septiembre 2014
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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.



Aunque muy poco se sabe sobre estos dos santos, es cierto que el Sinaxario Constantinopolitano y todos los sinaxarios y menologios griegos conmemoran a esta madre y a este hijo el día 13 de junio. Los bolandistas, descuidando la relación entre Ana y Juan, interpretan la palabra “μητέρα” (madre) en el sentido de una fundadora o superiora de una comunidad religiosa, pero no dudan de la existencia de ambos. En fin, fuera una cosa u otra, voy a escribir sobre ellos, identificándome más con lo que dicen las fuentes griegas. De todos modos, inevitablemente, este artículo habrá de ser corto, porque no se puede decir nada más.


Santa Ana de Larisa y su hijo Juan vivieron entre los siglos IX-X. Según nos relata un tal Marcos, fundador de un monasterio de Constantinopla, un monje sacerdote le confió la siguiente historia, de la cual, el mismo fue protagonista: iba de viaje en barco desde Roma a Constantinopla, cuando debido a que el mar se embraveció y empezaron a soplar unos vientos muy fuertes, se vieron forzados a fondear en las playas de una isla deshabitada del Mar Adriático. Este hieromonje aprovechó la oportunidad para pasear por la isla.


No había andado mucho rato cuando vio la sombra de una persona desnuda que le decía: “Hombre de Dios, si deseas ver a esta insignificante persona y ofrecer por mi tus oraciones, tírame una de las ropas que llevas puesta, ya que soy una mujer y estoy desnuda”. El monje le ofreció una prenda y ella, de rodillas y mirando a Oriente, dio gracias a Dios por haberle dado la oportunidad de conocer a un sacerdote. El monje le preguntó de donde era, cómo llegó allí y cuanto tiempo había estado viviendo en la isla. Ella le respondió: “Me llamo Ana, soy griega y mis padres aunque pobres, eras las personas más dignas de la ciudad de Larisa y cuando murieron y quedé huérfana, un convecino se apiadó de mi y me acogió en su casa. Me trataba como si fuera su propia hija y cuando llegó la edad apropiada me casó con su único hijo, sin tener en cuenta mi pobreza y humildad de nacimiento. Pero algunos familiares y amigos, dada mi insignificancia, eran reacios a esta boda. Mi esposo era feliz porque valoraba más la virtud que las riquezas y el noble linaje, pero sus familiares insistían y yo, para no hacer sufrir a mi esposo, decidí abandonarlo en secreto. De esta manera, saliendo de Larisa solo con lo puesto, sin saber que estaba embarazada, llegué a esta isla. Nadie tuve a mi lado para apoyarme y mi hijo nació en esta isla desierta del Adriático”.


La Santa se encuentra con el hieromonje. Icono ortodoxo griego.

La Santa se encuentra con el hieromonje. Icono ortodoxo griego.



Pasaron los nueve meses de embarazo y Ana dio a luz a un hijo varón, a quién crió sola y que ya tenía treinta años cuando el hieromonje llegó a la isla. Tanto la madre como su hijo llevaban una vida miserable, viviendo de lo que en la isla encontraban, pero eran muy piadosos e imploraban cada día a Dios para que le enviara un sacerdote que pudiese administrar el bautismo a su hijo. Por eso, al encontrarse al monje, le dijo: “Ruego a vuestra santidad, reverendo padre, que vuelva a la nave, recoja sus vestiduras sacerdotales y algo de pan y vino, para que celebre la liturgia que nos permita comunicarnos con el santo Cuerpo y la honorable Sangre de Cristo, nuestro Dios y Salvador. También le pido que traiga una vestidura blanca para bautizar a mi hijo y que no hable con nadie acerca de mi”.


Al oír estas palabras, el sacerdote se postró de rodillas en tierra dando gracias a Dios y fue al barco para preparar lo necesario a fin de administrar el Bautismo y celebrar el misterio de la Santa Comunión. Al volver, Ana presentó a su hijo al sacerdote: “Sal, hijo, y reverencia a quién ha venido a iluminarte”. Su hijo obedeció, hizo una reverencia al sacerdote, quién le correspondió de la misma manera. Como el hijo había sido catequizado por su madre, el sacerdote lo bautizó en un manantial cercano, imponiéndole el nombre de Juan. Posteriormente, dio a ambos la Santa Comunión.


Aunque estos datos son confirmados por la “Sinaxaria Selecta” y el “Sinaxario de San Nicodemos”, sin embargo, la “Narrativa” de Pablo de Monemvasia y los sinaxarios más modernos no especifican el nombre impuesto al hijo de Ana. Solo dicen que cuando el hieromonje había celebrado los Divinos Misterios, ambos, madre e hijo, comieron y bebieron la Sagrada Eucaristía.


Bautismo de Juan, hijo de la Santa. Ilustración ortodoxa griega.

Bautismo de Juan, hijo de la Santa. Ilustración ortodoxa griega.



Cuando el monje se iba, Ana le pidió un último favor: “Padre, por amor de Dios, no comente esto con nadie cuando vuelva a la nave y si quiere comentarlo cuando llegue a Constantinopla, no mencione ni el nombre ni el lugar de la isla, a fin de evitar que vengan personas a encontrarnos”. Pablo de Monemvasia dice que el monje reaccionó con lágrimas en los ojos, dando gracias a Dios por encontrar a personas tan piadosas.


El “Codex Vaticanum Graecus”, editado en el año 1558, termina diciendo que después de estos acontecimientos, tanto la madre como el hijo entregaron sus almas a Dios. Desde el siglo XVI, según el “Menaion” del mes de junio, su fiesta se celebra el día 13 de dicho mes.


Antonio Barrero


Bibliografía:

- BRAUDILLART, A., “Dictionnaire d’histoire et de géographie ecclésiastiques”, París, 1912

- DI GRIGOLI, N., “Bibliotheca sanctórum, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.


Enlace consultado (18/08/2014):


http://www.diakonima.gr/2010/01/23/agia_anna_larissaia



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Tomás García Martínez, más conocido como Santo Tomás de Villanueva (* Fuenllana, Ciudad Real, 1488 - † Valencia, 9 de septiembre de 1555), predicador, escritor ascético y religioso agustino español.

Nació en Fuenllana,se educó y creció en Villanueva de los Infantes, provincia de Ciudad Real, donde sus padres poseían una rica hacienda, pese a lo cual muchas veces el muchacho andaba desnudo porque había dado sus vestidos a los pobres. Queda en pie parte de la casa original, con un escudo en la esquina, al lado de un oratorio de la familia.


Aunque hizo estudios de Artes y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, ingresó en la Orden de los Agustinos de Salamanca (1516) y en 1518 fue ordenado sacerdote; en la orden ocupó los cargos de prior conventual, visitador géneral y prior provincial de Andalucía y Castilla. También fue profesor de la universidad y consejero y confesor de Carlos I de España.


Gozó de fama por su gran austeridad personal (llegó a vender el jergón donde dormía para dar el dinero a los pobres) y por su ejercicio continuo e infatigable de la caridad, especialmente con los huérfanos, con las doncellas pobres y sin dote y con los enfermos. Poseía, sin embargo, una concepción inteligente de la piedad, de forma que aunque era muy limosnero procuraba solucionar definitiva y estructuralmente la pobreza mediante la redención activa de la misma, dando trabajo a los pobres, y así hacía fructificar sus limosnas: «La limosna no sólo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible.», escribió.


En 1533 envió como Provincial a los primeros padres agustinos que llegaron a México. Empezó a tener éxtasis místicos en misa o cuando rezaba los salmos.


Carlos I le había ofrecido el cargo de arzobispo de Granada pero él nunca lo había aceptado; se cuenta que llegó a arzobispo de Valencia el 10 de octubre de 1544 por error de un escribano, pero siguió negándose hasta que se lo ordenó su superior en la orden. Allí, ayudado por su obispo auxiliar Juan Segriá, puso orden en una diócesis que hacía un siglo que no tenía gobierno pastoral directo. Organizó un colegio especial para los moriscos conversos y organizó en especial un plan eficaz de asistencia y auxilio social y de caridad.


Compuso bellos sermones, entre los que destaca Sermón del amor de Dios, una de las grandes manifestaciones de la oratoria sagrada del XVI. Tuvo, en efecto, una gran fama de predicador, en un estilo sobrio y sencillo. Carlos I, al oírle predicar, exclamó: «Este Monseñor conmueve hasta las piedras», y provocaba sonoras conversiones. Algunos de sus sermones arremeten contra la crueldad de la fiesta de los toros. Tuvo asimismo una gran devoción por la Virgen María, cuyo corazón comparó a la zarza ardiente, que nunca se consumía. Es autor de varios Opúsculos, dentro de los que se incluye el Soliloquio entre Dios y el alma, en torno a la comunión.


En 1547 ordenó sacerdote al futuro San Luis Beltrán [1]. Falleció por una angina de pecho en 1555 a los sesenta y seis años. Fue canonizado por el papa Alejandro VII el 1 de noviembre de 1658.


Francisco de Quevedo escribió una biografía suya. Sus obras completas fueron editadas en Manila en 1881, Opera omnia, seis vols.


Es el Santo Patrón de la prestigiosa Universidad de Villanova, Pennsylvania, Estados Unidos de América establecida por los Agustinos en 1842, y de la Universidad de Santo Tomas de Villanueva en La Habana, Cuba. Esta fue cerrada por el gobierno Cubano en 1961, tras la expulsion de los Agustinos, considerados enemigos de la Revolucion por sus quejas frequentes contra el gobierno. Los Agustinos exiliados establecerion University of St. Thomas en Miami Gardens, Florida en 1961.



Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Adriano o Adrián, mártir en Nicomedia, de Bitinia, en cuyo honor el papa Honorio I convirtió en iglesia la sala del Senado Romano (s. inc.).

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.



Adrián murió en Nicomedia en el año 304. Se celebra su fiesta hoy porque fue en este día cuando se trajeron sus reliquias a Roma.

Su conversión al cristianismo fue obra de Dios. Tanto le conmovió la fuerza de voluntad de los cristianos que maltrataba y martirizaba el emperador Maximiano en la corte imperial de Nicomedia, que pidió la formación necesaria para hacerse creyente en Cristo.


Gritaba con fuerza:"Dejadme que sea como uno de esos porque me siento cristiano como ellos".


Cuando su mujer Natalia, que ya era cristiana, supo la razón del arresto de su marido, se sintió muy contenta.


Fue ella misma la que ayudó a su marido y a los demás cristianos encarcelados.


Cuando lo sentenciaron a muerte, las visitas se prohibieron. Ella se disfrazó de niño y pudo entrar en la cárcel para pedirle oraciones a Adrián.


Tuvo la valentía de ir al mismo sitio en que ejecutaron a su esposo. Lo iban a quemar, pero en ese instante cayó un tormentazo y apagó el fuego.


Pasados unos meses solamente, un oficial del ejército imperial le pidió a Natalia que se casara con él. No tenía ni idea de la negativa de la viuda.


Se marchó a Constantinopla con la reliquia de la mano de su esposo.


Murió en la paz del Señor y se dice que la enterraron entre los mártires y la reliquias de Adrián se trasladaron a Roma, aunque en la actualidad están en la abadía que lleva su nombre en Flandes.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!


Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com



La Virgen de Nuria es una advocación mariana que se venera en el municipio de Queralbs, situado en el Valle de los Pirineos, (provincia de Gerona), en Cataluña (España). Su aparición tuvo lugar en el Valle de Nuria, y el vocablo Nuria significa aquella nacida en un valle entre montañas.

La de hoy se encuentra situada en el precioso valle del Pirineo de Gerona. En el valle de esta alta montaña, estación invernal por su abundante nieve, se halla el santuario de la Virgen Nuria.


Según la tradición, San Gil llegó al valle alrededor del año 700. Este santo, de origen ateniense, residió en el valle durante cuatro años. Siempre según la leyenda, el santo talló una imagen de la Virgen que escondió en una cueva al verse obligado a huir del valle cuando los romanos iniciaron una persecución contra los cristianos. Junto a la Virgen dejó escondidas la olla que utilizaba para hacer la comida, la cruz que presidía sus rezos y la campana con la que llamaba a los pastores para que vinieran a comer.


En 1072, un peregrino procedente de Dalmacia, y de nombre Amadeo, llegó al valle buscando la imagen de la Virgen según una revelación divina. Construyó una pequeña capilla a la que acudían los peregrinos. En 1079 encontró la imagen, junto a la cruz, la campana y la olla y trasladó todos los objetos sagrados a la capilla.


Lo cierto es que la imagen de la Virgen de Nuria que hoy se venera es una talla datada entre el siglo XII o siglo XIII. Se trata de una talla en madera de estilo románico. De rasgos primitivos, la talla conserva aún perfectamente su policromía original. La Virgen tiene al Niño sentado sobre su rodilla izquierda. Este tiene una de sus manos levantadas en señal de bendición. Tanto María como el Niño visten manto y túnica. Antes de la restauración, la imagen tenía un color negruzco provocado por el paso del tiempo, la humedad y el humo de las velas. Este color le valió el apelativo de moreneta del Pirineu.


Durante la Guerra Civil Española, por el temor de ser destruida, un gerundense trasladó la imagen a Suiza, para devolverla nuevamente cuando terminó la guerra


El día 5 de enero de 1965 el papa Pablo VI autorizó la coronación canónica de la imagen, y su fiesta se estableció el 8 de septiembre.



Nuestra Señora de la Salud. Vailankanni, India.


Desde el siglo XVI hasta nuestros días, y con progresivo entusiasmo, los católicos de la India viene invocando a la que ellos denominan "Vailankánni Arókia Matha"; denominación que, traducida, significa "Madre de la Salud Vailankanni".

Todo comenzó, como en tantas otras ocasiones, con la sencillez ingenua de dos pastorcitos que decían haber visto a la Madre de Jesús. El primer pastorcito contaba a los vecinos de la aldea cómo una hermosa Señora, con un Niño en los brazos, le había pedido un poco de agua fresca de la que él llevaba en un cántaro y cómo, al llegar a su casa, se había llevado la gran sorpresa de ver que el agua se había transtormado en jugosa leche fresca... El otro niño pastor había sido curado milagrosamente por esa misma Señora así lo afirmaba él, y la Senora le había pedido que para agradecerle la recuperación de la salud, consiguiera levantar una capilla en aquel lugar adonde las gentes acudirían y Ella les mostraría de continuo su maternal benevolencia. Un señor rico de Nagapathnam, con la ayuda de todo el vecindario, había respondido puntualmente a la reiterada petición del niño pastor y la capilla alzaba al poco sus muros en la cima del altozano. Al pie de la montaña de la Virgen, como comenzaba ya a designar las buenas gentes de aquel lugar, la ancha bahía del mar de Bengala, escenario de los afanes de los pobres pescadores de la aldea de Vailankánni y sorpresa, admirable por su belleza, para las carabelas lusas que lo surcaban con impulsos de descubrimientos, ideales de evangelización y avaricias incontenibles de oro, rubíes y especias...


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Una mala noche las aguas del mar de Bengala se encresparon porque los monzones estaban a punto de irrumpir con sus diluvios y los navegantes portugueses, aunque avezados a las muchas tormentas, vieron en peligro sus vidas. Una resplandeciente luz, en la altura de un altozano vecino, les infundía esperanza, sin que supieran a ciencia cierta el porqué de ese sentimiento de esperanza y, sobre todo, el porqué de aquella insólita claridad... Uno de los marineros recordó de repente que, en una travesía anterior, habia divisado los muros de una capilla y toda la tripulación, sin más argumentos, se puso acto seguido a invocar la protección de Nuestra Señora.


Por lo que en consideración de este favor que devolvía a la vida desde una inminente muerte a unos marineros. Y en atención a los otros dos anteriores del agua convertida en leche fresca y del pastorcito curado de sus enfermedades, las gentes del lugar comenzaron a invocar a la Virgen de la ermita como "Santa María, Madre de la Salud".


De aquella primitiva construcción nada queda al presente, salvo que la curiosidad de los arqueólogos se concentre algún día en forzar excavaciones de viejas cimentaciones. La piedad de los católicos de la India construyó un templo mayor y luego otro aún más espacioso, éste superpuesto al primero. Los arquitectos quisieron imitar un tanto al Santuario de Lourdes, y trazaron una amplia escalinata de dos brazos, erigieron las catorce cruces del Viacrucis, hicieron saltar el agua de unas rocas vecinas... Juan XXIII, a instancias del episcopado indio, elevó el templo a la categoría de basílica menor y todos comenzaron a calificar al santuario de la "Madre de la Salud de Vailankanni" como "el Lourdes de la India".


La festividad de la "Madre de la Salud" se celebra el 8 de septiembre de cada año. Más de 1,000,000 de peregrinos se concentra en la jornada para honrar la natividad de Nuestra Señora. Llegan al Estado de Támil Nádu, a la diócesis de Thanjavur y a esta aldea de 5,000 habitantes, desde todas partes del inmenso país. Llegan los que son y se profesan católicos, indios lógicamente; pero llegan también y esto es novedoso miles y miles que se confiesan musulmanes, hindúes, jainistas, shiks, parsis. Las concentraciones masivas no se hacen solo el día 8 de septiembre. Durante todo el año y particularmente en Pascua, en mayo, en agosto..., las multitudes se apiñan en el santuario. La Iglesia de India, que cuenta con muchos otros templos dedicados a la Virgen, no ha procedido por el momento, al menos a declarar al de la "Madre de la Salud" como el Santuario Mariano nacional, pero pocas dudas caben de que éste de la aldea de Vailankanni sea el principal y tal vez el más antiguo de todos los santuarios marianos de la India, seguido muy de cerca también es verdad por el de la "Virgen de las Gracias", en Sardana, diócesis de Meerut en el Norte del país, y por el de la "Virgen del Monte", en Bandra, archidiócesis de Bombay.


Resultaba lógico que el Santuario de la "Madre de la Salud" expresara el amor maternal de Nuestra Señora en instituciones de asistencia y de beneficencia para los más desvalidos: los niños y los ancianos. Y así se ha hecho, en efecto. A la sombra del Santuario se han construido dos orfanatos. Uno para niños, y otro para niñas.


Funcionan también aquí mismo un asilo para ancianos y ancianas y un dispensario para urgencias que no cierra sus puertas ni de día ni de noche por la extraordinaria afluencia de peregrinos que de día y de noche suben hasta la colina.


Los orfanatos del Santuario, como los otros 800 que la Iglesia tiene en India para bien de los niños huérfanos y abandonados, están financiados, al menos parcialmente por la obra de la Infancia Misionera.




Fresco de la Santa obra de Benozzo Gozzoli (1464-65). Capilla de San Agustín, San Gimignano (Italia).

Fresco de la Santa obra de Benozzo Gozzoli (1464-65). Capilla de San Agustín, San Gimignano (Italia).



“Santa Mónica bendita, madre de San Agustín, dame tu bendición que ya me voy a dormir”. (Oración de la noche para los niños).


