se nos pide una contemplación de los pueblos, una capacidad de admiración, que hagan hacer un pensamiento paradigmático. Si alguno viene con intenciones pragmáticas rece el “yo pecador”, se convierta y abra el corazón hacia una perspectiva paradigmática que nace de la realidad de los pueblos. No hemos venido aquí a inventar programas de desarrollo social o de custodia de culturas, de tipo museo, o de acciones pastorales con el mismo estilo no contemplativo con el que se están llevando adelante las acciones de signo contrario: deforestación, uniformización, explotación. Ellos también hacen programas que no respetan la poesía —me permito la palabra—, la realidad de los pueblos que es soberana. También tenemos que cuidarnos de la mundanidad en el modo de exigir puntos de vista, cambios en la organización. La mundanidad se infiltra siempre y nos hace alejar de la poesía de los pueblos. Venimos a contemplar, a comprender, a servir a los pueblos; y lo hacemos recorriendo un camino sinodal, lo hacemos en sínodo, no en mesas redondas, no en conferencias o en discusiones ulteriores; lo hacemos en sínodo, porque un sínodo no es un parlamento, no es un locutorio, no es demostrar quién tiene más poder sobre los medios y quién tiene más poder entre las redes para imponer cualquier idea o cualquier plan. Esto configuraría una Iglesia congregacionalista, si pretendemos buscar por medio de las encuestas quién tiene mayoría. 

O una Iglesia sensacionalista tan lejana, tan distante de nuestra Santa Madre la Iglesia católica, o como gustaba decir a san Ignacio: “nuestra Santa Madre la Iglesia jerárquica”. Sínodo es caminar juntos bajo la inspiración y la guía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el actor principal del sínodo. Por favor, no lo echemos de la sala. Se hicieron consultas, se discutieron en las Conferencias Episcopales, en el Consejo Presinodal, se elaboró el Instrumentum laboris que, como saben, es un texto mártir, destinado a ser destruido, porque es punto de partida para lo que el Espíritu va a hacer en nosotros y, ahora, caminar nosotros bajo la guía del Espíritu Santo. Ahora hay que dejar que el Espíritu Santo se exprese en esta Asamblea, se exprese entre nosotros, se exprese con nosotros, a través de nosotros y se exprese “pese” a nosotros, pese a nuestras resistencias, que es normal que las haya, porque la vida del cristiano es así.

Y entonces, ¿cuál será nuestro trabajo aquí para asegurar que esta presencia del Espíritu Santo sea fecunda? Primero de todo, orar. Hermanas y hermanos: yo les pido que recemos mucho. Reflexionar, dialogar, escuchar con humildad, sabiendo que yo no sé todo. Y hablar con coraje, con parresía, aunque tenga que pasar vergüenza, decir lo que siento, discernir y, todo esto dentro, custodiando la fraternidad que debe existir aquí dentro. Y para favorecer esta actitud de reflexión, oración, discernimiento, de escuchar con humildad y hablar con coraje. Después de cuatro intervenciones tendremos un espacio de cuatro minutos de silencio. Alguno decía: “Es peligroso, Padre, porque se van a dormir”. La experiencia del Sínodo sobre los jóvenes, que hicimos lo mismo era más bien la contraria, que tendían a dormirse durante las intervenciones, al menos sobre algunas, y se despertaban en el silencio. Finalmente, estar en el sínodo es animarse a entrar en un proceso. No es ocupar un espacio en la sala. Entrar en un proceso. Y los procesos eclesiales tienen una necesidad. Necesitan ser custodiados, cuidados, como el bebé, acompañados al inicio. Cuidados con delicadeza. Necesitan calor de comunidad, necesitan calor de Madre Iglesia. 

Un proceso eclesial crece así. Por eso, la actitud de respeto, de cuidar la atmósfera fraternal, el aire de intimidad es importante. Y se trata de no ventilar todo, como viene, afuera. Pero no se trata respecto a quienes debemos informar de un secreto más propio de las logias que de la comunidad eclesial, pero sí de delicadeza y de prudencia en la comunicación que haremos fuera. Y esta necesidad de comunicar fuera a tanta gente que quiere saber, a tantos hermanos nuestros, periodistas, que tienen la vocación de servir a que se sepa, y para ayudar a esto, están previstos los servicios de prensa, los briefings, etc. Pero, un proceso como el de un s nodo se puede arruinar un poco si yo al salir de la sala digo lo que pienso, digo la mía, y entonces se da esa característica que se vio en algunos sínodos: del sínodo de adentro y del sínodo de afuera. 

El sínodo de adentro que sigue un camino de Madre Iglesia, de cuidado de los procesos y el sínodo de afuera que, por una información dada con ligereza, dada con imprudencia, mueve a los informadores de oficio a equivocaciones. Gracias por esto que ustedes están haciendo, gracias por rezar unos por otros, y ánimo. Y, por favor, no perdamos el sentido del humor.


VATICANO, 20 Oct. 19 (ACI Prensa).- El Papa Francisco animó a ser misioneros y a renunciar a las cosas materiales inútiles “que empequeñecen el corazón” porque el secreto de la misión es que “para partir se necesita dejar, para anunciar se necesita renunciar”.

Así lo indicó el Santo Padre al celebrar la Misa por la Jornada Misionera Mundial este domingo 20 de octubre, en la que explicó que “el anuncio creíble no está hecho de hermosas palabras, sino de una vida buena: una vida de servicio, que sabe renunciar a muchas cosas materiales que empequeñecen el corazón, nos hacen indiferentes y nos encierran en nosotros mismos; una vida que se desprende de lo inútil que ahoga el corazón y encuentra tiempo para Dios y para los demás”.

“Podemos preguntarnos: ¿Cómo es mi subida? ¿Sé renunciar a los equipajes pesados e inútiles de la mundanidad para subir al monte del Señor?”, cuestionó el Papa.

En su homilía, el Pontífice describió que para vivir la misión es necesario “subir al monte a rezar por todos y bajar del monte para hacerse don a todos”.

“El monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un único abrazo, el de la oración. El monte nos hacer ir a lo alto, lejos de tantas cosas materiales que pasan; nos invita a redescubrir lo esencial, lo que permanece: Dios y los hermanos”, afirmó.

En este sentido, Francisco señaló que “la misión comienza en el monte: allí se descubre lo que cuenta. En el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿Qué es lo que cuenta para mí en la vida? ¿Cuáles son las cumbres que deseo alcanzar?”.

Además, el Papa Francisco subrayó la importancia de anunciar a todos. “Sabe que nosotros somos testarudos al repetir ‘mío’ y ‘nuestro’: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad..., y Él no se cansa de repetir: ‘todos’. Todos, porque ninguno está excluido de su corazón, de su salvación; todos, para que nuestro corazón vaya más allá de las aduanas humanas, más allá de los particularismos fundados en egoísmos que no agradan a Dios. Todos, porque cada uno es un tesoro precioso y el sentido de la vida es dar a los demás este tesoro”.

“El imperativo de Jesús en el Evangelio es id. Todos los días cruzamos a muchas personas, pero — podemos preguntarnos— ¿vamos al encuentro de esas personas? ¿Hacemos nuestra la invitación de Jesús o nos quedamos en nuestros propios asuntos? Todos esperan cosas de los demás, el cristiano va hacia los demás… El testigo de Jesús va al encuentro de todos, no sólo de los suyos, de su grupito”, advirtió el Papa.

De este modo, el Santo Padre afirmó: “Jesús también te dice: Ve, ¡no pierdas la ocasión de testimoniar!. Hermano, hermana: El Señor espera de ti ese testimonio que nadie puede dar en tu lugar”, animó Francisco quien animó a ser discípulos. “La Iglesia anuncia bien sólo si vive como discípula. Y el discípulo sigue cada día al Maestro y comparte con los demás la alegría del discipulado. No conquistando, obligando, haciendo prosélitos, sino testimoniando, poniéndose en el mismo nivel, discípulos con los discípulos, ofreciendo con amor ese amor que hemos recibido”.

“Esta es la misión: dar aire puro, de gran altitud, a quien vive inmerso en la contaminación del mundo; llevar a la tierra esa paz que nos llena de alegría cada vez que encontramos a Jesús en el monte, en la oración; mostrar con la vida e incluso con palabras que Dios ama a todos y no se cansa nunca de ninguno”, dijo.

Al finalizar, el Papa Francisco explicó que “cada uno de nosotros tiene, cada uno de nosotros es una misión en esta tierra” y añadió que “estamos aquí para testimoniar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jesús”.

“Ánimo, ¡Él espera mucho de ti! El Señor tiene una especie de ansiedad por aquellos que aún no saben que son hijos amados del Padre, hermanos por los que ha dado la vida y el Espíritu Santo. ¿Quieres calmar la ansiedad de Jesús? Ve con amor hacia todos, porque tu vida es una misión preciosa: no es un peso que soportar, sino un don para ofrecer. Ánimo, sin miedo, ¡vayamos al encuentro de todos!”, concluyó.