Introducción

El cuarto mandamiento de la Ley de Dios nos habla del respeto que los hijos deben guardar hacia sus padres, pero una buena catequesis sobre este tema nos llevará a descubrir que esta norma no solo tiene una posición lineal descendente, sino ascendente y hasta colateral. En efecto, los padres también tienen obligaciones sobre los hijos y como esposos entre ellos; el precepto guarda también las maneras que deben llevarse entre superiores e inferiores y con los amigos y compañeros. Al conocer la vida de Santa Mónica podremos comprobar como ella cumplió exactamente su deber como hija, esposa, madre, señora de la casa y hasta como nuera.


Orígenes

Lo que conocemos sobre la vida de Mónica se lo debemos principalmente a su hijo Agustín que da las principales noticias en su libro de Las Confesiones. Los datos cronológicos se toman de los datos entresacados de estos escritos o se deducen los mismos. Así pues, Mónica nació en Tagaste cerca del año 331, hija de una familia de buena posición. Se cree que su madre se llamaba Facunda. Una de sus abuelas, de edad avanzada había conocido la era de los mártires en la época de Diocleciano y le contaba por horas las historias del pasado de la Iglesia en África mientras ella escuchaba atentamente sentada a sus pies. Pero no solo de su madre o su abuela tuvieron la preparación de la muchacha, también una esclava familiar a la que se trataba como amiga o casi pariente, la instruía para que fuera adquirido virtud y carácter.


Le decía entonces: “Ahora bebes agua porque no tienes derecho a beber vino, pero cuando estés casada y seas dueña de la bodega, te parecerá insípida el agua y te aficionaras al vino”. Las lecciones de esta sierva, que había sido también nodriza de su padre, tuvieron ascendencia en ella, pero Mónica creció y la vieja sirvienta murió. Así sucedió un episodio que fue detonante en su vida personal: los padres de Mónica le fueron confiando el gobierno de la casa y por ello, tenía que ir a la bodega para surtir de vino la mesa familiar. Lo que comenzó como picardía juvenil, pronto se hizo costumbre y luego hábito desordenado, pues comenzó bebiendo unas gotas de vino para probarlo, hasta casi llenar una copa, sucedió esto en la presencia de una sirvienta que siempre bajaba con ella al subterráneo y quien tuvo la osadía de llamarla: meribubulum, es decir, borracha; tal vez como desquite a alguna indicación o reproche dado por la joven ama. Alertada por este incidente, Mónica se dio cuenta de la fealdad de su falta y se corrigió para siempre.


Escultura de la Santa. Iglesia de San Agustín, París (Francia).

Escultura de la Santa. Iglesia de San Agustín, París (Francia).



La joven Mónica

No tenemos descripción de sus rasgos o fisionomía pero San Agustín nos describe tan vivamente su carácter y forma de vida que se percibe claramente su vida virtuosa. Probablemente cuando tuvo 18 años recibió el bautismo y aquí recibió el don de ser piadosa. Ella supo entender como Dios es el origen y destino de la vida del hombre. Desde pequeña era asidua a ir al templo, mientras jugaba con sus amigas tenía el tiempo de hacer oración y oraba de rodillas en las noches.


Tenía una gran inteligencia y era poseedora de una preparación académica fuerte, al grado de poder emitir una opinión en asuntos filosóficos y teológicos. Le gustaba leer mucho, poseía una gran paciencia y una dulzura en carácter. Era muy sencilla y modesta, despreciando todos los adornos superfluos.


Mónica, la esposa

Tal joven fue ofrecida en matrimonio arreglado por sus padres como una verdadera joya, concertando el compromiso con un hombre que tenía el cargo de decurión en Tagaste, llamado Patricio, el cual le aventajaba como con 30 años y que para acabarla de arreglar, era pagano. Este enlace comportó a Mónica una extrañeza pero fue obediente. El marido no tenía una moral mejor que sus compatriotas paganos y la boda no significó para él un cambio de costumbres, lo que provocó a la joven sufrimientos silenciosos y no pocas humillaciones. Sin embargo, en el fondo Patricio tenía un buen corazón y esto diluía sus malas actitudes. El casamiento debió efectuarse hacia el año 335. No pocas veces Mónica estuvo a punto de desalentarse con su casamiento. El esposo tenía un carácter violento, pero ella decidió ganarlo para Cristo. Su táctica consistió en tratarlo como esposo, con respeto y obediencia, así esperaba ganarlo para la fe cristiana. Siempre fue modesta y muy prudente en este proyecto. No discutía con él, nada de reproches o amonestaciones, ni sermones; al contrario dulzura, amabilidad, sencillez, fidelidad, modestia, nobleza en el porte y lenguaje, con lealtad, con sinceridad, con incansable discreción. Todo sin buscarse a sí misma, porque sentía que su actuación era la de una verdadera cristiana. Así le perdonó sus infidelidades sin discutir de ello con él para nada. Callaba, sufría y lloraba, pero siempre era constante en la oración de dónde sacaba su fuerza. Ante el carácter colérico de Patricio, Mónica opuso una paciencia y un prudente silencio.


Así, poco a poco, esta mujer fue transformando el corazón de su marido. Este éxito fue motivo de conversación en las casas de Tagaste, pues era común que la mayoría de las mujeres casadas mostraran en sus rostros las huellas de la violencia intrafamiliar y era raro que Mónica no presentara rastros de haber sido golpeada por Patricio. Esto causaba asombro y ello era la comidilla de la ciudad. En las reuniones, las otras señoras, conocedoras del carácter de Patricio se extrañaban y Mónica les respondía de buen humor: “Tengan cuidado con sus lenguas”.


Imagen de la Santa con su hijo Agustín, todavía niño. Iglesia del Salvador y de Santa Mónica, Valencia (España).

Imagen de la Santa con su hijo Agustín, todavía niño. Iglesia del Salvador y de Santa Mónica, Valencia (España).



Madre de familia

Mónica fue madre de tres hijos: Agustín, Navigio y Perpetua, con ellos hizo de su maternidad una responsabilidad ante Dios. A ellos los educó con cariño y esmero, enseñándoles a tener buenas costumbres, nobles sentimientos y actitudes concretas. También los enseñó a amar a Dios y a ponerlo en el centro de sus vidas. A cada uno lo reprendía o corregía cuando era necesario. Cultivaba sus cualidades y alentaba sus aptitudes, por ello estuvo de acuerdo con su esposo en mandar a estudiar a Agustín a Cartago; como su marido, ambicionaba un buen futuro para sus vástagos. Fue entonces cuando Agustín, sin preverlo su madre, por su adolescencia y juventud comenzó a llevar una vida desordenada. El muchacho guardaba las formas exteriores, su mal era interior. El mundo le sonreía, sus maestros lo alababan y así, Agustín se fue contagiando cada vez más de los males que comería.


Por extraño que parezca, el joven recurría ocasionalmente a la oración a ejemplo de su madre, invocaba a Dios: “Dame la castidad y la continencia, pero no ahora”; se relacionó con malas compañías, a practicar el desorden como el hurtar las peras de una huerta de su padre con unos amigos para dárselas nomás porque si a los puercos. A esta edad de 16 años, Agustín comenzó a ser el dolor de cabeza de su madre.


Mónica, una nuera ejemplar

La suegra de Mónica tenía un carácter imperioso que causó inicialmente a su nuera bastantes disgustos. Como le gustaba inquirir a los esclavos sobre la vida de la esposa de su hijo, éstos, para quedar bien con ella, le contaba cosas malas y falsas. Pero Mónica que fue paciente con su esposo no lo fue menos con ella que a final de cuentas era recta. Así, pronto se dio cuenta de las intrigas de los trabajadores y sin que Mónica se diera cuenta, se quejó con Patricio que hizo azotar a las esclavas que traían chismes. A estas las amenazó que si volvían a hacerlo, recibirían el mismo escarmiento. Desde entonces nuera y suegra vivieron cordialmente, dispensándose mutuamente cariño y confianza.


Mónica viuda

Mónica estuvo casada con Patricio 18 años, quien murió en el 371 a los 73 años; se desconocen los datos de su enfermedad y fallecimiento, pero lo cierto es que se convirtió antes de morir. Él mismo pidió el bautismo y luego murió en la paz de Cristo. Patricio reconoció las virtudes de su esposa, quien por su actitud sus oraciones y su dedicación transformó el corazón de su esposo. El haber salvado el alma de su esposo le hizo olvidar sus penas de casada. Este triunfo era la antesala de su victoria con Agustín, con quien se unió indeleblemente su nombre.


Aparición del ángel a Santa Mónica, lienzo de Pietro Maggi. Iglesia de San Marcos, Milán (Italia).

Aparición del ángel a Santa Mónica, lienzo de Pietro Maggi. Iglesia de San Marcos, Milán (Italia).



El hijo desvariado

Poco antes de morir, Patricio adivinó la transformación de Agustín y las pasiones juveniles de su corazón, por lo que determinó casarlo. Esto no fue muy del agrado de Mónica, que trató de ganarse las confidencias del hijo, que mejor empezó a evitarla. Entonces Patricio decidió enviarlo a estudiar nuevamente a Cartago, para luego de un año casarlo, pues le agradaba la idea de ser abuelo. Agustín anhelaba, como dice él mismo, amar y ser amado, pero al llegar a Cartago, se sintió extraño en el lugar y no pudo relacionarse bien. Sin embargo, se hizo aficionado al teatro y lo frecuentaba casi diario, buscando luego la ocasión de pecar; en este tiempo se fue alejando de su fe y se relacionó con muchas mujeres; con una de ellas, cuyo nombre se desconoce, vivió en unión libre cerca de 15 años y tuvo un hijo, llamado Adeodato. Hay que decir que aunque este amor fue ilegitimo y culpable, fue fiel, aunque debió ser tempestuoso. No por mucho tiempo pudo ocultar esto a su madre, ya viuda por entonces.


La hacienda dejada por Patricio era mediocre y gastada para pagar los estudios de Agustín. A estas necesidades se enfrentó Mónica que también comenzó a derramar lágrimas por su hijo. Mónica también tenía otros hijos, por los que tenía que velar. ¿Cómo ser señora de casa y buena madre de familia y sostener el hogar? La ayuda de un amigo de su difunto marido llamado Romano, alentado por el incipiente triunfo académico de Agustín en Cartago fue la respuesta de las oraciones de Mónica, quien le ofreció ayuda con delicadeza y consideración para no ofender a una señora tan noble y refinada.


Pronto fue Mónica a Cartago para seguir de cerca a su hijo con sus oraciones y su llanto. Conciente de la importancia de su carrera, estaba de acuerdo con que estudiara para que se convirtiera en un hombre de bien. Pero los estudios de Agustín se abrieron en una gran gama de conocimientos y le dieron una sed de sabiduría, al grado de abandonar el cristianismo y enrolarse en el maniqueísmo. Esta doctrina propone dos principios, el bien y el mal, o sea, Dios y Satanás, no menos eterno que Éste; émulo y casi igual, por lo que el mal no es problema del ser humano. Cristo era un heraldo de Dios que luchó con Satanás y por ello, la conducta del hombre no tenía responsabilidad. La doctrina le vino como anillo al dedo para justificar su forma de vida. Esta transformación fue un duro golpe para su madre, que constataba así su muerte para la fe y a quien disgustaban todas las blasfemias y burlas, por lo que pensó en abandonarlo, aunque viviendo cerca.


Visión de la Santa. Ilustración de JMB para "El Santo de Cada Día", editado por Edelvives (1960).

Visión de la Santa. Ilustración de JMB para “El Santo de Cada Día”, editado por Edelvives (1960).



Un sueño que tuvo la disuadió: soñó que ella estaba caminando en una viga de madera, sumergida en la tristeza por la apostasía de su hijo. Vio que un joven venia para darle un mensaje de esperanza: donde ella estaba, estaba también su hijo. Con ello comprendió que Agustín estaría en su misma línea moral y religiosa. Le platicó el sueño a su hijo que le dijo que más bien ella estaría donde él, por lo que ella le replicó: “No, no me dijo donde está él estarás tú, sino, él estará donde estas tú”. Pero Agustín no cedería pronto y pasarían otros 9 años, en los que como refiere el Doctor de la Gracia: “Hacía esfuerzos por salir del fango, pero cada vez me hallaba más enlodado. La casta viuda, sobria y piadosa mujer, sin disminuir sus lágrimas y lamentaciones no cesaba de orar y llorar por mí”. Por entonces Mónica tuvo la oportunidad de conocer a un obispo muy versado en las Escrituras, al que constantemente acudía para compartirle sus penas. Éste la alentaba y le daba sostén moral a la afligida madre. Una vez, tal vez porque estaba ocupado o ya enfadado por tantos llantos, para quitársela de encima le dijo: “Váyase y viva tranquila, pues es imposible que se pierda un hijo que cuesta tantas lágrimas”. Ella escuchó estas palabras como venidas del cielo, pero en tanto, Mónica veía como su hijo se endurecía más en sus pasiones y ambiciones terrenas.


De regreso a Tagaste

No se sabe a ciencia cierta que terminó de estudiar en Cartago San Agustín. No fue la abogacía, tal vez letras, luego filosofía y por la influencia maniquea, la astronomía que terminó degenerando en astrología. Concluidos los estudios, volvió con su madre a Tagaste hacia el año 374, estableciéndose como docente. Agustín se hizo pronto de muchos amigos, que llegaron a ser muy queridos para su madre. Uno de ellos, al que conocía desde pequeño, que estimaba mucho, enfermó y se le administró el bautismo conforme la costumbre de entonces. Agustín no podía creer que un poco de agua puede salvarlo y piensa que cuando vuelva en sí, se burlará y al sanar, seguirá siendo el mismo.


Pero su amigo le reprende su forma de pensar y como realmente lo estimaba, le prohibió que hablara de esta manera. La enfermedad no cedió y al poco tiempo murió. Agustín quedó devastado pues realmente le dolió su muerte y desde entonces no tenía paz ni tranquilidad. Esta sensibilidad le hizo insufrible su permanencia en Tagaste y decidió marcharse de allí a costa de dejar a su madre. Pero antes quería deshacerse de sus ideas maniqueos y se entrevistó con un líder maniqueo llamado Fausto para decir si continuaba o no en esa secta; de esa reunión salió desilusionado pues las respuestas que buscaba a sus inquietudes no pudo dárselas ese hombre, más no por ello se inclinó a la fe católica.


Membrete de la Santa con la frase de San Agustín. Ilustración de JMB para "El Santo de Cada Día", editado por Edelvives (1960).

Membrete de la Santa con la frase de San Agustín. Ilustración de JMB para “El Santo de Cada Día”, editado por Edelvives (1960).



Entonces decidió marcharse a Italia, aduciendo que sus alumnos eran indisciplinados e intolerables. Platicó su proyecto a Mónica y grande fue su sorpresa cuando escuchó de sus labios que lo acompañaría; este amor materno, lleno de emoción, le pareció embarazoso y tiránico, por lo que resolvió engañarla. Se fueron de viaje y ella no lo perdía de vista y lo vigilaba a cada instante. Por fin, en el puerto de Cartago, listos para ir a Roma, le dijo que había que esperar al día siguiente por causa del clima y que era mejor descansar. Mónica cayó en la trampa y en lugar de irse a dormir, se fue a orar a un oratorio dedicado a San Cipriano y mientras rezaba, Agustín partió a Italia. “Mentí a mi madre. ¡Y a qué madre!”, se lamentará después. Grande fue la desolación de Mónica al descubrir el engaño. Según las Confesiones, enloquecía de dolor; conforme a lo escrito en ese libro, Agustín comenta: “Me quería como una mujer no ha querido nunca a su hijo”. Abatida volvió a Tagaste, sin recriminarle a Agustín su crueldad y sin dejar tampoco de orar a Dios por él.


Roma

Agustín estuvo en Roma en el año 383, pero ni la ciudad con sus edificios y su majestuosa historia le llamarían la atención. Allí conoció las doctrinas de Platón que le llamaron mucho la atención. Por entonces enfermo gravemente y estuvo a punto de morir; sanó, considera Él, gracias a las oraciones de su madre, pues de haber sido así, se hubiera condenado y esa muerte eterna no la habría soportado ella. Se restableció y dio clases durante un año en una escuela que abrió personalmente, pero los alumnos desaparecían cuando tenían que pagar y eso lo disgustó. También aquí convivio con muchos maniqueos que hablaban abiertamente con él y así se enteró de muchas cosas que más lo decepcionaron. Por eso, cuando supo que había una vacante en Milán, acepto ir a trabajar allí.


Ambrosio de Milán

En Milán conoció al obispo de la Metrópoli: San Ambrosio; su fama de hombre de Dios lo sedujo y como tuvo la oportunidad de tratarlo se hizo su amigo. Así fue introduciéndose en la doctrina católica. Por correspondencia le platicó a su madre sobre Roma y Milán y su trato con Ambrosio, que la alegró mucho. No la invitó a que fuera a vivir con él, porque su presencia coartaba su libertad e independencia, pero cuando ella lo consideró oportuno fue a Milán a encontrarse con su hijo. Al enterarse que él ya no era maniqueo, no hizo mucha muestra de alegría, pues sabía que apenas era el comienzo. Mónica se entrevistó con Ambrosio que la recibió muy amablemente y le dedicó tiempo y varias entrevistas a pesar de su apretada agenda. Le puso al tanto del cambio que él había visto en su hijo Agustín y le propuso buenas perspectivas pero con calma y a su tiempo, había que confiar en la gracia de Dios.


Lienzo barroco de la Santa, obra de Luis Tristán (1616). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Lienzo barroco de la Santa, obra de Luis Tristán (1616). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).



Mónica, una buena cristiana y una mujer santa

Al leer todo esto que se ha narrado, podría quedarse uno con la idea de que Mónica esta una madre posesiva y con un amor enfermizo por Agustín. Hay que señalar primero que el amor de una madre por su hijo siempre será grande y que nunca dejara de buscar lo mejor para su hijo. En este último tenor, Mónica fue el instrumento por el cual Dios se valió para dar dos veces a luz al Doctor de Hipona, pues le dio el nacimiento natural y lo alumbró también a la vida de la gracia. Sin Santa Mónica nunca hubiera habido un San Agustín.


Así pues, ella cumplió una misión en su vida y por esto se le recuerda. Más para que ello se produjera, esta mujer debió tener una energía suficiente para lograrlo. Y esto lo obtuvo de su constante participación en la misa y la comunión en ella. Le gustaba ser una mujer lectora de la Biblia, por ello oraba mucho con los salmos, su vida de oración era profunda. Mónica fue una mujer llena de caridad, pues visitaba y atendía a los enfermos, ayudaba a los pobres de muchas maneras, fue una mujer prudente, discreta, conciliadora, generosa, sabia perdonar, era diligente en sus obligaciones, era una mujer obediente con sus pastores y tenía devoción a los mártires de quienes imitaba su paciencia en las dificultades.