VATICANO, 20 Oct. 19 (ACI Prensa).- El Papa Francisco celebró este domingo 20 de octubre la Santa Misa por la Jornada Misionera Mundial con ocasión del Mes Misionero Extraordinario en la que animó a los fieles católicos a “testimoniar, bendecir, consolar, levantar y transmitir la belleza de Jesús”.

En la Eucaristía realizada en el interior de la Basílica de San Pedro del Vaticano el Santo Padre señaló que “la Iglesia anuncia bien sólo si vive como discípula. Y el discípulo sigue cada día al Maestro y comparte con los demás la alegría del discipulado. No conquistando, obligando, haciendo prosélitos, sino testimoniando, poniéndose en el mismo nivel, discípulos con los discípulos, ofreciendo con amor ese amor que hemos recibido”.

A continuación, la homilía pronunciada por el Papa Francisco:

Quisiera escoger tres palabras de las lecturas: un sustantivo, un verbo y un adjetivo. El sustantivo es el monte: de esto habla Isaías, cuando profetiza acerca de un monte del Señor, más elevado que las colinas, al que confluirán todas las naciones (cf. Is 2,2). El monte vuelve en el Evangelio, ya que Jesús, después de su resurrección, indica a los discípulos, como lugar de encuentro, un monte de Galilea, precisamente en Galilea, que está habitada por muchos pueblos diferentes, la «Galilea de los gentiles» (cf. Mt 4,15). Entonces, pareciera que el monte es el lugar donde a Dios le gusta dar cita a toda la humanidad. Es el lugar del encuentro con nosotros, como muestra la Biblia, desde el Sinaí pasando por el Carmelo, hasta llegar a Jesús, que proclamó las Bienaventuranzas en la montaña, se transfiguró en el monte Tabor, dio su vida en el Calvario y ascendió al cielo desde el monte de los Olivos. El monte, lugar de grandes encuentros entre Dios y el hombre, es también el sitio donde Jesús pasa horas y horas en oración (cf. Mc 6,46), uniendo la tierra y el cielo; a nosotros, sus hermanos, con el Padre.

¿Qué significado tiene para nosotros el monte? Que estamos llamados a acercarnos a Dios y a los demás: a Dios, el Altísimo, en el silencio, en la oración, tomando distancia de las habladurías y los chismes que contaminan. Pero también a los demás, que desde el monte se ven en otra perspectiva, la de Dios que llama a todas las personas: desde lo alto, los demás se ven en su conjunto y se descubre que la belleza sólo se da en el conjunto. El monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un único abrazo, el de la oración. El monte nos hacer ir a lo alto, lejos de tantas cosas materiales que pasan; nos invita a redescubrir lo esencial, lo que permanece: Dios y los hermanos. La misión comienza en el monte: allí se descubre lo que cuenta. En el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿Qué es lo que cuenta para mí en la vida? ¿Cuáles son las cumbres que deseo alcanzar?

Un verbo acompaña al sustantivo monte: subir. Isaías nos exhorta: «Venid, subamos al monte del Señor» (2,3). No hemos nacido para estar en la tierra, para contentarnos con cosas llanas, hemos nacido para alcanzar las alturas, para encontrar a Dios y a los hermanos. Pero para esto se necesita subir: se necesita dejar una vida horizontal, luchar contra la fuerza de gravedad del egoísmo, realizar un éxodo del propio yo. Subir, por tanto, cuesta trabajo, pero es el único modo para ver todo mejor, como cuando se va a la montaña y sólo en la cima se vislumbra el panorama más hermoso y se comprende que no se podía conquistar sino avanzando por aquel sendero siempre en subida.

Y como en la montaña no se puede subir bien si se está cargado de cosas, así en la vida es necesario aligerarse de lo que no sirve. Es también el secreto de la misión: para partir se necesita dejar, para anunciar se necesita renunciar. El anuncio creíble no está hecho de hermosas palabras, sino de una vida buena: una vida de servicio, que sabe renunciar a muchas cosas materiales que empequeñecen el corazón, nos hacen indiferentes y nos encierran en nosotros mismos; una vida que se desprende de lo inútil que ahoga el corazón y encuentra tiempo para Dios y para los demás. Podemos preguntarnos: ¿Cómo es mi subida? ¿Sé renunciar a los equipajes pesados e inútiles de la mundanidad para subir al monte del Señor?