Mónica no se olvidó de sus otros dos hijos y fue una buena abuela con Adeodato, el hijo de San Agustín. Los otros dos vástagos tuvieron una vida llena de cualidades lo cual indica que ella, aunque estaba muy al pendiente de Agustín, no los descuidaba. En algunos lugares se ha dado culto a Navigio y Perpetua como santos. Esto quiere decir que Mónica es una madre de santos y que esto se debe a que fue la mujer fuerte, la mujer dichosa que escucho la palabra de Dios y la puso en práctica.


Agustín creyente

Luego de un proceso largo de reflexión, de meditación y de interiorización, Agustín, el alejado de Dios y la Iglesia volvió al buen camino y se reintegró al rebaño. El 24 de abril de año 387, en la Catedral de Milán recibió el bautismo en la noche de la Vigilia Pascual de manos del Obispo San Ambrosio. Sin duda alguna fue el momento más feliz en la vida de Mónica, pues por muchos años había llorado y orado por ver este momento que Dios le concedía en atención a sus plegarias. La emoción que tenía le embargó de una manera especial y su corazón se convirtió en un himno de acción de gracias al Señor. Si en términos de una lucha se estuviera hablando sobre esta historia, este momento sin duda seria el triunfo de Santa Mónica. Desde entonces, ella oraba a Dios en este tenor: “Ya no te pido nada más, Dios mío, llévame contigo cuando te plazca”.


"Santa Mónica y San Agustín en el puerto de Ostia", lienzo de Ary Scheffer.

“Santa Mónica y San Agustín en el puerto de Ostia”, lienzo de Ary Scheffer.



Así pues, con un pasado al que había renunciado, Agustín con su familia tenía que regresar a Tagaste. Era su país de origen y todos estaban conformes. Así se dirigieron a Ostia, el puerto de Roma para regresar a su tierra natal. En este lugar ocurrió un evento místico entre Agustín y Mónica, que el pintor Ary Scheffer ha pintado de manera magistral: en una ventana de la casa donde residían, se pusieron a conversar sobre la luz de la verdad, sobre Dios mismo. Platicaban sobre la vida eterna y cómo sería el cielo, cómo toda alegría y placer que hay en el mundo es una nada en comparación de la felicidad de la salvación, pasando de un análisis de todas las cosas que hay en el mundo y en el universo hasta llegar al punto culmen de todo que es Dios. Experimentaron entonces en sus almas una delicia espiritual, sintiéndose ambos impelidos con todas las fuerzas del corazón para alcanzar el paraíso, hasta que sintiendo que lo lograban, de pronto, volvieron a la realidad. Este fue como un preámbulo de la pascua que Mónica iba a vivir personalmente en pocos días. Agustín nos cuenta unas palabras que entonces le dijo; “Hijo mío, ningún atractivo encuentro ya en esta vida. No sé, en verdad que hago aquí abajo, ni porque estoy aún en este mundo, siendo así que ya nada espero de él. Solo me hacía desear vivir algún tiempo más el anhelo que sentía de verte cristiano y católico antes de mi último suspiro. Dios nuestro Señor, ha satisfecho con creces mi deseo, puesto que yo veo que desprecias los goces terrenos y quieres consagrarte a su santo servicio: ¿Qué hago, pues aquí?…”


Enfermedad y muerte

Cinco o seis días luego de este episodio, Santa Mónica tuvo fiebres que le obligaron a guardar cama. En cierto momento ella perdió el sentido y los familiares no dejaban de cuidarla. Cuando volvió en sí, preguntó: “¿Dónde estoy?” Y luego, dirigiéndose a sus hijos les dijo: “Aquí enterraran a su madre”. Navigio le advirtió cómo es que antes quería ser sepultada en Tagaste; pero ella, con una mirada severa que le reprochaba esa forma de pensar lo dejó callado. Navigio le dijo entonces a Agustin; “Ya ves cómo habla”. Ella les replicó: “Enterraran este cuerpo donde les plazca y no sufran, lo único que les pido es que se acuerden de mí en el altar del Señor”. La enfermedad avanzaba y ella sufría muchísimo, pero guardaba silencio. Por fin, al noveno día de su enfermedad, con cincuenta y seis años, esa piadosa y santa alma se separó de su cuerpo.


El nieto Adeodato se echó a llorar sobre su cuerpo, pero como su muerte más bien parecía un triunfo lo hicieron callar; Agustín contuvo el llanto porque no quería ensombrecer un tránsito que debía provocar alegría; Cundió pronto la noticia del fallecimiento de Mónica y fieles de ambos sexos acudieron en gran número a su casa, pues aunque tenían poco tiempo en Ostia, se había extendido la noticia de la conversión de Agustín y de las singulares virtudes de su madre.


Muerte de la Santa, obra de Benozzo Gozzoli (1464-65). Capilla de San Agustín, San Gimignano (Italia).

Muerte de la Santa, obra de Benozzo Gozzoli (1464-65). Capilla de San Agustín, San Gimignano (Italia).



Culto

Es gracias a San Agustín que damos culto a Santa Mónica; su nombre no fue inscrito jamás en ningún Martirologio, ni Usuardo, Beda o Adón la mencionan. Sólo los institutos que seguían la regla de San Agustín la refieren en sus breviarios. No hubo nunca una canonización oficial.


En 1162 se trasladaron algunas reliquias a Arras y por entonces se celebraba su fiesta el 4 de mayo, un día anterior a una fiesta dedicada a la Conversión de San Agustín, que ahora se celebra el 24 de abril. En 1430 se realizó una búsqueda de sus restos y una vez hallado su sarcófago, se hizo el traslado de sus reliquias desde Ostia hasta Roma, siendo depositadas en la Iglesia de San Trifon, luego, a instancias del humanista Maffeo Vegio se llevaron a la Iglesia de San Agustín.


En el s.XVI, el cardenal Baronio la inscribió en el Martirologio Romano y poco después, San Francisco de Sales la ensalzó al referir sus virtudes en su libro de Introducción a la Vida Devota. En 1946 se descifró la inscripción hallada sobre una losa sepulcral que seguramente recubrió la tumba de Santa Mónica en Ostia.


Al no existir una fecha segura sobre el día de su muerte y para resaltar más su papel al lado de San Agustín, conforme a la reforma del Calendario que se hizo a instancias del Concilio Vaticano II, su celebración fue trasladada al 27 de agosto, un día antes en que se celebra a su hijo. La iconografía de esta santa le representa erróneamente con el hábito de monja agustina, aunque ella nunca lo fue. Otras veces es representada con indumentaria de viuda.


Sepulcro de la Santa. Iglesia de San Agustín en Roma, Italia.

Sepulcro de la Santa. Iglesia de San Agustín en Roma, Italia.



Oración

Dios de misericordia y consuelo, que escuchaste la insistente oración de Santa Mónica por la conversión de su hijo Agustín, concédenos por su intercesión, una viva contricción de nuestros pecados y la seguridad infinita de tu perdón. Por…


Humberto


Bibliografía:

- CRISTIANI, León, Santa Mónica, Ediciones Paulinas S.A., México, D.F. 1983.



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Pablo distingue bien: hijos de la ley e hijos de la fe. A vino nuevo,

odres nuevos. Y por esto la Iglesia nos pide, a todos nosotros, algunos

cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras caducas: ¡no

sirven! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. No se puede

comprender la mentalidad – por ejemplo – de estos doctores de la ley, de

estos teólogos fariseos: no se pude entender su mentalidad con el

espíritu del Evangelio. Son cosas distintas. El estilo del Evangelio es

un estilo diverso, que lleva la ley a la plenitud. ¡Sí! Pero de un modo

nuevo: es el vino nuevo, en odres nuevos.

Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, beatos Ralph Corby, jesuita, y Juan Duckett, presbíteros y mártires, que, siendo rey Carlos I, fueron condenados a muerte en el patíbulo de Tyburn por haber entrado en Inglaterra como sacerdotes, alcanzando así la palma celestial (1644).

Fecha de beatificación: 15 de diciembre de 1929 por el Papa Pío XI.



Juan Ducket nació en Inglaterra, en l613, en la región de Yorkshire. Se cree que era sobrino del beato Jaime Ducket, quien también fue mártir. Realizó los primeros estudios en un colegio inglés de la ciudad de Douai (Francia), donde más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Años después concurrió a la universidad de París.

Al confesar que era sacerdote católico, fue enviado a Londres y encarcelado en un presidio de las cercanías. Allí lo acompañó el padre Ralph Corby, sacerdote jesuita, también apresado cuando celebraba misa en la localidad de Hamsterley Hall.


Este último vio la luz en 1598 en Maynooth, Todos los miembros de su familia habían ingresado a la vida consagrada. Su padre y dos de sus hermanos pertenecían a la compañía de Jesús, y dos hermanas eran benedictinas en Bruselas.


Ralph Corby se incorporó a la Compañía en Watten (Vlandes). Tenía treinta y cuatro años cuando comenzó su apostolado en Inglaterra, en el condado de Durham, de donde era oriunda su familia. Durante doce años trabajó infatigablemente, sosteniendo con su palabra de fe a los fieles, atemorizados por la persecución de la corona.


En el mes de setiembre ambos sacerdotes fueron condenados a morir en el patíbulo. Fuera de Inglaterra, los jesuitas trabajaron para conseguir la libertad del padre Corby, quien al enterarse ofreció su lugar al padre Ducket, cosa que éste no aceptó. Las gestiones emprendidas para liberarlos fracasaron, y el día 7 de setiembre de 1644 fueron llevados a Tyburn. Tranquilos y sonrientes marcharon hacia el lugar del suplicio. El padre Ducket bendecía a todos aquellos que se acercaban. A un pastor protestante que quiso convertirlo, lo atajó diciendo: "No he venido a este lugar para que me enseñen mi fe, sino a morir por ella".


Puestos bajo las respectivas horcas, el padre Corby habló a los que allí se hallaban, exaltando la fe católica y su alegría por haber merecido la palma del martirio. La víspera de la ejecución, el beato Juan Ducket escribió una carta al vicario apostólico de Inglaterra, quien en ese entonces se hallaba en París. En ella le expresaba que no temía a la muerte, que la recibiría con júbilo, "porque Cristo es mi vida y la muerte mi victoria".


Si usted tiene información relevante para la canonización de los Beatos Juan y Ralph, por favor contacte a:

Catholic Bishops’ Conference of England and Wales

39 Eccleston Square

London SW1V 1BX, UNITED KINGDOM


¡Felicidades a quienes lleven estos nombres!



Sacerdote y Fundador de la Congregación de las

Religiosas de la Bienaventurada Virgen María de Loreto


Martirologio Romano: En Powazki, Polonia, beato Ignacio Klopotowski, presbítero y fundador (1931)

Fecha de beatificación: Fue beatificado el 19 de junio de 2005 en el pontificado de S.S. Benedicto XVI



Nació el 20 de julio de 1866 en Korzeniówka, en la región de Podlasie. Frecuentó el instituto de estudios clásicos de Siedlce. En 1883 entró en el seminario mayor de Lublin. Para completar los estudios, al cuarto año fue enviado a la Academia de teología de San Petersburgo, donde obtuvo la licenciatura en teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 5 de julio de 1891 en la catedral de Lublin, de manos de monseñor Franciszek Jaczewski.

Después de la ordenación, fue nombrado vicario parroquial en la parroquia de la Conversión de San Pablo. En 1892 fue designado capellán del hospital de San Vicente y profesor del seminario mayor, donde durante catorce años enseñó, entre otras disciplinas, sagrada Escritura, teología moral y derecho canónico.


En su trabajo pastoral se encontró muchas veces con la miseria moral y material, el desempleo, la ignorancia y el subdesarrollo; estas eran las condiciones en que vivía gran parte de la sociedad de entonces. Para paliar estas situaciones, fundó diversas instituciones de beneficencia: una casa de trabajo retribuido, una escuela profesional, el hospicio de San Antonio para mujeres de la calle, orfanatos, residencias de ancianos, etc.


El padre Klopotowski, que estaba atento a la voz de Dios y la reconocía ante todo en la oración y en las circunstancias concretas de la vida, no se contentó con satisfacer las necesidades básicas de los más pobres, sino que también quiso llevarles ayuda espiritual, preocupándose a la vez por su situación cultural. Su vida se polarizaba en torno a la Eucaristía. El rosario era para él un importante elemento de la piedad mariana. En particular, cuando Polonia se liberó de Rusia, promovió incansablemente la educación cristiana de niños y jóvenes, defendiendo con empeño la figura de la madre en el hogar y su papel insustituible en la educación de los hijos y en la transmisión de las primeras nociones de la fe.


Ya durante los primeros años de su sacerdocio publicó libros de oración y de contenido religioso. En 1905 empezó a publicar el diario "Polaco-Católico", el semanario "La Semilla" y la revista mensual "El Buen Domingo". Su celo por la difusión del rosario lo impulsó a publicar la revista mensual "Círculo del Rosario"; fruto de su amor a la niñez es la publicación "El Ángel Custodio".


En uno de sus escritos decía: "Todo niño abrazado contra el corazón, toda existencia humana salvada de la muerte, todo centésimo sumado a una obra buena, son un gran mérito ante la patria".


Con el fin de garantizar la continuidad de la acción apostólica mediante la palabra impresa, el 31 de julio de 1920 fundó la congregación de las Religiosas de la Bienaventurada Virgen María de Loreto. Sabía que la vocación del sacerdote consiste en guiar a las personas a la salvación. Para lograrlo a través de los medios de comunicación más modernos de su tiempo, se inspiraba en las exhortaciones de los Sumos Pontífices León XIII y Pío X a oponer a la prensa negativa la fuerza de la buena. Por lo demás, consideraba la palabra impresa como la prolongación del ambón y un medio muy idóneo para difundir el reino de Dios en la tierra. Murió el 7 de septiembre de 1931, y fue enterrado en el cementerio de Powazki.


Si usted tiene información relevante para la canonización del beato ignacicio, contacte a:

ul. Sierakowskiego 6

03-717 Warszawa, POLONIA


Reproducido con autorización de Vatican.va



Martirologio Romano: En Parma, ciudad de la Emilia, en Italia, beata Eugenia Picco, virgen, de la Congregación de las Pequeñas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que, entregada al cumplimiento de la voluntad de Dios, promovió la dignidad de la mujer y se dedicó a la formación de las religiosas (1921).

Fecha de beatificación: Fue beatificada el 7 de octubre de 2001 por S.S. Juan Pablo II.



"Como Jesús ha escogido el pan, algo tan común, así debe ser mi vida, común... accesible a todos y, al mismo tiempo, humilde y escondida, como lo es el pan".

Estas palabras de Eugenia Picco brotan de una larga contemplación de Jesús, Pan de vida, entregado por todos. A esta contemplación Eugenia llega tras un largo y doloroso camino.


Nace en Crescenzago (Milán) el 8 de noviembre de 1867 de José Picco y Adelaida del Corno. El padre es un excelente músico de «La Scala» de Milán, ciego. La madre es una mujer frívola, que no ama a su marido, sino que prefiere el dinero, el éxito y los viajes. De Eugenia cuidan habitualmente los abuelos y encuentra a sus padres durante las breves pausas que se conceden entre una gira y otra, hasta que un día la madre vuelve sola, sin su marido, dándolo por muerto.


Eugenia, no sabrá nunca nada de su padre. Desde este momento la madre obliga a la hija a vivir con ella y con su amante, del que luego tendrá otros dos hijos. Eugenia crece en un ambiente irreligioso y moralmente malsano, teniendo que convivir entre los deseos mundanos de la madre que la quiere cantante famosa y con el amante de la madre que la molesta y la fastidia frecuentemente.


«Peligros y ocasiones tanto en casa como afuera» dirá luego Eugenia recordando aquellos años de tribulación y aquel «instintivo» anhelo de orar, de mirar hacia arriba, en el silencio de la austera basílica de S. Ambrosio de Milán, donde cada día va a pedir ayuda a Dios, casi sin conocerlo. Hasta que una tarde de mayo de 1886, Eugenia siente dentro de sí la llamada a la santidad y desde aquel instante caminará, con prontitud y fidelidad indefectibles hacia la perfección.


A los veinte años Eugenia decide amar a Jesús y ser santa. Ingresa en la todavía joven Familia Religiosa de las Pequeñas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María huyendo de casa el 31 de agosto de 1887, siendo inmediatamente acogida, comprendida y amada por el Fundador, el venerable Agustín Chieppi.


El 26 de agosto de 1888 comienza el noviciado y el 10 de junio de 1891 emite la primera profesión religiosa en manos del mismo Fundador. Hace la profesión perpetua el 1 de junio de 1894.


Simple y humilde, fiel y generosa, se entrega sin reservas a las alumnas del Colegio de las que es maestra de música, canto y francés; a las novicias de las que es madre y maestra; a las hermanas como archivista, Secretaria general y Consejera. En junio de 1911 es elegida Superiora general permaneciendo en el cargo hasta la muerte.


Mujer valiente, hace voto de cumplir con perfección serena y tranquila los deberes de Superiora y esto para cumplir la voluntad de Dios.


Animadora sabia y prudente de la Congregación de las Pequeñas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, durante su gobierno desarrolla una actividad iluminadora y prudente para una organización definitiva del Instituto, proponiéndose cumplir las directrices transmitidas por el Fundador.


Para todos es madre, especialmente para los pobres, para los pequeños y para los marginados, a los que sirve con caridad generosa e incansable. Las necesidades y los dramas de muchos hermanos durante la gran guerra de 1915-1918 le abren aun más el corazón para acoger todo llanto, tanto dolor y toda preocupación social o privada.


Su principal apoyo, el eje vital de su vida interior y de toda la obra y trabajo apostólico es para Sor Eugenia la Eucaristía, su gran amor, centro de piedad, alimento, consuelo y gozo de sus jornadas densas de oración y de fatiga.


Jesús le infunde su celo por la salvación de las almas, su deseo ferviente de llevar a todos a la Casa del Padre y es en su ardiente amor a Jesús donde se encuentra la explicación de su incesante actividad caritativa.


De salud débil, con un cuerpo consumido por la tuberculosis ósea, tiene que someterse, el año 1919, a la amputación de la extremidad inferior derecha. Sor Eugenia se ofrece con toda disponibilidad a cumplir los planes del Padre sobre ella, pronta a cualquier inmolación, mostrándose siempre la amiga sonriente de Jesús, de los hermanos y del mundo.


Este dinamismo que concentra todos sus deseos y toda su voluntad en Dios, esta decisión resuelta de caminar hacia la perfección, expresada en una vida de mortificación, de pureza, de obediencia, de heroismo, de obras virtuosas, viviendo lo ordinario y más humilde de la vida de manera extraordinaria, es el clima en el que se desarrolla la existencia de Sor Eugenia Picco.


En la enfermedad y en la muerte cumple su total consagración a Dios. Sor Eugenia muere santamente el 7 de septiembre de 1921.