Si el monte nos recuerda lo que cuenta —Dios y los hermanos—, y el verbo subir cómo llegar, una tercera palabra resuena hoy con mayor fuerza. Es el adjetivo todos, que prevalece en las lecturas: «todas las naciones», decía Isaías (2,2); «todos los pueblos», hemos repetido en el salmo; Dios quiere «que todos los hombres se salven», escribe Pablo (1 Tm 2,4); «id y haced discípulos a todos los pueblos», pide Jesús en el Evangelio (Mt 28,19). El Señor es obstinado al repetir este todos. Sabe que nosotros somos testarudos al repetir “mío” y “nuestro”: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad..., y Él no se cansa de repetir: “todos”. Todos, porque ninguno está excluido de su corazón, de su salvación; todos, para que nuestro corazón vaya más allá de las aduanas humanas, más allá de los particularismos fundados en egoísmos que no agradan a Dios. Todos, porque cada uno es un tesoro precioso y el sentido de la vida es dar a los demás este tesoro. Esta es la misión: subir al monte a rezar por todos y bajar del monte para hacerse don a todos.

Subir y bajar: el cristiano, por tanto, está siempre en movimiento, en salida. De hecho, el imperativo de Jesús en el Evangelio es id. Todos los días cruzamos a muchas personas, pero — podemos preguntarnos— ¿vamos al encuentro de esas personas? ¿Hacemos nuestra la invitación de Jesús o nos quedamos en nuestros propios asuntos? Todos esperan cosas de los demás, el cristiano va hacia los demás. El testigo de Jesús jamás busca ser destinatario de un reconocimiento de los demás, sino que es él quien debe dar amor al que no conoce al Señor. El testigo de Jesús va al encuentro de todos, no sólo de los suyos, de su grupito. Jesús también te dice: “Ve, ¡no pierdas la ocasión de testimoniar!”. Hermano, hermana: El Señor espera de ti ese testimonio que nadie puede dar en tu lugar. «Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. [...] Así tu preciosa misión no se malogrará» (Exhort. apost. Gaudete et exsultate, 24).

¿Qué instrucciones nos da el Señor para ir al encuentro de todos? Una sola, muy sencilla: haced discípulos. Pero, atención: discípulos suyos, no nuestros. La Iglesia anuncia bien sólo si vive como discípula. Y el discípulo sigue cada día al Maestro y comparte con los demás la alegría del discipulado. No conquistando, obligando, haciendo prosélitos, sino testimoniando, poniéndose en el mismo nivel, discípulos con los discípulos, ofreciendo con amor ese amor que hemos recibido. Esta es la misión: dar aire puro, de gran altitud, a quien vive inmerso en la contaminación del mundo; llevar a la tierra esa paz que nos llena de alegría cada vez que encontramos a Jesús en el monte, en la oración; mostrar con la vida e incluso con palabras que Dios ama a todos y no se cansa nunca de ninguno.

Queridos hermanos y hermanas: Cada uno de nosotros tiene, cada uno de nosotros “es una misión en esta tierra” (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 273). Estamos aquí para testimoniar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jesús. Ánimo, ¡Él espera mucho de ti! El Señor tiene una especie de ansiedad por aquellos que aún no saben que son hijos amados del Padre, hermanos por los que ha dado la vida y el Espíritu Santo. ¿Quieres calmar la ansiedad de Jesús? Ve con amor hacia todos, porque tu vida es una misión preciosa: no es un peso que soportar, sino un don para ofrecer. Ánimo, sin miedo, ¡vayamos al encuentro de todos!

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Todos los países y todos los habitantes somos responsables del futuro de la Tierra, en especial las nuevas generaciones que heredarán un mundo en estado de coma”. Con estas palabras, René Castro-Salazar, Subdirector General de FAO encargado de cambio climático y Ex ministro Relaciones Exteriores, Medio Ambiente y Energía de Costa Rica, ha dado inicio a su ponencia durante el seminario que se ha llevado a cabo en la tarde del 19 de octubre en el atrio del Aula Sala Pablo VI del Vaticano bajo el tema: “Los retos de la Región Panamazónica: cooperación necesaria entre las Organizaciones Internacionales y la Iglesia Católica y liderazgo ético”.

René Castro también ha hablado de la necesidad de reeducarnos - en términos de hábitos de vida y consumo – y de asumir que la política - a través del voto - otorga la oportunidad a los ciudadanos de favorecer a quienes están comprometidos seriamente, con la urgencia que nos impone el cambio climático. Durante su intervención además, ha recordado que la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) tendrá su 25 reunión anual en Santiago de Chile entre el 2 y el 13 de diciembre del 2019. Será un encuentro que verá reunidos a los Jefes de Estado y/o Gobiernos para adoptar acuerdos y medidas destinadas a mitigar los efectos de la acción humana que son ya evidentes en todos los continentes y en cada uno de los países.