Su fama de santidad pervive e incluso irá en aumento después de su muerte. Por todas partes se oyen expresiones de devota admiración y veneración hacia Sor Eugenia, considerada por todos como ejemplo de extraordinaria virtud y modelo de piedad, celo, prudencia, espíritu de sacrificio y sabiduría.


Comenzado el Proceso de beatificación en septiembre de 1945, el 18 de febrero de 1989 fue reconocido el ejercicio heroico de las virtudes y el 20 de diciembre de 1999 se publicó el Decreto sobre el milagro, atribuido a su intercesión, que reconoce la curación prodigiosa de Camilo Talubingi Kingombe de la diócesis de Uvira (ex Zaire) acaecida el 25 de agosto de 1992.


El 7 de octubre del 2001, Juan Pablo II la proclama «beata».


La luz que acompañó los pasos de Eugenia niña, contemplada sólo por Dios, la luz que brilló de repente en los días de su juventud, la luz que la condujo a la santidad, la luz a través de la cual ha llegado a la vida de tantos hermanos y hermanas desorientados y confusos, se transforma en mensaje para hoy, cuando tanto se insiste sobre los condicionamientos psicológicos negativos, que pueden provenir de situaciones dificiles, sin tener debidamente en cuenta lo que puede la gracia cuando es acogida y secundada.


Si usted tiene información relevante para la canonización de la Beata Eugenia, contacte a:

P.le S. Giovanni, 7

43100 Parma, ITALY


Reproducido con autorización de Vatican.va



23:53

San Mateo 18,15-20

Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

20:25
QUITO, 06 Sep. 14 (ACI/EWTN Noticias).- La plataforma defensora de la libertad religiosa CitizenGO ha acogido un pedido para retirar un mural blasfemo pintado en una de las paredes del acceso principal al edificio municipal de la provincia de Esmeraldas, en Ecuador.

En una solicitud dirigida al alcalde de Esmeraldas, Lenin Lara Rivadeneira, se denuncia que “un pintor ha pretendido parodiar” el trabajo de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, realizando una “pintura con mensajes blasfemos en la puerta principal del edificio municipal de la ciudad de Esmeraldas”.


Según denunció Joffre Daza Quiñónez, abogado y columnista del diario ecuatoriano La Hora, “la pintura blasfema muestra un Cristo vestido de una túnica color rojo junto a un travesti con bikini color verde con una cinta que lo declara miss mundo, y en el piso calaveras y cabezas junto a un militar empeñado en rematar a plomo a estas cabezas inertes”.


Esta obra, criticó, ha sido pagada con los aportes de los ciudadanos. “Se usa nuestro esfuerzo, nuestros impuestos para insultarnos”, criticó Daza Quiñónez.


En una carta dirigida al alcalde de Esmeraldas, se le exige su intervención “para que mural blasfemo no se exponga en el edificio municipal de la ciudad de Esmeraldas”.


“No es arte, ni cultura exponer una pintura blasfema que ridiculiza y caricaturiza el fundamento de la Fe cristiana: Cristo”.


En la misiva se le recuerda a Lenin Lara Rivadeneira que “fue elegido por el pueblo esmeraldeño en su mayoría fieles católicos”.


Para firmar la campaña para que el mural blasfemo sea retirado, puede ingresar a: http://www.citizengo.org/es/11077-sr-alcalde-intervenga-para-que-mural-blasfemo-no-se-exponga-esmeraldas


19:25 ,

Seamos claros: Jesús no fundó la Iglesia, Jesús no fundó una religión“. Cuando uno es capaz de soltar una frase como esa, no puede pretender que le tome en serio ningún católico auténtico. No hablo de aquellos que fueron bautizados siendo bebés o niños pequeños, tomaron una vez la comunión y desde entonces poco más se supo de ellos. Ni de los que dicen ser católicos y creen cualquier cosa menos aquello que enseña la Iglesia.


Lo verdaderamente gracioso es que un personaje capaz de decir algo así haya sido sacerdote y jesuita durante gran parte de su vida. Es altamente dudoso que haya llegado a esa conclusión últimamente, lo cual implica que a lo largo de muchos años, era lo suficientemente hipócrita como para participar de algo en lo que no creía.


Pues bien, resulta que el mismo personaje que dice que Cristo no fundó la Iglesia se dedica, pásmense ustedes, a decir lo que la Iglesia tiene que hacer o dejar de hacer. Ole, ole y olé por su coherencia. Empieza por el papado, sigue por los sacramentos y acaba por no se sabe muy bien qué de los derechos de los ciudadanos, que ni comentaré:



En primer lugar, mantener el papado como lo está intentando el Papa Francisco: ser fundamentalmente el obispo de Roma; en segundo lugar, recuperar el gobierno sinodal, con participación de los laicos, que estuvo vigente en la Iglesia durante el primer milenio; en tercer término, renovar y actualizar la praxis de los sacramentos, para que puedan ser practicados como símbolos de la fe; finalmente, la Iglesia tiene que insistir, no sólo en los deberes de los fieles, sino igualmente en los derechos de todos los ciudadanos




No sé qué entenderá este señor por lo de “fundamentalmente el obispo de Roma", pero si algo está quedando claro con el papado de Francisco, por si alguno lo dudaba, es que un Papa no es solo el obispo de una diócesis italiana importante. Todo el mundo está pendiente de lo que dice y hace. Todo el mundo quiere verle. Todo el mundo habla de él. Todo el mundo tiene una opinión sobre él. Y cuando digo todo el mundo, es obvio que no me refiero solo a los católicos.


Decir que los laicos participaban en el gobierno de la Iglesia durante el primer milenio es una falsedad histórica que este señor suelta porque sabe perfectamente que gran parte de su audiencia no se va a tomar la molestia de leer, sin ir más lejos, la eclesiología de San Ignacio de Antioquía, arzobispo que murió mártir a principios del siglo II.


Respecto al gobierno sinodal, vayan ustedes dando por hecho que el papa Francisco va a escuchar a todos pero tomará las decisiones más importantes él solito. Es decir, hará exactamente lo mismo que hizo como arzobispo de Buenos Aires. Y el que lo dude, que pregunte a quienes fueron sus fieles allá. La propia creación del G-8 cardenalicio, ahora G-9, lejos de ser un acto sinodal, es más parecido a la creación de una especie de un mini-senado asesor, paralelo a la Curia, que deja al resto del colegio cardenalicio en una especie de escalafón inferior al que históricamente ha tenido. En todo caso, el dogma católico sobre la autoridad papal es tal, que la sinodalidad alcanzará el grado que cada Papa quiera. No hay sínodo ni concilio alguno que no esté sujeto a la autoridad del Papa. Y eso no va a cambiar jamás.


En cuanto a los sacramentos, es evidente que la visión del que niega que Cristo fundara la Iglesia puede ser adoptada por cualquier protestante, no por el catolicismo. Y querer convertir el catolicismo en protestantismo es una solemne estupidez.


El nombre del incoherente que niega que la existencia de la Iglesia sea voluntad de Dios y al mismo tiempo se pone a decirle lo que tiene que hacer es José María Castillo. Fue jesuita hasta hace unos años y ha participado en el congreso que los dinosaurios progres celebran cada año en Madrid. Este año están muy felices porque un arzobispo franciscano que se aburre como una ostra en su destino norteafricano y quiere hacerse famoso en España como sea, les ha mandado una cartita de apoyo. Ya ven ustedes. Todo un arzobispo -aunque tenga menos fieles que multitud de párrocos- apoyando a la hez de la teología española. Con dicho apoyo logró una fugaz gloria mediática en el panfleto digital donde mora el blasfemo Cortés. Que le cunda.


Luis Fernando Pérez Bustamante




Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.



Fuentes

Existen muchas fuentes que nos han dado a conocer la vida de San Macario el Grande, fundador del gran centro monástico de Sceta (Escete o Skete) en Wadi el Natrun, Egipto. Tales fuentes, que no siempre se complementan unas a otras, han llegado incluso a contradecirse, lo que hace más difícil una exacta reconstrucción de la biografía de este célebre asceta. Muchas veces han existido dificultades para distinguir, cuales se refieren a este San Macario – llamado el Grande o el Egipcio – diferenciándolo de su homónimo San Macario el Alejandrino, contemporáneo suyo, asceta como él, amigo suyo y de San Antonio, etc. Confundirlos era fácil; evitarlo, difícil.


Estas son las fuentes principales que han permitido a los hagiógrafos estudiar a estos dos Santos que llevan el mismo nombre, que fueron contemporáneos y que vivieron en una misma región: “Historia Monachorum in Aegypto” (que es de tradición griega), “Historia Lausiaca” de Paladio de Galacia, “Institutiones coenobiorum” de Juan Casiano, “Collationes” de Juan Casiano, “Historia Ecclesiastica” de Rufino, “Historia Ecclesiastica” de Socrates, “Apophthegmata Patrum” (o Dichos de los Padres del Desierto), etc., o sea, que información hay más que suficiente, aunque a veces, difícil de interpretar.


Vida

El hagiógrafo Jean Claude Guy, es el estudioso más actual de cuantos han escudriñados en este tema de los dos Macarios, y es quién ha hecho pasar por el tamiz de la crítica todos los datos encontrados en las fuentes citadas anteriormente. En base a esto propone las líneas fundamentales de su biografía diciendo que San Macario el Grande nació en el año 300 y murió en el 390, luego toda su vida transcurrió durante el siglo IV. Que fue un camellero que se dedicaba al transporte de salitre, que en el año 329 se retiró a vivir en soledad en un habitáculo en el extrarradio de una localidad egipcia y que después de rechazar ser ordenado como sacerdote, vagó de un lugar a otro siendo calumniado. Finalmente marchó a Sceta y entre el 330 y el 340 visitó a San Antonio el Grande. Que finalmente se ordenó de sacerdote en el año 340, siendo llamado desde entonces padre espiritual de aquella zona del desierto. Que formó un primer grupo de discípulos entre los cuales estaban San Sisoe, San Isaías y San Aïo. Que después del año 356 el grupo de ascetas que habitaban en Sceta era muy numeroso y que al frente del mismo puso a San Sisoe.