Emisiones y gases con efecto invernadero

René Castro ha explicado que si bien es cierto que todos los países somos responsables del aumento de las emisiones, “unos lo son más que otros”, el asunto hoy – ha continuado – no es buscar responsables sobre quién ha emitido más, “sino qué medidas concretas debemos tomar para frenarlos y/o disminuirlos”. En este sentido, ha proporcionado algunos datos para comprender como avanza nuestro planeta, asegurando que desde el inicio de las COP, en 1992, “los gases con efecto invernadero no han dejado de subir”, pero “si han logrado ralentizar su aumento”, así como “han generado un positivo efecto en la ciudadanía y en los gobiernos que han incrementado el uso de recursos renovables”.

Solución natural para mitigar temporal y significativamente las emisiones

El Subdirector General de FAO también ha hablado a cerca del estudio que ha efectuado un equipo multidisciplinario científico, financiado por Alemania y apoyado por el Instituto Tecnológico de Zurich y de la FAO, el cual muestra una solución basada en la naturaleza para mitigar temporal y significativamente las emisiones. “Se trata de un plan para restaurar tierras degradadas y de reforestación en el mundo que comprendería unos 900 millones de hectáreas, equivalentes a un millón de millones de árboles nuevos, que tendría un impacto planetario debido a que éstos son un eficiente agente natural que absorben el CO2 que los humanos producimos” dice René Castro y asegura que si logramos materializar este plan, “en los próximos 20 años se podrían balancear las emisiones y durante ese plazo la concentración de gases en la atmósfera no se agravaría”. Además, explica que los países tendrían un tiempo razonable para implementar otras alternativas y repensar el modelo de crecimiento.

Los gobiernos: principales responsables 

Por otro lado, señala que “con la voluntad política de los gobiernos” y “la fe de que el altruismo imperará sobre el egoísmo entre las personas y las naciones” es posible el cambio, pero pide no culpar a los Organismos Internacionales del estado actual del planeta, pues son “solo ejecutores de lo que sus gobiernos autorizan”. Al final de su ponencia, ha recordado que el año 2019 será conocido como el que ha registrado las más altas temperaturas desde que hay registros, “pero podría ser o seguramente será peor en los años venideros” concluye.

, 19 Oct. 19 (ACI Prensa).- Los reclusos del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur (Chile), más conocido como la “ex penitenciaría”, vivenciaron por primera vez un baile religioso en ese lugar.

El baile religioso “Diablada Compañía de María” de la Diócesis de San Bernardo acogió la invitación de la Pastoral Penitenciaria para visitar el recinto de detención considerado uno de los más peligrosos de Chile.

La expenitenciaría se compone de patios donde duermen los reclusos. Estos a su vez confluyen en un gran óvalo o patio central. 

En ese lugar, y el mismo día en que se celebró el Día de la Oración por Chile el pasado 29 de septiembre, se realizó una danza a la imagen de la Virgen de Fátima que ya se encontraba en el lugar.

Luego se celebró una Misa presidida por el Capellán Nacional de Gendarmería, P. Luis Roblero, y en la que participaron unos 60 internos con mucho respeto y devoción.

Bajo la atenta mirada de los internos el baile religioso acompañó el recorrido que hizo la imagen de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile, en manos de un recluso.

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La capellana de la penitenciaría, Ana Lagos, manifestó que la última vez que se hizo algo así fue en 2017 en el sector módulo, “pero en el óvalo hace muchos años que no se podía hacer nada”, por eso los funcionarios e internos manifestaron que con la visita llevaron alegría “a este lugar donde muchas veces predomina la tristeza y el desaliento”.

En declaraciones a ACI Prensa, María Elena Bailereli, caporal mayor de la Diablada Compañía de María, manifestó que una de las misiones de un baile religioso es “estar en evangelización constante y llevar nuestra hermosa forma de profesar la fe donde sea necesario”.

María Elena comentó que los gritos de peleas en el penal se silenciaron cuando la imagen de la Virgen del Carmen y el baile religioso pasaron por el óvalo. Ese gesto fue de mucha significación ya que la población penal es en su mayoría evangélica.

Los reclusos “estaban muy agradecidos y contentos con nuestra visita” comentó la caporal mayor. “Para nosotros fue una experiencia maravillosa, nos dejó con el corazón hinchado de gozo y con ganas de repetir la actividad para llevarles un poco esperanza y alegría de una Iglesia viva que no se olvida de ellos”.

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