Cueva habitada por San Macario.

Cueva habitada por San Macario.



Que formó un segundo grupo de ascetas entre los que estaban San Pafnucio y San Moisés el Negro. Que entre el 373 y el 375, junto con el otro Macario (el Alejandrino), fueron exiliados por Lucio – que era el obispo arriano de Alejandría -, en una isla existente en el Nilo. Que formó un tercer grupo de discípulos con San Zacarías y San Teodoro de Ferme; que en el año 388 hizo su última visita a Nitria y que murió en Sceta en el año 390. Hasta aquí lo que da como cierto el hagiógrafo J.C. Guy. Pero expuesto escuetamente lo afirmado por Guy, que es lo que deberíamos dar por bueno, quiero añadir algunas notas recogidas de algunos libros y webs coptas, que por supuesto, no contradicen a Guy.


Cuando Macario nació “estaban dando los coletazos” las últimas persecuciones contra los cristianos, por lo que quienes querían alcanzar la santidad tenían que remplazar el martirio por el ascetismo y la abnegación de sí mismo, que podríamos decir era como una especie de “martirio voluntario”. Y es por eso, por lo que comienza el éxodo de anacoretas al desierto como muy bien nos lo explicó Dairon en sus artículos sobre el monacato. Egipto era mayoritariamente un país idólatra y supersticioso, y los cristianos que querían alcanzar la perfección, se alejaban de las ciudades para vivir como monjes en zonas apartadas y áridas.


Icono copto de San Antonio. Abajo aparecen San Antonio y San Macario.

Icono copto de San Antonio. Abajo aparecen San Antonio y San Macario.



El fundador del monacato fue San Antonio y el discípulo y continuador de su obra, fue San Macario, que nació en el año 300 en Ptinapor, no muy lejos del desierto de Nitria. Su padre era sacerdote y junto con su madre llevaban una vida justa: curiosamente, se llamaban Abrahán y Sara. Dice una leyenda copta que estando el padre de Macario enfermo, se le apareció en sueños el Patriarca Abrahán, lo sanó y le predijo el nacimiento de su hijo, a quién debía llamar Macario, que significa “bendito”. Cuando Macario creció, por voluntad de sus padres se casó aunque no llegó a hacer vida marital y que muy pronto, murió su esposa. Entonces, en una visión, vio una multitud de monjes vestidos de blanco que lo llamaban. Macario decidió seguirlos y se marchó a un habitáculo cercano a su pueblo donde empezó a vivir de manera ascética. A pesar de que era aun muy joven, el obispo del lugar quiso ordenarlo de sacerdote, pero el solo se ordenó de diácono y se estableció en otro pueblo. Allí fue calumniado por una joven que estaba embarazada y sus padres, junto con otros vecinos del lugar, lo golpearon y le obligaron a trabajar para mantener a su hija. Como el embarazo no cuajó, Macario huyó al desierto de Nitria donde vivió en una cueva, marchando posteriormente al desierto de Parán, donde se encontraba San Antonio el Grande.


San Antonio lo recibió con los brazos abiertos, permitiéndole estar a su lado durante mucho tiempo. Cuando Macario maduró como para llevar una vida independiente, teniendo unos treinta años de edad, fue San Antonio quién lo envió a Sceta. Aquello era un desierto salvaje, sin apenas manantiales de agua potable, pero aun así, Macario se quedó. Tuvo que luchar día y noche contra las tentaciones del demonio, pero siempre logró superarlas. Poco después de instalarse en Sceta, algunos discípulos comenzaron a reunirse en torno a él. Macario los aceptó y les inculcó un modo de vida ascético para que perfeccionaran espiritualmente sus vidas.


Con cuarenta años se ordenó de sacerdote y como el número de monjes crecía, ordenó construir cuatro iglesias (monasterios). Cada iglesia tenía su propio sacerdote y los monjes vivían en celdas separadas. El se marchó a un lugar apartado, más solitario, acompañado solamente por dos discípulos. No dejaba de visitar de vez en cuando a su maestro Antonio, que murió estando junto a él.


Vistas del monasterio de San Macario en el desierto de Sceta.

Vistas del monasterio de San Macario en el desierto de Sceta.



San Sisoes nos cuenta que una vez, un hereje se acercó hasta Sceta predicando la falsedad de la doctrina de la resurrección de los muertos y que esto, comenzó a perturbar la mente de muchos anacoretas. Macario lo rebatió pero algunos monjes comenzaron a flaquear. Macario propuso entonces visitar el cementerio del conjunto monástico y dirigiéndose hacia la tumba de un monje recién fallecido, lo llamó y lo resucitó. Impresionado, el hereje se dio a la fuga.


Como al monasterio acudía una multitud de peregrinos y enfermos, San Macario habilitó una especie de hospedería, a la que iba diariamente para sanar y dar consuelo a los allí acogidos. Solía decir: “Dios no busca ni vírgenes ni mujeres casadas, ni monjes ni laicos, sino a personas libres aceptándolas como son y por su libre voluntad, a cada uno le concede la gracia del Espíritu Santo, para que actúe en él, dirija su vida y lo salve”. Era condescendiente con las debilidades de sus monjes y un padre dispuesto a ayudar a cada uno de ellos: “La pureza de corazón consiste en ver a los hombres tal y como son, tener compasión de ellos y ser misericordioso”.


San Macario, a veces se reunía a orar con su amigo San Macario de Alejandría que era un sacerdote que vivía en un monasterio en el desierto de Cellia, que lindaba con Sceta. En tiempos del emperador Valente – defensor de los arrianos -, fueron perseguidos todos los monjes ortodoxos que defendían el Credo de Nicea. Lucio, que era obispo arriano de Alejandría, trató con crueldad a los monjes del desierto enviándolos al cautiverio. Los dos Macarios fueron exiliados en una isla y ellos aprovecharon el exilio para evangelizar a los isleños. Cuando el obispo Lucio se enteró, temiendo un levantamiento popular, se vio obligado a enviar nuevamente a los monjes a sus monasterios.


Durante sesenta años vivió San Macario en el desierto de Sceta, muriendo a la edad de noventa. Poco antes de su muerte, se le apareció San Antonio diciéndole: “Alégrate, Macario, porque nuestro Señor me ha enviado para anunciarte una muerte gozosa. En el noveno día a partir de hoy, partirás para la vida eterna”. San Macario convocó a sus monjes, les instó a que siguieran perseverantes en el cumplimiento de las reglas y de las tradiciones y colocó a los más santos al frente de cada uno de sus monasterios. A los nueve días, murió. Hasta aquí lo relatado en las biografías escritas sobre el santo, que como podemos comprobar, coincide en todo lo esencial con lo afirmado por Jean Claude Guy, aunque se añaden algunas tradiciones o leyendas sobre milagros obrados por el santo.


Reliquias del Santo en su monasterio.

Reliquias del Santo en su monasterio.



Su culto

San Macario el Grande es venerado por toda la Iglesia Universal. Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el día 19 de enero (la misma fecha en la que conmemoran a San Macario el Alejandrino). En esta misma fecha se encuentra en los calendarios georgianos y sirios, aunque en estos últimos, es también conmemorado los días 23 y 24 de marzo. El Sinaxario Alejandrino lo cita numerosas veces, pero particularmente, el 9 de marzo, junto con el otro Macario. El 12 de agosto, conmemora el traslado de sus reliquias a su monasterio de Sceta, ya que según una tradición, estas habían sido robadas previamente por los habitantes de su localidad natal.


Durante la dominación musulmana, las reliquias fueron trasladadas en más de una ocasión a fin de evitar profanaciones, pero finalmente, volvieron a su monasterio, aunque la ciudad italiana de Amalfi afirma poseer parte de ellas. Para comprender el culto que San Macario recibe por parte de la Iglesia Copta, baste recordar el importante rol que ocupa su monasterio en la historia del monacato egipcio.


En Occidente fue Adón quién primero lo introdujo en su Martirologio, colocándolo el día 15 de enero: “Beati Macharii abatís, discipuli beati Antonii, vita et miraculis celeberrimi”. Usuardo lo incluyó en el suyo pero añadiendo la localidad: “in Aegypto” a fin de distinguirlo de Macario el Alejandrino, que en Occidente era celebrado el día 2 de enero. Bajo esta fórmula completa, el cardenal Baronio lo incluyó en el Martirologio Romano.


Reliquias del Santo en su monasterio.

Reliquias del Santo en su monasterio.



Apolytikion en el primer tono:

“Fuiste un ciudadano del desierto, un ángel en la carne y un taumaturgo, ¡oh santo padre Macario! Mediante el ayuno, la vigilia y la oración obtuviste los dones celestiales, curaste a los enfermos y a quienes recurrían con fe a ti. ¡Gloria al que te ha dado la fuerza! ¡Gloria al que te ha coronado! ¡Gloria a quién obra curaciones a través de ti!”


Videos sobre su monasterio


Antonio Barrero


Bibliografía:

- BUDGE, E.A.W., “The book of the Saints of the Ethiopian Church”, Cambridge, 1928

- EVELYN, H.G., “The monasterios of the Wâdi’n Natrún”, New York, 1933.

- VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.



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